Desde algunos años se han incluido en las categorías de juguetes aquellos que dicen fomentar el interés por las ciencias en niños y niñas, son los juguetes STEM (ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas).
Lo cierto es que aunque los juguetes STEM están cada vez más solicitados, no hay evidencia científica que muestre realmente que estos juguetes impulsan más el interés por la ciencia que los juguetes clásicos y sencillos.
El profesor Jeffrey Trawick-Smith, experto en el juego de los niños en el Centro de Educación Infantil de la Eastern Connecticut State University (EE UU), sorprendido ante la escasez de investigaciones a este respecto, observó, junto a su equipo, a preescolares utilizando juguetes específicos y midió su capacidad para resolver problemas, su expresión creativa y la interacción social.
El experimento
Tras cinco años de pruebas, el juguete de mayor puntuación, tanto para niños como para niñas, fue un conjunto básico de bloques de madera. Un juego que, “fomenta la capacidad de resolver problemas y el pensamiento matemático”.
Desde Sinc se han hecho que en uno de los experimentos, un niño jugaba con una sencilla serie de piezas planas magnéticas y necesitaba un fragmento cuadrado para terminar la “casa para tigres” que estaba construyendo. Como no pudo encontrar ninguna pieza con estas características, combinó dos triangulares para crear una cuadrada, demostrando que los juguetes de construcciones están conectados con conceptos matemáticos.
Según el científico, lo que hace que los juguetes promuevan de forma efectiva las habilidades científicas no es la determinación del género o los diseños complicados, sino la simplicidad y el hecho de no tener una sola utilidad predefinida. Esto permite a niños y niñas experimentar y explorar.
Según un trabajo realizado en 1997 por la AEFJ, en colaboración con Jeffrey Goldstein, doctor en Psicología en la Universidad de Utrecht (Holanda) y el pediatra francés Julien Cohen-Solal, es recomendable que desde muy tempranas edades los niños utilicen juegos de construcciones y puzles, y que de los 6 a los 11 años se diviertan con cajas de experimentos, microscopios y construcciones complejas.
“En función de sus características y las habilidades, hay niños a los que les viene muy bien juguetes más específicos para aprender; pero a lo mejor otro niño con un juguete de construcción puede empezar desde la más tierna infancia –con dos o tres años– a ensamblar piezas y desarrollar nociones de ingeniería, algo que a lo mejor no aprendería hasta los diez años, ya con un juguete específico”, añade la experta.











