El crecimiento de los centros de datos en España abre un nuevo debate sobre su impacto ambiental. SEO/BirdLife advierte de que estas infraestructuras, esenciales para el desarrollo de la economía digital y la inteligencia artificial, consumen grandes cantidades de suelo, energía y agua. La organización reclama una planificación territorial que evite daños sobre la biodiversidad y garantice un uso sostenible de los recursos naturales.
La cara menos visible de la transformación digital
La expansión de la inteligencia artificial, los servicios en la nube y la digitalización de empresas y administraciones está impulsando una auténtica carrera por construir centros de datos en distintos puntos de España. Sin embargo, mientras el usuario solo percibe la comodidad de acceder a información o almacenar archivos en internet, detrás de esa aparente «nube» existen enormes complejos industriales cuya huella física resulta mucho más importante de lo que suele imaginarse.
Con motivo de la proliferación de estos proyectos, SEO/BirdLife ha lanzado un aviso sobre la necesidad de incorporar criterios ambientales desde las primeras fases de planificación. La organización considera que el desarrollo tecnológico debe ser compatible con la conservación del territorio y recuerda que los recursos naturales sobre los que se sustentan estas infraestructuras no son ilimitados.

Dos proyectos en Castilla-La Mancha reavivan el debate
La advertencia llega después de que, durante el último mes, se hayan sometido a consultas ambientales dos grandes proyectos de centros de datos en Castilla-La Mancha.
Uno de ellos está previsto en Vianos (Albacete), junto a la Zona Especial de Conservación (ZEC) Sierra del Relumbrar y estribaciones de Alcaraz y muy próximo al Área Importante para la Conservación de las Aves y la Biodiversidad (IBA) Campo de Montiel.
El segundo proyecto se plantea en Malpica (Toledo), en las inmediaciones de la IBA Llanos de Tembleque-La Guardia y cerca de la Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) Área Esteparia de la Mancha Norte.
Para la organización conservacionista, ambos ejemplos reflejan la importancia de valorar cuidadosamente la ubicación de estas instalaciones antes de autorizar su construcción, especialmente cuando afectan al entorno de espacios de elevado interés ecológico.
Instalaciones de dimensiones extraordinarias
Las cifras previstas permiten comprender la magnitud de este tipo de infraestructuras.
Cada uno de los proyectos contempla la construcción de dos edificios que, en conjunto, rondan los 300.000 metros cuadrados, una superficie equivalente a varias decenas de campos de fútbol. A ello se suma una potencia tecnológica de 300 megavatios (MW) y un funcionamiento permanente durante las veinticuatro horas del día, todos los días del año.
Estas características convierten a los centros de datos en instalaciones con una elevada demanda energética y una actividad continua que exige un suministro eléctrico estable e ininterrumpido.
Un elevado consumo energético con importantes infraestructuras asociadas
El funcionamiento de un centro de datos depende de un suministro eléctrico constante. En los dos proyectos analizados, la propuesta pasa por construir una planta propia de generación mediante ocho turbinas alimentadas con gas natural, capaces de producir cerca de 500 MW.
En la práctica, esto supone que junto a cada complejo tecnológico se proyecta una instalación energética comparable, por potencia, a una gran central eléctrica.
Otros proyectos optan por conectarse directamente a la red eléctrica general. Sin embargo, SEO/BirdLife recuerda que esa electricidad también necesita ser generada previamente.
Cuando el suministro procede de energías renovables, implica la construcción de parques eólicos, plantas fotovoltaicas, subestaciones y nuevas líneas eléctricas, infraestructuras que también ocupan espacio y cuya ubicación puede generar afecciones sobre especies protegidas y hábitats de interés si no existe una adecuada planificación.
Por ello, la organización considera que la transición digital y la transición energética deben analizarse conjuntamente, ya que ambas transformaciones comparten el mismo territorio y compiten por recursos limitados.
El agua, otro recurso cada vez más estratégico
Además de electricidad, los centros de datos requieren importantes cantidades de agua para mantener refrigerados los equipos informáticos que albergan.
Aunque la industria está incorporando sistemas de refrigeración más eficientes y tecnologías que reducen el consumo hídrico, SEO/BirdLife considera imprescindible conocer con precisión cuál será la demanda real de cada instalación, cuál será el origen del agua utilizada y si ese consumo resulta compatible con la disponibilidad existente en la zona.
La organización recuerda que España afronta episodios de sequía cada vez más frecuentes, una circunstancia que incrementa la presión sobre acuíferos, embalses y otros recursos hídricos. En este contexto, cualquier nuevo proyecto debe valorar cuidadosamente sus necesidades para evitar conflictos con otros usos del agua.
Una evaluación ambiental que vaya más allá del edificio
Desde el punto de vista ambiental, el impacto de un centro de datos no termina en la parcela donde se levanta el edificio.
Su actividad implica durante décadas un consumo constante de electricidad, agua y combustibles, además de requerir una compleja red de infraestructuras energéticas y de transporte asociadas.
Por ello, SEO/BirdLife defiende que las evaluaciones ambientales no deben limitarse exclusivamente al terreno ocupado por las instalaciones, sino que deben estudiar el conjunto del sistema que permite su funcionamiento, incluyendo las infraestructuras auxiliares y los efectos acumulativos que puedan producirse cuando varios proyectos coinciden en un mismo territorio.
Biodiversidad y capacidad del territorio
Para Begoña Valero, técnica del Área de Gobernanza de SEO/BirdLife, la expansión de estas infraestructuras debe adaptarse a la capacidad real de cada zona.
La especialista subraya que no todos los territorios pueden asumir un crecimiento ilimitado de centros de datos, ya que detrás de los servicios digitales existen recursos físicos con límites muy concretos.
En este sentido, considera imprescindible analizar previamente la disponibilidad de suelo, agua y energía antes de decidir la implantación de nuevos complejos tecnológicos, evitando especialmente aquellos emplazamientos próximos a espacios naturales de alto valor ecológico.
Una planificación para compatibilizar tecnología y conservación
La organización conservacionista insiste en que no cuestiona el desarrollo de la economía digital, sino la necesidad de planificarlo adecuadamente.
Entre sus principales propuestas figura la elaboración de una planificación territorial específica que identifique las zonas más apropiadas para este tipo de instalaciones y descarte aquellas donde puedan producirse afecciones relevantes sobre la biodiversidad o donde los recursos naturales ya se encuentren sometidos a una elevada presión.
Asimismo, reclama que los procedimientos de evaluación ambiental estudien con detalle aspectos como las alternativas de ubicación, el origen del agua, las necesidades energéticas, el modelo de abastecimiento eléctrico y los efectos acumulativos y sinérgicos derivados del crecimiento simultáneo de varios centros de datos.
Para SEO/BirdLife, el desafío consiste en encontrar un equilibrio entre el avance tecnológico y la protección del patrimonio natural, garantizando que la transformación digital no genere impactos irreversibles sobre el territorio.
El reto de hacer compatible la revolución digital con los límites del medio natural
La creciente demanda de servicios digitales hace prever que el número de centros de datos seguirá aumentando durante los próximos años. Precisamente por ello, organizaciones ambientales consideran que las decisiones sobre su ubicación no pueden adoptarse únicamente en función de criterios técnicos o económicos.
La cuestión de fondo es si España será capaz de combinar el desarrollo de las infraestructuras digitales con una gestión responsable del agua, la energía y la biodiversidad. Una planificación rigurosa, basada en criterios ambientales desde el inicio de cada proyecto, aparece como una de las claves para evitar que el progreso tecnológico termine generando nuevos conflictos sobre el territorio.








