El histórico Teleférico de Madrid se despide de su fisonomía actual para renacer como un transporte de vanguardia. Este martes arranca el desmontaje del cableado original de 1969, marcando el inicio de una transformación que costará 26 millones de euros y traerá cabinas panorámicas para diez personas.
Desde este martes, 20 de enero de 2026, los vecinos que paseen por el entorno de Rosales o la Casa de Campo serán testigos de un momento histórico: el inicio del desmontaje del cableado original del Teleférico de Madrid. Esta infraestructura, que ha formado parte del paisaje madrileño desde hace más de medio siglo, comienza su fase de renovación integral para dejar atrás un sistema que, aunque icónico, ya acusaba el paso del tiempo.
La Empresa Municipal de Transportes (EMT), actual gestora del servicio, ha dado luz verde a esta compleja operación técnica. No se trata de un simple mantenimiento, sino de una transformación arquitectónica y tecnológica profunda. El primer paso consiste en retirar los cables que han sostenido las cabinas desde su inauguración en junio de 1969. Una vez liberada la estructura aérea, se procederá a la demolición parcial de las antiguas estaciones para dar paso a las nuevas edificaciones.
Una inversión millonaria para un icono renovado
El Ayuntamiento de Madrid y la EMT han destinado un presupuesto de 26,26 millones de euros (sin IVA) para ejecutar este ambicioso proyecto. El objetivo es claro: convertir una atracción que presentaba signos de obsolescencia en un referente europeo de transporte por cable. Tras años conectando el centro urbano con el pulmón verde de la ciudad, el Teleférico necesitaba una actualización que garantizara no solo su continuidad, sino una eficiencia y seguridad acordes al siglo XXI.
Durante los últimos meses, el trabajo en los despachos y talleres no ha cesado. Se han completado las licitaciones, se ha perfilado el diseño arquitectónico y, lo más importante, se ha avanzado en la fabricación de los nuevos componentes. Las futuras cabinas ya se están gestando en la factoría suiza de Doppelmayr, una firma de referencia mundial que se encargará de dotar a Madrid de la tecnología más avanzada en este sector.
Del sistema bicable a la eficiencia del monocable
Una de las principales novedades técnicas de esta obra es el cambio de sistema. El antiguo modelo bicable heredado de la época de Arias Navarro dejará paso a un sistema monocable más ágil y moderno. Este cambio permitirá operar una flota de 47 cabinas panorámicas, diseñadas para ofrecer una visión total del horizonte madrileño mientras transportan a diez personas por viaje.
Esta renovación no solo afecta a lo que se ve desde el aire. Bajo la superficie y en las estaciones de Pintor Rosales y Casa de Campo, se instalarán nuevos equipos electromecánicos. Motores eléctricos de última generación, poleas de alta resistencia y un nuevo cable tractor-portador conformarán el corazón del sistema. Además, se ejecutará una nueva acometida eléctrica para asegurar que el suministro responda a la demanda real de la infraestructura, evitando gastos energéticos innecesarios.

Tecnología e inteligencia artificial en las alturas
El nuevo Teleférico no será solo un medio de transporte, sino una infraestructura inteligente. El proyecto contempla la instalación de sensores de seguridad activa tanto en las cabinas como en las torres (pilonas). Estos dispositivos estarán conectados a sistemas de inteligencia artificial que analizarán los flujos de pasajeros y emitirán alertas en tiempo real ante cualquier anomalía.
Para el usuario, la experiencia será digital y conectada. Las estaciones y cabinas contarán con pantallas interactivas y conectividad total, permitiendo consultar información del servicio o datos turísticos a través de aplicaciones móviles. Todo ello estará protegido por protocolos avanzados de ciberseguridad, asegurando que la gestión digital del transporte sea tan robusta como sus cables de acero.
Estaciones accesibles e integradas en el paisaje
Uno de los puntos críticos del antiguo Teleférico era la accesibilidad. El nuevo diseño arquitectónico tiene como prioridad eliminar barreras, facilitando la entrada a las estaciones mediante una redistribución de los espacios. Se utilizarán pavimentos de diferentes colores y texturas para ayudar a identificar las zonas de paso y espera, creando un entorno inclusivo para personas con movilidad reducida.
La estética también juega un papel fundamental. Las nuevas estaciones de Pintor Rosales y Casa de Campo se han proyectado para integrarse visualmente en su entorno. No se busca que sean bloques de hormigón aislados, sino edificios que dialoguen con el parque y el entorno urbano, respetando la esencia de la «conectividad verde» que supone cruzar desde la ciudad hacia la naturaleza del parque más grande de Madrid.








