Una novedosa investigación advierte que la desaparición de buitres y otros animales carroñeros grandes está teniendo consecuencias que van más allá del medio ambiente: hoy, más restos de animales quedan sin consumir, lo que favorece la proliferación de especies que pueden ser portadoras de enfermedades. El trabajo, liderado desde Stanford, saca a la luz un problema poco conocido pero con impacto directo sobre la salud colectiva.
No solo el paisaje cambia cuando se pierden los grandes carroñeros, como buitres y hienas. El 36% de las poblaciones de animales carroñeros en todo el mundo están en declive o amenazadas. Esta caída se da sobre todo entre los animales de mayor tamaño y más especializados en consumir carroña, que cumplen un papel clave en la limpieza de los ecosistemas.
Cuando estos animales desaparecen, la carroña permanece más tiempo en el entorno, y esto da lugar a un fenómeno conocido como “liberación ecológica”: pequeños carroñeros, como ratones, ratas o perros asilvestrados, ocupan su lugar. Pero estos no consumen suficientes restos, y muchas veces son ellos mismos portadores de enfermedades que pueden ser transmitidas a las personas.
Salud humana en riesgo: más enfermedades por la desaparición de “limpiadores naturales”
A pesar de su mala fama, los grandes carroñeros ayudan a controlar la presencia de patógenos al eliminar rápidamente los cuerpos en descomposición. Su desaparición puede tener consecuencias serias. El caso más llamativo se produjo en India en los años 90, cuando el colapso de las poblaciones de buitres llevó a un aumento masivo de perros asilvestrados. Esto provocó millones de mordeduras y casi 50.000 muertes humanas por rabia en menos de quince años. Al prohibirse el medicamento veterinario que había causado la muerte de los buitres, las poblaciones empezaron a recuperarse, y los riesgos, a disminuir.
En otros ecosistemas, los carroñeros también juegan un papel esencial para frenar infecciones. Por ejemplo, en Wyoming (Estados Unidos), se observó que águilas y otras especies ayudaban a reducir el contagio de brucelosis, una infección bacteriana, entre los alces y el ganado.
Factores detrás de la desaparición de los grandes carroñeros
La investigación publicada en Proceedings of the National Academies of Sciences señala a varias causas principales de este declive:
- La pérdida de hábitat natural por expansión agrícola y ganadera
- La ganadería intensiva, que puede traer consigo el uso de productos peligrosos para los grandes carroñeros
- La caza furtiva y el comercio de fauna silvestre, que minan las poblaciones de estos animales a largo plazo
Estos factores suelen combinarse, agravando la situación año tras año y afectando a toda la red ecológica.
De la desinformación al reconocimiento: cambiar la percepción sobre los carroñeros
“Existe el prejuicio de que buitres, hienas y otros grandes carroñeros son animales desagradables, pero en realidad juegan un papel vital en el funcionamiento de los ecosistemas y en la protección de la salud humana”, comenta el profesor Rodolfo Dirzo, responsable del estudio.
Las autoras y autores del trabajo insisten en la importancia de la protección del hábitat y la reducción de la caza ilegal para permitir que estos animales se recuperen. Además, recuerdan la necesidad de derribar mitos y reconocer que su labor como “equipo de limpieza” natural es insustituible.
Consecuencias globales e implicaciones locales
La desaparición de estos animales no es un problema lejano. Los científicos consideran que sus efectos pueden darse en cualquier lugar donde se pierda el equilibrio ecológico, aumentando el riesgo de enfermedades zoonóticas, es decir, aquellas que saltan de los animales a las personas.
La protección de los grandes carroñeros es, según este estudio, una herramienta de salud pública tan válida como cualquier medida sanitaria tradicional. El reto, concluyen, es garantizar que estos animales puedan volver a cumplir su función para evitar que enfermedades hoy controladas vuelvan a convertirse en una amenaza.









