Este sábado 21 de febrero llega al Auditorio de Colmenar Viejo la obra «Continuidad de los parques» de Roberto Álvarez, Fele Martínez, Gorka Otxoa y Luis Zahera.
Un parque, de por sí, ya es un escenario. Citas concertadas, encuentros casuales, conversaciones fútiles que en ocasiones devienen en reflexiones profundas de dos o más individuos, hogar de indigentes, lugar de contemplación, de paseo, de juego, de seducción…
El banco se convierte en el sitio idóneo para la complicidad o el antagonismo, aunque sólo sea por la proximidad física de dos desconocidos. La palabra hace el resto.
Este es el punto de partida de las 8 piezas que componen Continuidad de los parques, como también lo fue anteriormente en obras como El Square, de Marguerite Duras, o Historia del Zoo, de Edward Albee. Pero a diferencia de éstas, donde asistimos al drama de sus personajes, Continuidad de los parques nos propone un juego perverso, cómico y engañoso; un retablo de apariencias, de continuos equívocos a medio camino entre el realismo y el absurdo. Es una obra repleta de sorpresas, ágil, desconcertante y eminentemente divertida.
Roberto Álvarez, Fele Martínez, Gorka Otxoa y Luis Zahera
En Continuidad de los parques, Roberto Álvarez, Fele Martínez, Gorka Otxoa y Luis Zahera, interpretan a más de 20 personajes, que se cruzan, chocan, encuentran y “desencuentran” en un parque. El parque, ese trozo de verde en medio del cemento, del ruido y de la “multitudinaria” soledad de las ciudades. Allí, en un parque, se apaciguan los ruidos exteriores y los interiores, se modifican los olores, el ritmo, el latido. En un parque cambian las reglas del juego, y uno se encuentra consigo mismo. Y, puede que gracias a eso, se encuentre también con el otro. ¿O es al revés? ¿Es el encuentro con el otro el que propicia que uno se descubra a sí mismo?
Continuidad de los parques nos da una visión distorsionada de la realidad a través de la mirada de algunos de sus personajes. En casi todas estas piezas existe una clara dualidad entre locura y racionalidad, una confrontación entre el inconfundible mundo exterior observado por un personaje y la visión modificada, desde el interior, por parte de otro personaje. Y en ese, digamos, conflicto, el individuo racional y pasivo acaba entrando en el juego del antagonista, ya que es contagiado o conducido hacia el desequilibrio, el paroxismo o el placer que le procura esa nueva visión de la realidad.
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