El Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario (IMIDRA) ha presentado una nueva variedad de garbanzo bautizada como Isidra, diseñada para resistir mejor el frío y las enfermedades, y con propiedades nutricionales superiores a las habituales. El objetivo: que los agricultores de la región puedan cultivarla y llevarla después a la mesa de los consumidores.
Detrás de este nuevo garbanzo hay años de trabajo de selección y mejora genética llevados a cabo en la finca experimental El Encín, situada en Alcalá de Henares. Allí, un equipo de investigadores del IMIDRA ha logrado desarrollar una variedad capaz de adaptarse a las condiciones más exigentes del terreno madrileño: suelos áridos, de secano y con temperaturas bajas durante buena parte del año.
Precisamente esa capacidad de adaptación es una de las grandes bazas de Isidra. La nueva legumbre presenta una excelente germinación incluso con temperaturas frías, algo que le permite sembrarse durante el invierno, ampliando así las posibilidades de cultivo para los agricultores de la zona. A esto se suma su buena adaptación a los suelos áridos, una característica especialmente valiosa en un territorio donde el agua no siempre está garantizada para el regadío.
El viceconsejero de Medio Ambiente, Agricultura y Ordenación del Territorio, Rafael García, visitó este 14 de julio la finca de El Encín para conocer de primera mano los resultados de este proyecto, que lleva desarrollándose durante años en el mismo municipio alcalaíno.
Más resistente a hongos y enfermedades
Uno de los principales problemas a los que se enfrentan los cultivadores de garbanzo es la aparición de enfermedades causadas por hongos, que pueden arruinar cosechas enteras. En este sentido, los investigadores han conseguido que Isidra muestre una alta resistencia frente a este tipo de patologías, lo que se traduce en menos pérdidas para el agricultor y en un cultivo más fiable a largo plazo.
Esta mayor resistencia, unida a su tolerancia al frío, convierte a la nueva variedad en una opción especialmente interesante para quienes buscan diversificar sus cosechas sin asumir riesgos excesivos. No en vano, el propósito final del proyecto es que este garbanzo llegue a las huertas de la región y, desde ahí, al plato de los consumidores como un producto tradicional pero mejorado.

Más proteína, más fibra y mejor digestión
Más allá de su comportamiento en el campo, Isidra también destaca por su perfil nutricional. Los análisis realizados por el equipo científico confirman que este garbanzo tiene un elevado contenido en proteínas, fibra e hidratos de carbono, tres elementos clave en cualquier dieta equilibrada.
Pero hay otro dato que puede resultar especialmente atractivo para quienes cuidan su alimentación: la nueva variedad presenta menos antinutrientes, como el ácido fítico, una sustancia que dificulta la absorción de determinados minerales. Al reducir su presencia, Isidra ofrece una digestión más sencilla, algo que muchos consumidores agradecerán, especialmente aquellos que suelen notar pesadez tras comer legumbres.
A todo ello se suman buenas propiedades organolépticas, es decir, un sabor, textura y aroma que los expertos han valorado positivamente tras las pruebas culinarias realizadas, lo que augura una buena acogida entre los amantes de este alimento tan arraigado en la gastronomía española.
Una familia de legumbres con nombre de mujer
Isidra no llega sola. Se suma a una lista de variedades desarrolladas por el mismo instituto a lo largo de los años: Amelia, Alcazaba, Elvira, Eulalia, Amparo, Inmaculada, Pilar, Lola y Carmen. Todas ellas comparten una curiosa peculiaridad: fueron inscritas en el Registro de Variedades Comerciales con nombres de mujer, en homenaje a las investigadoras que participaron en su creación.
Esta tradición convierte cada nueva variedad en algo más que un simple avance agronómico: es también un reconocimiento al trabajo científico desarrollado, en su mayoría, por mujeres dedicadas a la mejora genética de las legumbres.
Con Isidra, el campo madrileño suma una nueva herramienta para afrontar un cultivo más sostenible, resistente y nutritivo, con la vista puesta en that los agricultores locales puedan aprovecharla en sus huertas en los próximos años.








