Manzanares El Real se prepara para recibir la undécima edición de un festival que convierte la palabra en el motor de la Sierra de Madrid. Del 17 al 19 de abril, la narración oral tomará las calles y centros culturales, uniendo a vecinos y visitantes en una experiencia que trasciende el papel.
¿Por qué sigue cautivando la palabra viva en plena era digital?
En un mundo saturado de pantallas y estímulos visuales inmediatos, la localidad madrileña de Manzanares El Real propone un retorno a lo esencial. Bajo el lema “Manzanares El Real… un lugar de cuento”, el XI Festival Cuentos de La Pedriza 2026 no es solo una cita para el público infantil; es una reivindicación de la memoria colectiva y la escucha activa. La Sala El Rodaje y la Biblioteca Municipal Concha Méndez se erigen como los templos de esta edición, marcando el compás de lo que será el inicio de la Semana del Libro.
Esta cita cultural, ya consolidada en el calendario de la región, plantea una cuestión de fondo: ¿qué nos lleva a reunirnos para escuchar historias que ya conocemos o que nacen en el momento? Quizás la respuesta resida en esa necesidad humana de conectar con el otro a través del ritmo de la voz y el silencio compartido, un ejercicio de pausa necesario en el vertiginoso ritmo de vida actual.
¿Quiénes son los verdaderos guardianes de la narración local?
El festival arranca con un fuerte componente comunitario. La inauguración, prevista para el viernes 17 de abril, no recae en grandes estrellas externas, sino en el Grupo Cuentista Manzacuentos. Este colectivo, integrado por padres y madres voluntarios, representa el corazón del municipio. Su labor altruista cada viernes en la biblioteca local no solo fomenta la lectura, sino que construye tejido social. Con su propuesta “Equipaje de cuentos: historias que acompañan”, invitan a los asistentes a partir de los 3 años a una inmersión emocional.
La importancia de estos voluntarios radica en la sostenibilidad de la cultura de base. ¿Podría existir un festival de este calado sin la implicación directa de quienes viven el pueblo a diario? La presencia de Manzacuentos en la Sala El Rodaje subraya que la cultura no es algo que se consume, sino algo que se construye entre todos. Su mensaje es directo: «Prepara tu equipaje… ¡y déjate llevar por los cuentos!».

¿Se puede encontrar la paz a través de un relato para adultos?
A menudo cometemos el error de confinar el cuento al dormitorio infantil. Sin embargo, la noche del viernes está reservada para las «orejas adultas». Yoana Siri, narradora profesional y actriz con una trayectoria que se remonta a 2006, presenta “Tengamos el cuento en Paz”. En un contexto global a menudo convulso, Siri propone la palabra como un espacio de resistencia y reflexión.
Según la sinopsis de su espectáculo, se trata de una «Sesión de cuentos para orejas adultas donde la palabra se convierte en refugio y en espejo del que aprendemos. Cuentos de tradición oral y alguno vivencial, que ponen el foco en la paz. Reflexionemos sobre la misma, practiquémosla, elijámosla… Si la paz está en nuestras manos, pongámosla en el centro del cuento». Esta propuesta invita al público de entre 40 y 65 años a redescubrir el valor de la tradición oral como herramienta de autoconocimiento y análisis social, alejándose del mero entretenimiento superficial.
¿Cómo suena una partitura que se ha perdido entre las calles?
El sábado 18 de abril la narrativa se desborda y sale a las calles de Manzanares. La Banda Municipal de Música protagoniza uno de los momentos más innovadores del festival con “La partitura perdida”. No es un concierto convencional, sino un cuentacuentos musical familiar que arranca en la Biblioteca Municipal Concha Méndez. A través de un pasacalles, la música guía a los participantes hacia la Sala El Rodaje, convirtiendo el desplazamiento urbano en parte de la propia historia.
Este formato híbrido busca romper la cuarta pared y hacer que el espectador se sienta parte de la aventura. La búsqueda de esa partitura perdida sirve de metáfora para la búsqueda de nuestra propia identidad cultural. ¿Es la música un lenguaje más eficaz que la palabra para transmitir emociones? En este espectáculo, ambas disciplinas se funden para demostrar que el arte, cuando es pedagógico y cercano, logra una impronta mucho más profunda en la memoria del espectador.
¿Es la sencillez el recurso más potente del narrador?
Por la tarde, el protagonismo recae en Demetrio Aldeguer, un maestro cuya filosofía de narración se aleja de los artificios modernos. Con “El tragaldabas y otros cuentos”, Aldeguer apuesta por la honestidad del relato. Su experiencia como docente en diversos países le ha dotado de una capacidad única para conectar con el público infantil a través de rimas, retahílas e improvisación.
Su enfoque es casi artesanal: «Cuentos contados con la voz, con las manos y con el corazón, de forma clara, sencilla, educativa y divertida; sin grandes artificios ni fuegos artificiales. Cada sesión es única y diferente, sincera, cercana y natural». En un mundo donde la tecnología parece dominar la educación, figuras como la de Aldeguer nos recuerdan que un buen álbum ilustrado o una marioneta, manejados con pasión, pueden ser más potentes que cualquier aplicación móvil. Cabe preguntarse si las instituciones educativas están dando suficiente espacio a estos recursos orales tradicionales en sus planes de estudio.
¿Cómo se construye un universo mágico para quienes aún no hablan?
El cierre del festival, el domingo 19 de abril, pone el foco en los más pequeños: bebés de entre 9 y 36 meses. CuentaCris llega con “Los colores del mundo”, una propuesta de estimulación sensorial en la Biblioteca Concha Méndez. La figura del juglar se actualiza en esta artista que utiliza objetos que cobran vida y «cachivaches sonoros» para tejer un ambiente donde el bebé no es un espectador pasivo, sino un participante del descubrimiento.
La descripción de su trabajo evoca una atmósfera de ensueño: «CuentaCris es una juglar que viene con su maleta cargada de sorpresas, objetos que cobran vida, instrumentos musicales y cachivaches sonoros, pequeños tesoros de aquí y allá que ha ido recogiendo en sus viajes. Cuentos que viven, respiran, vuelan, cantan y bailan». Es en esta etapa temprana donde se siembra la semilla del futuro lector y del futuro ciudadano crítico. Sin embargo, el aforo limitado para estas sesiones recuerda la fragilidad de estos espacios y la necesidad de seguir apostando por políticas culturales inclusivas desde la cuna.
¿Basta con tres días de cuentos para fomentar la lectura?
El XI Festival Cuentos de La Pedriza termina dejando una estela de historias en el aire de Manzanares El Real. Sin duda, el evento es un éxito de participación y una muestra del vigor cultural de la Sierra de Madrid. Pero tras los aplausos, surge la reflexión necesaria: ¿es suficiente un festival anual para contrarrestar la pérdida de hábitos de lectura profunda? Aunque estas iniciativas son vitales para dinamizar los municipios y dar visibilidad a los profesionales de la narración, el verdadero reto reside en la constancia.
La labor de grupos como Manzacuentos durante todo el año es, quizás, la pieza más importante del puzzle. El festival funciona como un gran escaparate, un recordatorio de que las historias están ahí, esperando a ser contadas, pero la responsabilidad de mantener viva la llama de la curiosidad y la palabra recae en la cotidianidad de los hogares y las bibliotecas. Manzanares ha demostrado ser un lugar de cuento; ahora queda en manos de sus ciudadanos que esa narrativa no se detenga cuando se cierren las puertas de la Sala El Rodaje.









