Un suelo lleno de vida es un suelo más seguro. Así lo confirman dos investigaciones internacionales lideradas desde Sevilla, que demuestran que la riqueza microbiana del terreno actúa como una defensa natural contra bacterias que pueden enfermar tanto a las plantas que cultivamos como a las personas. El hallazgo abre la puerta a reducir el uso de productos químicos en el campo y a mejorar la vigilancia sanitaria ante enfermedades de origen bacteriano.
El equipo investigador, coordinado por el Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Sevilla (IRNAS-CSIC), ha comprobado que la tierra funciona de un modo parecido a nuestro propio sistema inmunitario. Cuando la comunidad de microorganismos que la habita es variada y está activa, resulta mucho más difícil que las bacterias dañinas se instalen y se multipliquen. Míriam Muñoz Rojas, investigadora del IRNAS-CSIC y coautora de ambos trabajos, lo explica con una comparación sencilla: «en la era del microbioma, hemos comprendido que la defensa biológica que se produce, por ejemplo, en la piel o en el tracto digestivo de los organismos, tiene su paralelo en la capacidad natural del suelo, ya que cuando la microbiota es diversa, contribuye a evitar el establecimiento y la proliferación de patógenos».
Bacterias buenas que hacen de guardianas
Para llegar a estas conclusiones, los científicos analizaron 1.600 muestras de suelo procedentes de 59 países, una de las mayores bases de datos jamás estudiadas sobre este tema. El trabajo, publicado en la revista Nature Communications, identificó a dos grandes grupos bacterianos como responsables de mantener a raya las plagas vegetales: las actinobacterias, capaces de generar sustancias que frenan o eliminan a los patógenos, y las bacillota, que directamente les disputan el espacio y los nutrientes disponibles. Cuando estos aliados escasean, aumenta el riesgo de que cultivos tan cotidianos como el tomate, la patata o el arroz sufran epidemias bacterianas.
Menos químicos, más biodiversidad
Esta noticia tiene una lectura práctica para la agricultura. Según Manuel Delgado Baquerizo, responsable del Laboratorio de Biodiversidad y Funcionamiento Ecosistémico (BioFunLab) y coautor de los dos estudios, «si logramos fomentar la biodiversidad nativa del suelo, podríamos ayudar a reducir la dependencia de agroquímicos, promoviendo cultivos más resilientes de forma natural». Es decir, cuidar la vida microscópica del terreno podría traducirse en cosechas más sanas sin necesidad de recurrir a tantos tratamientos artificiales, algo que beneficiaría tanto a agricultores como a consumidores.

Cuando el peligro también nos afecta a las personas
El segundo estudio, publicado en Cell Host & Microbe, traslada este mismo principio a la salud humana. Los investigadores localizaron 80 especies bacterianas potencialmente peligrosas para las personas en suelos de todo el planeta, de las cuales 25 aparecían en el 80% de las muestras analizadas. Entre ellas figuran nombres que suenan alarmantes pero conocidos: la bacteria causante de la tuberculosis, la salmonela y el Bacillus anthracis, origen del ántrax. Delgado Baquerizo aclara que «multitud de bacterias patógenas para los seres humanos viven en el suelo, muchas de ellas oportunistas. Es decir, que, aunque suelen ser inofensivas en organismos sanos, proliferan cuando las condiciones les son favorables. Nuestros estudios demuestran que la biodiversidad del suelo es esencial para controlar su incremento».
La lluvia y el calor, factores de riesgo
El estudio también señala qué condiciones climáticas favorecen la aparición de estos patógenos. El agua es el factor más determinante: el 82% de las bacterias dominantes analizadas se relacionan directamente con las precipitaciones. Muñoz Rojas lo resume así: «al igual que ocurre con otros microorganismos del suelo, el aumento de agua en el terreno facilita el desplazamiento y supervivencia de los patógenos». El calor también influye, ya que a mayor temperatura se detecta mayor presencia bacteriana, un dato especialmente relevante en el contexto actual de cambio climático, con veranos cada vez más largos y húmedos en muchas regiones.
Mirando al futuro con datos globales
Este primer atlas mundial de patógenos bacterianos del suelo no solo describe la situación actual, sino que también anticipa escenarios futuros. Los propios autores advierten de que «los modelos predictivos sugieren que es probable que los patógenos bacterianos dominantes aumenten de proporción en escenarios climáticos futuros, particularmente en regiones tropicales y subtropicales». Los investigadores destacan que este trabajo solo ha sido posible gracias a la colaboración de equipos científicos de numerosos países, lo que ha permitido comparar suelos con climas y usos muy diferentes entre sí. Aunque las condiciones varían de un lugar a otro, los mecanismos biológicos que explican esta protección natural son los mismos en cualquier parte del mundo.
Los resultados, según destacan los propios firmantes, «proporcionan una base científica clara, que será útil para mejorar los sistemas de vigilancia preventiva y la atención de la salud frente a enfermedades producidas por bacterias del suelo en el escenario de cambio climático». Un motivo más para mirar con otros ojos lo que ocurre bajo nuestros pies.










