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Un colectivo de colmenareños defiende la actual Plaza de Toros frente a la modernización del nuevo proyecto

Un grupo de ciudadanos colmenareños se ha unido para defender la Plaza de Toros de Colmenar Viejo frente al proyecto de demolición de la actual plaza y construcción de un espacio multiusos presentado por el Partido Popular durante la campaña electoral, con un presupuesto de unos 15 millones de euros.

plaza de toros

El Colectivo Ciudadano por la Defensa de la Plaza de Toros ha hecho público un comunicado en el que enumeran las razones por las que se opone a este proyecto que, tras la celebración de las elecciones, el nuevo gobierno municipal compuesto por PP y Ciudadanos, ha puesto en marcha al incluir en el Presupuesto Municipal una partida de 500.000 euros para la confección del proyecto de demolición.

Las razones, divididas en distintas categorías son las siguientes, tal y como aparecen en el comunicado:

Razones Patrimoniales e Históricas

Colmenar Viejo es un municipio de amplia tradición ganadera de reses bravas y como tal, desde tiempos inmemoriales mantenía la costumbre, en determinadas fechas, de correr vacas y toros en su Plaza Mayor.

En la última década del siglo XIX un grupo de colmenareños con inquietudes por modernizar su municipio, pensaron que no se debían seguir dando los festejos en aquellas condiciones por lo que se propusieron construir una plaza de toros de fábrica a las afuera de la población.

La prensa madrileña de la época publicó el siguiente comentario: “En Colmenar Viejo se va a construir una plaza de toros, a cuyo efecto hay ya suscritas más de 200 acciones de 1.000 reales. La iniciativa de éstas y otras muchas obras que van a verificarse en el referido pueblo, débese al Señor don Luis Gutiérrez, cuya actividad no conoce límites cuando trata de hacer mejoras en ese pueblo”.

plaza de toros

Esa sociedad fue la encargada de la construcción de la Plaza de Toros, aunque la tradición oral popular dice que, también, hubo una participación directa de los vecinos aportando, desinteresadamente, materiales y mano de obra.

El aspecto del edificio original no se modificó hasta el año 1959, que por la necesidad de aumentar el aforo de espectadores se amplió el graderío de los tendidos 1 y 6, lo que modificó parte de su aspecto exterior y su fachada principal.

Y nuevamente, la necesidad de acoger más espectadores, además de la de dar solución a fallos estructurales ocasionados en los graderíos construidos en la anterior remodelación, llevó a la realización de un nuevo edificio; pero con el compromiso de respetar el cierre perimetral de cal y canto, barrera y contrabarrera y ruedo de la plaza de 1891. Por lo que consideramos, que está afectado Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español, en cuanto a lo que determina su conservación.

A lo largo de la historia de la localidad el edificio de la Plaza de Toros ha sido un referente de los diversos acontecimientos lúdicos que ha celebrado el municipio, no solamente durante los festejos taurinos de las Fiestas Patronales, que cuando han estado bien gestionados bien por la Corporación Municipal, bien por la empresa adjudicataria de estos eventos, han congregado a un gran número de personas y han atraído miles de personas de municipios limítrofes, siendo un referente en el mundo taurino.

Estas circunstancias hacen de este edificio, con 128 años, uno de los más antiguos de los de carácter civil de la localidad, por lo que las autoridades locales tienen una irrenunciable obligación de conservar, como respetuosamente se hizo cuando se remodelo el actual edificio.

Razones Económicas

De la importancia que supuso aquella remodelación, que es la que aún tenemos y que el Gobierno Municipal actual pretende derribar, en el año 1988 Juan Pedro Domecq Solís, que era presidente de la Unión de Criadores de Toros de Lidia, en un telegrama de felicitación que mandó al alcalde decía: “la remodelación y ampliación de la plaza [de toros] ayudará a mantener el prestigio de Colmenar Viejo como una de las ciudades más taurinas del mundo”.

plaza de toros

El derribo de este edificio singular supone un gran despilfarro económico, pues solamente la partida destinada y aprobada para el proyecto de demolición supone la cifra nada despreciable de 500.000 €.

Y Eso sin hablar de la siguiente pretendida actuación de construir un espacio multiuso, del que ya se anuncia que su importe ascenderá a QUINCE MILLONES DE EUROS, cuando todo el mundo sabe y principalmente los profesionales de la arquitectura, que una remodelación del existente, si es que la verdadera pretensión fuese darle un mayor y continuado uso, resultaría mucho más barata, pudiéndose estimar como un importe razonable para ello menos de la mitad de la astronómica cifra indicada.

Las razones de un mayor aprovechamiento de un edificio nos parece, tanto en su aspecto económico como social, como una de las máximas a las que debe aspirar una sociedad moderna bien planificada y gestionada, pero el que alguno de ellos, se queden sin actividad durante determinados periodos del año, no invalida su utilidad, ni a nadie se le ocurre derribarles y hacer en su lugar otros aprovechables durante todos los días del año.

Tampoco el derroche fue nunca una máxima de buen gobierno, y si lo que se pretende hacer se puede llevar a cabo con una reforma, lo que nos podría muy cerca el supuesto objetivo de dotar de mayor utilidad al edificio, además de ser más rápido y menos costosa, ¿por qué el derribo y aniquilación sin tener en cuenta lo que fue y cueste lo que cueste? Y nos tememos que como siempre los paganos seremos todos los vecinos con nuestros impuestos.

Razones Arquitectónicas

El edificio de la Plaza de Toros, obra del arquitecto Ricardo Aroca, responde a unos requerimientos que, según su autor, fueron la base de partida de aquél proyecto, que por una parte debía conservarse la parte esencial de la plaza antigua y por otra debía hacerse una plaza con capacidad para 10.000 espectadores con el menor coste posible.
La remodelación se llevó a cabo en dos fases, la primera en el año 1989 con un presupuesto de 147.436.140 pesetas, y la segunda, en el año 1990 con un presupuesto de 86.836.600 pesetas, todo ello con el fin de no interrumpir la celebración de los festejos de las ferias locales,

Y efectivamente el edificio responde a lo requerido, habiéndose conseguido una estructura sólida, y útil, que a su vez es la propia arquitectura, y que como si de un gran recipiente se tratara, tiene los elementos mínimos e imprescindibles para su uso, los soportes metálicos, las cerchas de apoyo y los paneles prefabricados que a su vez son los graderíos donde se sienta el público, sin ninguna concesión ornamental innecesaria más que la portada principal, por otra parte bastante simple y correcta.

Se conservó asimismo la parte de la plaza antigua correspondiente al ruedo y los asientos de barrera y contrabarrera, como elemento invariante que respondía a un criterio de mantenimiento de la memoria histórica del edificio.

Desde un punto de vista formal, el volumen consecuente resulta proporcionado y de gran ligereza, que como cualquier otro edificio -pues para gustos hay colores- podrá gustar a unos más y a otros menos pero en ningún caso puede negarse que actualmente forma parte del paisaje urbano y del perfil que se percibe desde varios puntos cuando se accede a Colmenar, contrarrestando su horizontalidad con la verticalidad de la torre de la iglesia sin menoscabo de la imagen del conjunto.

Nos encontramos actualmente con un edificio que, si bien adolece de un escaso mantenimiento, pues los responsable municipales nunca le prestaron la atención debida, ha dado respuesta adecuadamente al uso que se pretendía inicialmente, y adaptándose a otras actividades que se han ido añadiendo posteriormente.

Estamos de acuerdo de que los nuevos tiempos requieren que este tipo de recintos puedan y deban utilizarse de una forma más racional que el uso exclusivamente taurino y por tanto se adapten a esos nuevos y posibles usos.

Así podría, aprovechando la estructura existente debidamente adaptada, utilizarse el volumen exterior en varios niveles, para albergar talleres, aulas, oficina o espacios comerciales, así como el museo taurino como existe en otras plazas de toros, con un coste considerablemente inferior a lo que su demolición y un nuevo edificio supondría.

El edificio de la plaza de toros está en buen uso, su estructura está en buen estado de modo que perfectamente puede dar respuesta a una remodelación que los nuevos usos requieran, sin que sea preciso demolerla, lo que a todas luces es totalmente innecesario, antieconómico e irrespetuoso con la tradición y la historia de esta plaza.

Cuando uno observa el edificio puede pensarse que cumplió correctamente ese primer objetivo de albergar el coso taurino, mantener el ruedo histórico con un coste mínimo y que está esperando esa adaptación a los nuevos tiempos, como una segunda fase de su vida, sin acabar con un golpe de máquina con todo su valor tanto económico como histórico.

Por nuestra parte y ratificándonos en la idea que lo mejor y más barato sería una adecuada remodelación del actual edificio y su entorno, consideramos que todo ello debería ser objeto de un concurso de proyectos, a ser posible, con la intervención del COAM.

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