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¿Te encanta el sabor del café o te pierdes por un dulce? La genética influye en el sentido del gusto

Las personas, por lo general, tienden a comer lo que más les gusta. Pero, hay personas golosas que adoran el dulce y otras que aprecian mucho el sabor amargo de alimentos como el café o la cerveza, y eso, según un estudio, podría estar ligado a los genes.

Un estudio publicado en la revista Human Molecular Genetics, apunta a que la clave no está tanto en el propio sabor de los alimentos y bebidas, sino en cómo nos hacen sentir al ingerirlos.

Son las conclusiones de un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Northwestern (Evanston y Chicago, Illinois, EEUU), liderados por Marilyn Cornelis, cuyos trabajos recientes se han centrado en comprender cómo ciertas variaciones en nuestros genes podrían afectar a nuestro sentido del gusto y, por tanto, modificar nuestros hábitos de alimentación.

Hace tiempo que se conoce la influencia que tienen los genes en la forma en que comemos y bebemos, pues afectan directamente a la percepción de los sabores. Es el sentido del gusto el que da forma a nuestra dieta, empujándonos a comer y beber aquello que más nos gusta, que más placer nos produce.

Rechazo inicial a lo amargo y ácido

En teoría, el cerebro nos prepara para rechazar alimentos que podrían ser potencialmente peligrosos, como los sabores muy amargos y agrios, ligados a sustancias venenosas o tóxicas. Los primeros humanos rechazaban alimentos cítricos como las naranjas y limones por su saber ácido que les hacía sospechar que podrían ser venenosos. Estos mismos antepasados, prefería los sabores dulces, los alimentos ricos en azúcares y grasas, ya que aportaban nutrientes y energía esenciales para la supervivencia.

A raíz de estas conclusiones se puede ligar a que los niños rechazan de primeras los sabores fuertes de algunas verduras pero aprecien mucho los sabores dulces y enérgicos.

© Andrés Nieto Porras

Las bebidas amargas nos hacen sentir bien

Un estudio previo desarrollado también por los investigadores de Northwestern parecía confirmar algo a lo que apuntan cada vez más estudios: determinadas variaciones genéticas nos hacen más o menos sensibles a ciertos sabores.

Así, las personas con una mayor sensibilidad a percibir el sabor amargo del café tenderían precisamente a consumir estas bebidas en mayor cantidad. ¿Y no debería ser al contrario? No, porque el cerebro recibe como placenteros estos sabores no tanto por el gusto en sí mismo, sino porque el café, el té o la cerveza nos hacen sentir bien, pues actúan como una recompensa mental.

Sensación placentera

Según Cornelis, la genética que subyace en nuestras preferencias está relacionada con los componentes psicoactivos de las bebidas amargas o dulces. Ciertas variaciones en nuestros genes nos empujar a consumir bebidas o alimentos más amargos o más dulces, porque el cerebro responde con una sensación placentera. En su trabajo anterior ya se apuntaba a que el gusto por el sabor amargo del café podría estar vinculado al refuerzo positivo que sabemos tiene la cafeína.

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