La iglesia parroquial de San Vicente Mártir, ubicada en Braojos de la Sierra, ha sido recientemente declarada Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Monumento por el Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid. Esta distinción, que subraya su relevancia arquitectónica e histórica, reconoce la singularidad de un edificio cuyo origen se remonta entre los siglos XV y XVII, y que conserva elementos de gran valor cultural y artístico.
La iglesia de San Vicente Mártir se destaca no solo por su antigüedad, sino también por las modificaciones sufridas a lo largo de los siglos. Entre las reformas más significativas se encuentra la llevada a cabo entre 1616 y 1621 bajo la dirección del maestro de cantería Juan de la Verde. Este proceso transformó el templo, dando paso a un diseño que fusiona la tradición medieval con las influencias renacentistas y barrocas que marcaron la historia de la arquitectura española.
Lo que realmente hace excepcional a este templo es la tipología y los elementos decorativos que muestran un clasicismo ornamentado, algo poco frecuente en la zona norte de la Comunidad de Madrid. Este estilo se plasma especialmente en la fachada y en el interior, cuyas características resisten el paso del tiempo y siguen siendo una fuente de admiración.
Los retablos barrocos: una joya artística
Uno de los mayores atractivos de la iglesia de San Vicente Mártir es el impresionante conjunto de retablos que adornan su interior, algunos de los cuales datan de los siglos XVII y XVIII. Estos retablos, en su mayoría de gran calidad, fueron creados por artistas renombrados del Barroco español. Entre las piezas más destacadas se encuentra el retablo de San Miguel (1628-1633), situado en la capilla de los Vargas, que fue realizado por el ensamblador Juan de Velázquez, el escultor Gregorio Fernández y el pintor Vicente Carducho.
Además, en la capilla del Rosario, se encuentra el retablo de la Virgen del Rosario (1680-1690), una obra que se atribuye al círculo de artistas madrileños cercanos a Claudio Coello, uno de los grandes pintores barrocos de la época. Estas piezas no solo son de gran valor artístico, sino que también ofrecen un testimonio único del nivel de maestría alcanzado en la escultura y pintura de la época.
Otro elemento importante que resalta en la iglesia son las tablas hispanoflamencas de finales del siglo XV, situadas en el banco del retablo de San Sebastián. Estas tablas, atribuidas al Maestro de los Luna, enriquecen aún más la colección de obras de arte que conserva este templo.

Un vínculo con la historia: las lápidas sepulcrales
La iglesia también alberga una serie de lápidas sepulcrales de los siglos XVII y XVIII, que pertenecieron a figuras de la nobleza local y personajes eclesiásticos. Estas lápidas, decoradas con motivos heráldicos y acompañadas de inscripciones grabadas, añaden una capa más a la rica historia del templo, mostrando la relevancia de la familia Vargas y de otros individuos influyentes de la época en la vida religiosa y social de la región.
Una distinción que honra el patrimonio cultural
La reciente declaración de la iglesia de San Vicente Mártir como Bien de Interés Cultural representa un reconocimiento fundamental a su valor histórico y artístico. Esta distinción no solo preserva el legado de la iglesia para las futuras generaciones, sino que también pone en valor el patrimonio cultural de la Comunidad de Madrid, contribuyendo a fortalecer la identidad de Braojos de la Sierra como un referente de la historia y el arte de la región.










