Más de 1.000 cigüeñas blancas han sido halladas con plásticos en su interior, según un estudio con más de dos décadas de datos. Aunque no todas murieron por esta causa, el hallazgo revela el grave impacto de la basura en el medio rural y los vertederos. Los residuos se confunden con presas y bloquean el aparato digestivo de estas aves emblemáticas.
El resultado de analizar 1.500 cigüeñas blancas muertas entre 1997 y 2019 es tan claro como preocupante: dos de cada tres tenían plásticos en el sistema digestivo. En total, 1.045 ejemplares habían ingerido algún tipo de residuo sólido, y en el 32,7 % de los casos se trataba de materiales especialmente persistentes, como gomas elásticas o silicona.
Pero lo más alarmante es que en el 41,5 % de esas aves afectadas, se encontraron dos o más tipos de contaminantes en el mismo animal. La investigación, publicada en Ardeola, revista científica de SEO/BirdLife, ha sido posible gracias a las necropsias realizadas en el Centro de Recuperación de Fauna Silvestre de La Alfranca, en Aragón.
¿De qué tipo de basura estamos hablando?
Los residuos más comunes hallados en estas aves no son precisamente microplásticos marinos. Lo más frecuente son gomas de embalar (19,1 %), seguidas por tiras de silicona (6,3 %), materiales con una gran capacidad de formar ovillos que bloquean la molleja de las cigüeñas. También se detectaron objetos como cuerdas de embutido con grapas, juguetes de goma, sondas urinarias, jeringas de espuma, trozos de vidrio, papel o tela.
Muchos de estos objetos comparten una característica: imitan el aspecto de presas reales. Tienen forma alargada, textura elástica o suave… lo justo para que el ave, en plena búsqueda de comida, los confunda con lombrices, serpientes o anfibios.
“Era un sistema que funcionaba bien cuando todo lo alargado que había en el campo era comida. Ahora, la falta de concienciación ha convertido esa táctica en un riesgo”, explica Chabier González, autor principal del estudio.
¿Dónde encuentran estos residuos?
Los vertederos son el punto caliente. El 70,8 % de las cigüeñas que se alimentaron en basureros tenían restos de gomas y otros materiales en su interior. Pero el campo no se libra: el 24 % de las aves que comieron en zonas agrícolas también presentaban contaminantes sólidos, en algunos casos en grandes cantidades.
El estudio pone el foco en prácticas agrícolas intensivas, donde las gomas usadas para sujetar frutales o proteger melocotones terminan esparcidas por el terreno. Estas pueden alcanzar una densidad muy alta en épocas de poda o cosecha.
¿A quién afecta más: adultos o pollos?

Aunque no hay diferencias por edad o sexo en cuanto a si las cigüeñas ingieren residuos, los pollos de nido presentan más cantidad acumulada. Un 8 % de ellos tenían más de 25 ml de gomas en la molleja, frente al 3,3 % de los adultos. La incapacidad del ave para expulsar estos sólidos –al no poder regurgitarlos como hacen con las egagrópilas– convierte la ingesta en una trampa sin salida.
Una amenaza poco visible pero global
Mientras los mares se llenan de imágenes de tortugas o cetáceos muertos por plástico, las aves terrestres quedan en un segundo plano. Pero este estudio, basado en 22 años de trabajo con 120 especies, pone de relieve que la cigüeña blanca es la que más plásticos ingiere y la única en la que esa ingestión es masiva.
Los autores del estudio no piden otra cosa que mejor gestión de vertederos, cambios en el manejo de residuos agrícolas y más conciencia colectiva. La cigüeña, símbolo de nuestros campos, se ha convertido en víctima directa de la “basuraleza”.
¿Por qué se tragan la basura?
El motivo es simple y aterrador: las cigüeñas no tienen tiempo para pensar. Buscan rápido, seleccionan con la vista, prueban con el pico y tragan. Cuando el entorno estaba libre de residuos, eso funcionaba. Ahora, entre cada lombriz puede esconderse una goma, y cada bocado puede ser el último.
En algunos casos, incluso han llegado a tragar pinchos de bambú afilados, usados para ensartar carne, que perforan sus órganos internos y provocan infecciones fatales. Aunque el bambú no se considera contaminante, su uso inadecuado causa efectos inesperados y a menudo mortales.
El problema tiene solución, pero hay que actuar
La cigüeña blanca es solo un ejemplo más del alcance de la contaminación humana. Los vertederos al aire libre, el abandono de residuos en el campo y la mala gestión de desechos agrícolas están dejando huella en las especies más comunes y visibles.
Cambiar esto no requiere tecnología futurista, sino gestos responsables y voluntad política. Cada goma, cada trozo de silicona y cada resto mal desechado puede terminar en el estómago de un animal salvaje.









