Un nuevo estudio liderado por científicos españoles revela que los dinosaurios gigantes y los mamuts se desplazaban a velocidades mucho más lentas de lo que la ciencia estimaba. Gracias a modelos basados en elefantes actuales, los investigadores han ajustado la realidad sobre cómo se movían estos colosos por nuestro planeta.
La imagen de grandes dinosaurios o mamuts corriendo a velocidades de vértigo, tan común en las películas de Hollywood, acaba de recibir un baño de realidad científica. Una investigación reciente, publicada en la prestigiosa revista Scientific Reports, ha demostrado que los animales terrestres más grandes que han existido eran, en realidad, bastante pausados.
Este trabajo ha contado con un importante sello español, ya que ha sido liderado por el geólogo Javier Ruiz, de la Universidad Complutense de Madrid, y el arqueólogo Juan Manuel Jiménez-Arenas, de la Universidad de Granada. Junto a colaboradores de universidades en Australia y Finlandia, han logrado descifrar que la masa corporal es un factor determinante que frena la velocidad máxima de una especie.
El peso como limitador de la velocidad
La clave de este estudio reside en la biomecánica. Los científicos explican que la velocidad de un animal no solo depende de sus músculos, sino de su estructura ósea y su peso. Los animales conocidos como plantígrados y graviportales —aquellos que tienen patas en forma de columna para aguantar toneladas de peso— son naturalmente más lentos que los que caminan sobre sus dedos.
El dato más revelador es que, una vez que un animal supera los 100 kilogramos, su capacidad para correr rápido empieza a disminuir a medida que engorda. El mejor ejemplo lo tenemos hoy en día con los elefantes. Aunque nos parezcan imponentes, los elefantes actuales no superan los 25 km/h, una cifra que ha servido de base para corregir los errores de cálculo que se venían arrastrando en la paleontología desde hace años.
Los errores en los modelos anteriores
¿Por qué pensábamos que eran más rápidos? Hasta ahora, los modelos matemáticos utilizados para calcular la velocidad de especies extintas mezclaban datos de animales con anatomías muy diferentes. Esto provocaba que las estimaciones fueran exageradas. Según los autores del estudio, las fórmulas tradicionales llegaban a sobreestimar la velocidad de los elefantes en un 70%.
Al aplicar estos errores a animales mucho más grandes, como los dinosaurios, los resultados eran poco realistas. Para solucionar este problema, el equipo de Ruiz y Jiménez-Arenas desarrolló nuevos cálculos basados exclusivamente en datos reales de elefantes vivos, por ser el animal que mejor representa la forma de caminar de los gigantes del pasado.
Mamuts y dinosaurios frente al cronómetro
Al aplicar este nuevo modelo, las cifras han dado un vuelco sorprendente. Por ejemplo, el famoso mamut lanudo, que pesaba unas seis toneladas, habría sido el más rápido de su familia alcanzando apenas los 20 km/h. Sin embargo, parientes más corpulentos como el Mammut borsoni, de 16 toneladas, difícilmente habrían pasado de los 15 km/h.
En el caso de los dinosaurios, los datos son aún más llamativos. El Argentinosaurus, una mole de 75 toneladas, se desplazaba a una velocidad máxima de tan solo 10 km/h. Esto significa que una persona joven caminando a paso ligero o un atleta de marcha profesional podrían haberlo adelantado sin demasiado esfuerzo. En tierras europeas, el Turiasaurus riodevensis, encontrado en Teruel, tampoco era un velocista: con sus 42 toneladas, su tope estaba en los 11,8 km/h.
El titán de Orce y la relación con los humanos
El estudio también ha puesto el foco en la cuenca de Orce, en Granada, un lugar fundamental para entender la prehistoria en España. Allí habitó el Mammuthus meridionalis, una especie que convivió con los primeros seres humanos que llegaron a esta parte de Europa.
Incluso ejemplares masivos como el llamado «Titán del Pleistoceno», hallado en el yacimiento de Fuente Nueva 3 y que pudo pesar 14 toneladas, se movían a unos 18 km/h. Estos datos son vitales para que los arqueólogos entiendan cómo interactuaban nuestros antepasados con estas bestias, cómo las cazaban o cómo evitaban sus rutas de migración.









