El 56% de los adultos en España no descansa las horas necesarias y más de cuatro millones padecen algún trastorno del sueño crónico. Este viernes 13 de marzo se celebra el Día Mundial del Sueño bajo el lema «Duerme bien, vive mejor», una fecha que la Sociedad Española de Neurología aprovecha para advertir de las graves consecuencias que tiene ignorar este problema.
Dormir mal no es solo cuestión de sentirse cansado al día siguiente. Según los datos de la Encuesta poblacional sobre hábitos cerebro-saludables de la población española, elaborada por la Sociedad Española de Neurología (SEN), el 56% de los adultos españoles no duerme las horas recomendadas, y aproximadamente el 50% asegura que su descanso no es reparador. Las mujeres son quienes con mayor frecuencia perciben que su sueño no les deja recuperadas.
La situación entre los más jóvenes tampoco es alentadora. La SEN calcula que uno de cada cuatro niños no tiene un sueño de calidad, y que solo el 30% de los mayores de 11 años duerme las horas que necesita. A esto se suma que más del 60% de los jóvenes en España reconoce sacrificar horas de sueño para dedicarlas al ocio u otras actividades.
Qué pasa en el cuerpo cuando se duerme mal de forma continuada
Las consecuencias de no descansar bien van mucho más allá del mal humor o el cansancio. A corto plazo, la falta de sueño se traduce en problemas de atención, menor rendimiento, irritabilidad y mayor riesgo de accidentes. De hecho, se estima que alrededor del 30% de los accidentes de tráfico en España están relacionados con la somnolencia al volante.
Pero cuando el problema se cronifica, los efectos sobre la salud son más profundos. La evidencia científica vincula el déficit crónico de sueño con un mayor riesgo de obesidad, diabetes, hipertensión, alteraciones del colesterol y los triglicéridos, enfermedades cardiovasculares como el ictus o el infarto, y patologías neurodegenerativas como el alzhéimer. También se ha asociado con una mayor incidencia de depresión y con ciertos tipos de cáncer, como los de colon, mama o próstata.
La Dra. Celia García Malo, coordinadora del Grupo de Estudio del Sueño de la SEN, es clara al respecto: «Perpetuar los trastornos sin actuar para resolverlos nos hace tener más riesgo de padecer enfermedades y de fallecer por distintas causas. Por el contrario, sabemos que los trastornos del sueño tienen tratamiento, y en muchas ocasiones incluso curativo, pudiendo revertir la situación y eliminando su impacto en nuestra salud».

Cómo saber si realmente se descansa bien
No se trata solo de contar horas. Según la especialista, la verdadera señal de un buen descanso es cómo uno se siente al levantarse: «Si nos levantamos con sensación de descanso, energía y bienestar suficientes para afrontar el día, es señal de que el sueño ha sido adecuado y de calidad. Dormir pero no lograr descansar no es normal».
Un sueño de calidad es aquel continuo o con pocas interrupciones, que permite completar varios ciclos a lo largo de la noche. Para favorecerlo, los expertos recomiendan mantener horarios regulares, recibir luz solar durante el día, hacer ejercicio y, en las horas previas a acostarse, reducir la luminosidad y favorecer la relajación. «Cuando dormimos menos de lo necesario, cambiamos constantemente los horarios o nos despertamos repetidas veces durante la noche, el organismo no completa adecuadamente los ciclos de sueño y, en consecuencia, el descanso no es de calidad», añade la Dra. García Malo.
El estilo de vida actual, principal enemigo del descanso
Detrás de muchos casos de mal sueño hay hábitos cotidianos que lo sabotean sin que la persona sea del todo consciente. El sedentarismo, el estrés, el consumo de alcohol o tabaco, las cenas copiosas, los dormitorios ruidosos o el uso de pantallas antes de dormir son factores que deterioran la calidad del descanso. A ello se suma la presión de una sociedad que exige llegar a todo, lo que lleva a muchas personas a recortar horas de sueño de forma habitual.
Más de cuatro millones con trastornos graves del sueño
La SEN estima que más de cuatro millones de personas en España sufren algún trastorno del sueño crónico y grave. Entre los más frecuentes se encuentran el insomnio, la apnea obstructiva del sueño, el síndrome de piernas inquietas, las alteraciones del ritmo circadiano, la narcolepsia y diversas parasomnias. Aunque pueden afectar a cualquier edad, son especialmente prevalentes en adolescentes, mujeres y personas mayores. De hecho, más del 50% de los mayores de 65 años presenta algún trastorno del sueño.
A pesar de estas cifras, la realidad es que solo alrededor del 10% de los casos de algunas de estas patologías está correctamente diagnosticado, y menos de un tercio de quienes las padecen pide ayuda a un profesional.
Higiene del sueño no es lo mismo que tratamiento médico
Uno de los mensajes que la SEN quiere trasladar con motivo de este Día Mundial del Sueño es que aplicar consejos de higiene del sueño no equivale a tratar un trastorno. Mantener horarios, evitar pantallas o limitar el café son medidas preventivas útiles, pero insuficientes cuando el problema ya está instalado.
«Las pautas de higiene del sueño son consejos genéricos que pueden ser útiles como medida preventiva. En cambio, cuando la persona padece un trastorno de sueño, basarse solo en higiene del sueño no solo puede no resolver el problema, sino que en ciertas personas puede provocar más cronificación y más ansiedad», advierte la Dra. García Malo.
Cuando existe un trastorno como el insomnio crónico, el tratamiento de primera línea recomendado es la terapia cognitivo-conductual (TCC), una intervención psicológica que trabaja los pensamientos y comportamientos vinculados al problema del sueño. En algunos casos puede complementarse con tratamiento farmacológico bajo supervisión médica. La automedicación, incluidos los productos vendidos sin receta, puede retrasar el diagnóstico y agravar el problema.
Una llamada a tomarse el sueño en serio
La SEN insiste en que los trastornos del sueño merecen la misma atención que cualquier otra enfermedad y que es fundamental consultar con un profesional en lugar de intentar resolverlos por cuenta propia. «Cada vez más sociedades científicas en nuestro país alzamos la voz para mejorar estos aspectos y poder tener un plan de acción global contra los problemas de sueño», concluye la Dra. García Malo.










