La novena edición del Índice de Libertad Económica de las Ciudades Españoles sitúa a Castellón en lo más alto con 75,50 puntos. Madrid logra por fin salir del suspenso, mientras Barcelona y Valencia siguen ancladas en la zona de riesgo. ¿Qué hacen bien los ayuntamientos que suben y qué falla en los que se hunden?
¿Qué mide exactamente este índice?
Cada año, la Fundación para el Avance de la Libertad publica el Índice de Libertad Económica de las Ciudades Españolas (ILECE), una herramienta que desde 2018 analiza las cincuenta ciudades más pobladas del país. No se trata de una opinión subjetiva: el informe se construye a partir de quince indicadores concretos agrupados en cuatro áreas. Mide desde el coste del ayuntamiento por habitante y el endeudamiento municipal hasta la morosidad, la capacidad de atraer empresas, el número de empleados públicos, la voracidad sancionadora o el peso de impuestos como el IBI, el IVTM, el IAE y el ICIO. También valora si el consistorio externaliza servicios, si mantiene participaciones en empresas municipales y cuánto cuesta aparcar en zona azul. En resumen: cuánto pesa el ayuntamiento en el bolsillo y en la actividad diaria de vecinos y empresas.
El podio: Castellón, Alicante y Badajoz
Castellón ha dado el campanazo. Con 75,50 puntos sobre cien, la ciudad del Grau se ha colocado por primera vez en el primer puesto del ILECE 2026. No es una sorpresa aislada: llevaba seis años sin salir del top 5, fue tercera en 2025 y segunda en 2024. Su ascenso este año ha sido tan pronunciado que ha superado a dos rivales de peso.
El segundo escalón es para Alicante, que suma 73,03 puntos. Es una plaza que conoce bien lo más alto: desde que arrancó el índice en 2018, ha sido primera en cinco ocasiones y segunda en otras cuatro, incluida la actual. Perder el liderazgo no le resta solidez a una trayectoria envidiable.
El tercer puesto lo ocupa Badajoz, con 70,21 puntos. La ciudad extremeña ya fue líder en 2025 y, aunque este año ha mejorado más de un punto, el empuje de Castellón y Alicante la ha relegado al bronce. Su curva, no obstante, sigue siendo una de las más positivas de todo el ranking.
Madrid aprueba por primera vez: ¿un punto de inflexión?
Durante ocho ediciones consecutivas, la capital de España ha navegado en la zona de suspenso. Este año, por fin, Madrid ha roto la maldición y ha alcanzado los 51,08 puntos, lo que le vale el puesto 35 y su primer aprobado en la historia del índice. La cifra no es brillante —roza el límite de la clasificación de «aceptable»—, pero rompe una tendencia que parecía cimentada.
La pregunta que surge es obvia: ¿ha cambiado de verdad la política municipal o se trata de una mejora puntual? El ILECE no juzga intenciones, solo resultados. Y los números de Madrid, aunque modestos, apuntan a que algo ha movido la aguja en la dirección correcta.
Las grandes ciudades en apuros: Barcelona, Valencia y las vascas
Mientras Madrid escapa del pozo, otras capitales siguen atrapadas en él. Barcelona suma 46,42 puntos y, aunque mejora ligeramente respecto a ediciones anteriores, sigue firmemente en suspenso. Valencia cae de nuevo con 47,42 puntos, una cifra que la sitúa en la categoría de «insuficiente». Sevilla es aún más cruda: 40,15 puntos, en la franja de «deficiente».
Pero el descenso más llamativo es el de las capitales vascas. Bilbao se mantiene a duras penas en el aprobado con 50,06 puntos, salvado por solo seis centésimas. Vitoria/Gasteiz (39,79) y Donostia/San Sebastián (39,38) continúan su caída libre y ya rozan los últimos puestos de la tabla. La distancia entre el modelo económico del norte peninsular y el liderazgo de ciudades como Castellón o Alicante nunca había sido tan visible.
El fondo de la clasificación: ¿qué falla en el sur?
Cerrar el ILECE no es una etiqueta que ningún ayuntamiento desee. Este año, las peores notas vuelven a ser para Jerez de la Frontera (36,18 puntos) y Marbella (35,80), ambas con un rendimiento calificado de «deplorable» en el informe. Les acompañan en la zona roja ciudades como Tarragona (45,64) o Terrassa (41).
No todo son malas noticias en la parte baja. Huelva ha conseguido salir del agujero con 50,22 puntos y logra, por primera vez en años, un aprobado rozado. Es una muestra de que la tendencia puede revertirse, aunque el margen de mejora sigue siendo enorme.
Las cuatro áreas que marcan la diferencia
El ILECE no es un ranking único: desglosa su evaluación en cuatro bloques que permiten entender dónde acierta o falla cada ciudad.
En fiscalidad, el liderazgo es para Santa Cruz de Tenerife, que ostenta la menor carga impositiva municipal ponderada de las cincuenta ciudades analizadas. Le siguen Logroño y Castellón. Un dato curioso: en el ICIO (impuesto de construcción), la mayoría de ayuntamientos aplican el tipo máximo legal, pero algunos municipios han optado por una carga mucho más liviana. Santa Cruz de Tenerife destaca especialmente en este apartado.
En desempeño macroeconómico general, Móstoles ocupa la primera posición, seguida de Alicante, Vigo y Badajoz. En contención de la plantilla municipal, los mejores resultados los obtienen Barcelona, Gijón, Vigo, Parla y Badajoz. Y en bajo intervencionismo del ayuntamiento en la economía local, el podio es para Albacete, Castellón y Almería.
La reflexión del experto: ¿por qué importa todo esto?
Bosco Aspe, director académico de la Fundación para el Avance de la Libertad y coautor del informe, ha puesto el dedo en la llaga. Según sus palabras, «este año se ha visto la mayor distancia entre las ciudades mejor y peor posicionadas, superando los 39 puntos de gap entre la mejor, Castellón, y la peor, Marbella». Añade que «la influencia de las políticas municipales en el clima de libertad económica es cada día mayor», por lo que considera urgente que los equipos de gobierno «establezcan como objetivo prioritario la adopción de medidas tendentes a favorecer la libertad económica». Su argumento es directo: solo así se alcanzará la prosperidad general, reteniendo y atrayendo talento e inversión.
La tesis no es nueva, pero los datos del ILECE 2026 la refuerzan con números. Las ciudades que aprietan menos con los impuestos, que no hinchan la plantilla municipal, que externalizan servicios y que facilitan la llegada de empresas acaban puntuando más alto. Y, lo que es más importante, acaban siendo más atractivas para quienes quieren vivir, trabajar o montar un negocio.









