Investigadores españoles han descubierto que el virus del herpes labial es capaz de generar en neuronas humanas las mismas señales dañinas que caracterizan al alzhéimer. El hallazgo, realizado con avanzados modelos en tres dimensiones, abre una nueva puerta para entender cómo factores externos influyen en el deterioro cerebral.
La ciencia ha dado un paso importante para entender qué ocurre en el cerebro cuando aparece el alzhéimer, una enfermedad que representa uno de los mayores desafíos para nuestra sociedad actual. Un grupo de científicos del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CBM), perteneciente al CSIC y a la Universidad Autónoma de Madrid, junto con el CIBERNED, ha confirmado una sospecha que sobrevolaba la medicina desde hace tiempo: la relación entre infecciones comunes y la neurodegeneración.
El estudio se centra en el virus del herpes simple tipo 1, ese que la mayoría de la población contrae durante la infancia y que solemos identificar por las molestas «calenturas» en los labios. Sin embargo, este virus no desaparece; se queda latente en nuestro cuerpo y, en ocasiones, puede llegar al sistema nervioso. Los investigadores han demostrado que, al infectar neuronas humanas en el laboratorio, se producen alteraciones celulares idénticas a las del alzhéimer.
Las señales del alzhéimer bajo el microscopio
Para entender la relevancia de este estudio, es necesario recordar qué le ocurre al cerebro de una persona con alzhéimer. Los médicos suelen buscar dos señales biológicas principales: la acumulación de una proteína llamada beta-amiloide y la deformación de otra proteína denominada tau. Ambas son fundamentales para el funcionamiento de las neuronas, pero cuando fallan, se vuelven tóxicas y destruyen las conexiones cerebrales.
Los resultados de este experimento, publicados en la revista International Journal of Molecular Sciences, revelan que el virus del herpes provoca precisamente estos dos fallos. Por un lado, genera un exceso de beta-amiloide y, por otro, causa modificaciones anómalas en la proteína tau, haciendo que pierda su función y contribuya al deterioro neuronal. Lo más preocupante es que el virus también «rompe» el sistema de limpieza de las células, impidiendo que estas puedan reciclar las proteínas dañadas, lo que acelera la degradación.
Tecnología 3D para imitar el cerebro humano
Una de las grandes novedades de este trabajo es el uso de cultivos en tres dimensiones (3D). Hasta ahora, muchos estudios se hacían en superficies planas que no representaban bien la realidad. En esta ocasión, los científicos han creado pequeñas esferas de neuronas, llamadas esferoides, donde las células crecen en todas direcciones y forman redes complejas, de forma muy parecida a como se estructuran en nuestro tejido cerebral.
Esta tecnología ha permitido observar cómo el virus del herpes penetra en el tejido y se propaga por las capas de neuronas. Jesús Aldudo, investigador del CBM, explica que “estos modelos tridimensionales permiten que las células crezcan formando agregados que imitan mejor la organización del tejido nervioso humano, reproduciendo de forma más realista las interacciones y el entorno que existen en el cerebro”. Gracias a este avance, los resultados son mucho más sólidos y fiables que los obtenidos en cultivos tradicionales.
Diferencias entre el laboratorio y la vida real
A pesar de lo impactante del descubrimiento, los expertos piden cautela y claridad. Lo que se ha observado en el laboratorio es una infección aguda, es decir, un ataque directo y rápido del virus a las neuronas. Los investigadores subrayan que esto no refleja exactamente lo que ocurre en una persona a lo largo de décadas, donde el virus suele estar «dormido» y solo se reactiva de forma puntual.
La importancia del estudio reside en que confirma que un agente externo y muy común puede poner en marcha los mecanismos de la enfermedad. Según indica Maria Jesús Bullido, investigadora del CBM: “Nuestros resultados muestran que un virus muy común puede activar en neuronas humanas procesos moleculares que se consideran característicos del Alzheimer. Esto refuerza la idea de que, además de los factores genéticos, ciertos factores ambientales podrían influir en la enfermedad”.
Nuevas vías para la prevención
Este hallazgo no significa que tener herpes labial sea sinónimo de padecer alzhéimer en el futuro, pero sí ofrece a la ciencia una herramienta experimental muy valiosa. Al saber que el virus puede activar estos procesos, los médicos pueden investigar nuevas estrategias para frenar la acumulación de proteínas tóxicas o mejorar los sistemas de limpieza celular.
Entender cómo los factores ambientales, como las infecciones persistentes, interactúan con nuestra genética es vital para diseñar tratamientos más eficaces. Este modelo de neuronas en 3D se convierte así en una pieza clave para analizar cómo proteger el cerebro frente a ataques externos y cómo prevenir que el deterioro avance una vez que se ha iniciado.









