Antes de hacer las maletas, conviene revisar salud, documentación y transporte del animal. Un buen planteamiento evita sustos y garantiza que perros, gatos y otros compañeros disfruten del viaje tanto como el resto de la familia.
No todas las mascotas están preparadas para salir de casa. Una enfermedad, la edad avanzada, alguna lesión o incluso un temperamento difícil de manejar pueden convertir un viaje en una mala experiencia para el animal. En esos casos, lo más sensato es dejarlo con alguien de confianza o pedir consejo al veterinario sobre qué otras opciones existen. La recomendación es clara: antes de reservar nada, hay que pensar primero en el bienestar del animal.
Documentación al día y microchip actualizado
Viajar con una mascota implica también llevar el papeleo en regla. Es imprescindible que el animal esté identificado correctamente y con toda la documentación sanitaria y legal en vigor, además de las vacunas o tratamientos que exija el destino. Si lleva microchip, hay que comprobar que los datos estén actualizados, incluyendo un número de móvil de contacto para que puedan localizar al dueño rápidamente en caso de pérdida.
Para quienes tengan pensado cruzar fronteras, la recomendación es informarse con tiempo sobre los requisitos de cada país. En buena parte de Europa basta con el pasaporte para animales en regla, aunque siempre es aconsejable confirmar las condiciones concretas del lugar antes de partir.
Alojamiento: preguntar antes de reservar
Antes de confirmar hotel o apartamento, hay que asegurarse de que admiten mascotas. Si el animal es pequeño, puede viajar en un transportín adecuado, aunque algunos establecimientos ponen límites de tamaño o peso. Una vez en el alojamiento, es recomendable no dejar al animal solo demasiado tiempo, avisar en recepción de su presencia y colocar el cartel de «no molestar» en la puerta. También conviene que el personal sepa cómo contactar en caso de emergencia.
Si el destino es la casa de amigos o familiares, lo correcto es avisar con antelación de que la mascota viajará también, para evitar problemas de convivencia una vez allí. Y si el plan es un camping, hay que mantener limpio el espacio que use el animal y evitar que vaya suelto.

A quién consultar y qué llevar en la maleta
Antes de salir de viaje conviene hacer algunas consultas: al veterinario, a la compañía de transporte si no se viaja en coche propio, al alojamiento y, en caso de viajar al extranjero, a los consulados o embajadas de los países de destino.
En cuanto al equipaje del animal, no deberían faltar el teléfono del centro veterinario habitual, una lista de clínicas de urgencias en el destino, toda la documentación (identificación, cartilla sanitaria y licencia si se trata de una raza potencialmente peligrosa), una fotografía reciente y el historial médico si el animal tiene alguna dolencia que deba conocerse. Tampoco hay que olvidar el botiquín, la correa, el collar, la cama, los juguetes y la comida habitual.
Viajar al extranjero: rabia y test serológico
Sí es posible viajar con la mascota fuera de España, siempre que se cumplan los requisitos sanitarios y legales del país elegido. Dentro de la Unión Europea, un pasaporte europeo con microchip y la vacuna de la rabia en vigor suele ser suficiente. Si el destino es un país con riesgo de rabia, será necesario además un test serológico que demuestre inmunidad, con un mínimo de 0,5 UI/ml, realizado antes de la salida. Consultar al veterinario con tiempo es clave, ya que no cumplir estas normas podría suponer que el animal tenga que pasar la cuarentena a la vuelta.
Cada medio de transporte, con sus propias normas
En transporte público, lo primero es consultar con la compañía las normas para llevar animales a bordo.
En avión, conviene preguntar a la aerolínea por sus políticas según raza, tamaño o certificados médicos, ya que algunas piden un certificado emitido en los diez días previos al vuelo. No es recomendable que viajen cachorros de menos de ocho semanas o que aún no estén destetados. Sobre la comida antes de volar, lo habitual es que el animal no coma justo antes del viaje, aunque esto depende de su edad, tamaño y duración del trayecto. Ayuda reservar el asiento del animal junto al propio, preferir vuelos directos y evitar los días de mayor tráfico de pasajeros. El día del vuelo, es aconsejable llegar con tiempo para pasear al perro, facturar lo más tarde posible si va en cabina, avisar al personal si viaja en bodega y recogerlo cuanto antes al llegar. Sobre los tranquilizantes, mejor no darlos sin consultar antes al veterinario, ya que no siempre son recomendables. El transportín, además, debe cumplir la normativa de la IATA: suficientemente alto para que el animal esté de pie, gire y se acueste, sin salientes peligrosos, con asas, suelo impermeable, buena ventilación y etiquetado con nombre, dirección, teléfono, destino y la leyenda «animal vivo».
En barco, hay que contactar con la naviera para conocer sus requisitos, dejar que el animal haga ejercicio antes de embarcar y durante las paradas, y tener en cuenta que si se marea en coche es probable que también le pase en el barco.
En coche, si la mascota no se adapta bien, puede valorarse dejarla con familiares o amigos. Para acostumbrarla poco a poco, ayuda hacer trayectos cortos a sitios agradables, como un parque. Durante el viaje conviene parar cada dos o tres horas para que el animal camine y estire las patas, y asegurarse de que viaja de forma segura, con transportín, arnés con cinturón o en un espacio separado que no interfiera con la conducción, siguiendo las recomendaciones de la Dirección General de Tráfico. Tampoco debe sacar la cabeza por la ventanilla, y los gatos, siempre en transportín, con algún juguete que les dé tranquilidad.









