Este año se incorpora por primera vez la cebolla blanca y morada de Chinchón a una oferta que crece en 7.000 unidades respecto a 2025. Las solicitudes pueden realizarse hasta el 31 de marzo a través de la web de la Comunidad de Madrid.
Detrás de cada tomate Gordo de Patones o de cada melón mochuelo hay décadas de historia agrícola madrileña. Muchas de estas variedades estuvieron a punto de desaparecer para siempre, pero gracias al trabajo de investigadores del Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario (IMIDRA), hoy no solo siguen vivas, sino que están disponibles para los agricultores de la región. La Comunidad de Madrid ha puesto en marcha un año más la comercialización de plantones de variedades hortícolas autóctonas, con una oferta que este año alcanza las 55.000 unidades, cifra que supera en 7.000 a la del año pasado.
Estas plantas no se obtienen de ningún proveedor externo. Proceden directamente del Banco de Germoplasma del IMIDRA, donde los investigadores han recogido semillas de distintos municipios de la región y las han cultivado durante meses hasta obtener los plantones listos para su distribución. Un proceso minucioso que tiene como resultado final llevar al campo madrileño productos que, en muchos casos, habían dejado de cultivarse hace más de medio siglo.
Qué variedades se pueden solicitar este año
La oferta de este año incluye algunas de las hortalizas más representativas de la tradición agrícola madrileña. En el apartado de melones, los agricultores pueden elegir entre las variedades piel de sapo, azul y mochuelo. En cuanto a pimientos, están disponibles el Infante de Aranjuez, el San Clemente y el de Aranjuez. El catálogo se completa con el tomate Gordo de Patones y, como novedad de este año, se suman por primera vez los plantones de cebolla blanca y morada de Chinchón, una incorporación que amplía la diversidad del programa.
La venta es exclusivamente al por mayor, con cantidades mínimas según la variedad: 80 plantones en el caso del melón, 200 para tomates y pimientos, y 500 para cebollas. Estas condiciones están pensadas para agricultores que destinen los plantones a su actividad productiva, no para usos particulares o de jardín.

Cómo y hasta cuándo se puede solicitar
Los interesados tienen hasta el 31 de marzo de 2026 para realizar su reserva, que debe hacerse de forma telemática a través de la página web institucional de la Comunidad de Madrid. Una vez realizada la petición, los solicitantes seleccionados podrán retirar sus plantones en la finca experimental La Isla, en Arganda del Rey, en dos periodos: desde finales de abril y a lo largo de todo el mes de mayo.
El año pasado, las 48.000 unidades disponibles se repartieron entre cerca de un centenar de solicitantes, lo que da una idea del nivel de demanda que tiene este programa entre los agricultores madrileños.
Un programa que nació para salvar lo que casi se perdió
Esta iniciativa no es nueva. La Comunidad de Madrid la puso en marcha en 2014 con el objetivo de recuperar cultivos hortícolas que habían dejado de comercializarse o directamente habían desaparecido de los campos de la región. Desde entonces, el Banco de Germoplasma del IMIDRA ha conseguido almacenar más de 300 variedades de semillas procedentes de distintos municipios madrileños.
El dato más llamativo es que el 80% de esas semillas corresponde a variedades que empezaron a desaparecer en la década de los años 60. Fueron décadas de agricultura industrial y estandarización de cultivos las que dejaron fuera del mercado muchas de estas hortalizas tradicionales, que no podían competir en rendimiento con las nuevas variedades comerciales. Sin embargo, su valor gastronómico, cultural y genético las convierte en un patrimonio que merece ser conservado.
El papel del IMIDRA en la conservación del patrimonio agrícola madrileño
El trabajo del IMIDRA va más allá de la simple conservación en frío de semillas. Sus investigadores recolectan las simientes directamente en los municipios de origen, las cultivan en condiciones controladas, seleccionan los mejores ejemplares y producen los plantones que luego se distribuyen a los agricultores. Es un trabajo de largo recorrido que conecta el conocimiento científico con la tradición agraria de cada comarca.
Gracias a este esfuerzo, variedades como la cebolla de Chinchón, el pimiento Infante de Aranjuez o el melón mochuelo siguen presentes en los campos madrileños, generación tras generación. Y cada año que un agricultor las planta y las cosecha, contribuye también a que esas semillas sigan vivas para el futuro.










