Los bosques esconden un mundo invisible que garantiza su salud y supervivencia: la microbiota forestal. Este conjunto de microorganismos, que habitan desde el suelo hasta la corteza de los árboles, es esencial para que los bosques puedan nutrirse y defenderse de amenazas. Un nuevo informe del CSIC explora cómo estos diminutos habitantes forman un ecosistema vital que, sin ellos, los árboles tendrían dificultades para crecer y mantenerse protegidos.
En cada gramo de suelo de un bosque templado, existen entre 100 millones y 1.000 millones de células bacterianas, además de enormes cantidades de hongos y arqueas. Estos organismos no solo están en la tierra, sino también en troncos y ramas, estableciendo una relación beneficiosa con las plantas. Más que árboles individuales, se debe pensar en bosques como un conjunto unido a su microbiota, un sistema complejo donde cada microorganismo cumple un papel.
Una comunidad diversa y bien organizada
Las bacterias son uno de los grupos predominantes, pero los hongos, especialmente los filamentosos, también son fundamentales. Estos hongos forman redes de filamentos o micelio que conectan las raíces y facilitan la absorción de nutrientes. La corteza de los árboles también acoge líquenes que, además de sobrevivir en condiciones adversas, contribuyen a mantener la humedad y sirven de alimento para algunos insectos y animales. La microbiota se distribuye en distintos “espacios” dentro del bosque, algo comparable a un edificio de pisos: el suelo, las raíces, el tronco, las hojas y otros elementos naturales como ríos o rocas, cada uno con sus habitantes específicos y funciones propias.
Nutrientes inaccesibles para las plantas, disponibles gracias a los microorganismos
Los nutrientes esenciales para los árboles, como el nitrógeno, fósforo y potasio, a menudo están presentes en formas difíciles de asimilar. Los microorganismos actúan como “abridores” que liberan estos nutrientes: algunos bacterias transforman el nitrógeno atmosférico en compuestos aprovechables, mientras que otros hongos facilitan la meteorización mineral para liberar fósforo y potasio de las rocas. Además, las redes fúngicas pueden transportar estos nutrientes a distancia, convirtiéndose en verdaderas autopistas que conectan el suelo con las raíces.
La microbiota como defensa natural
Lejos de ser un simple acompañamiento, la microbiota forestal protege los bosques de amenazas externas. Frente a patógenos y plagas, muchas bacterias y hongos producen compuestos antimicrobianos que frenan su avance. Cuando un árbol se siente atacado o sufre estrés, emite señales químicas que atraen selectivamente a microorganismos beneficiosos hacia sus raíces para ayudar a combatir la amenaza, un mecanismo que fortalece la resiliencia forestal.
Amenazas y futuro de la microbiota forestal
Aunque la superficie forestal mundial muestra signos de recuperación, la calidad y salud de estos bosques no siempre mejora. Factores como la sequía prolongada, incendios, plagas y la alta densidad en áreas reforestadas afectan la microbiota y, por ende, la supervivencia de los ecosistemas. La microbiota también se ve afectada por el cambio climático, ya que la reducción en la humedad y en la cantidad de compuestos nutritivos liberados por las raíces limita su diversidad y función.
Sin embargo, esta comunidad microbiana destaca por su “redundancia funcional”, lo que significa que diferentes microorganismos pueden cumplir roles similares, un factor que podría compensar en parte la pérdida de biodiversidad. Aun así, los expertos insisten en la necesidad de una gestión forestal que considere estos aspectos para garantizar la conservación y adaptación de los bosques.
La importancia de cuidar lo invisible para salvar lo visible
Este nuevo estudio del CSIC, a cargo de la investigadora Ana V. Lasa, pone en relieve que comprender y preservar la microbiota forestal es clave para mantener la biodiversidad y la salud de los bosques. Su investigación nos invita a repensar estos ecosistemas no solo como un conjunto de árboles, sino como un entramado vivo y microscópico que sostiene la vida en la naturaleza.










