Según los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) publicados este 29 de abril de 2026, la región ha logrado reducir esta tasa hasta un 7,5%, una cifra que no solo es la mejor de su historia, sino que deja a la media nacional (13%) en una posición muy comprometida.
Para entender la magnitud del dato: Madrid ha conseguido que solo 7 de cada 100 jóvenes dejen los estudios antes de tiempo, mientras que en regiones como Cataluña o Castilla-La Mancha esa cifra se dispara por encima del 15%. Es decir, el abandono en Madrid es la mitad que en estas comunidades.
Un aprobado con nota frente a las exigencias de Europa
Lo que está ocurriendo en las aulas madrileñas ha pillado a muchos por sorpresa, especialmente por la velocidad del cambio. La Unión Europea marcó hace tiempo un «examen» para todos los países miembros: llegar al año 2030 con menos de un 9% de abandono escolar. Madrid no solo ha hecho los deberes, sino que ha entregado el examen cuatro años antes de tiempo y con una nota mucho mejor de la esperada.
Si miramos el retrovisor, la evolución es de las que llaman la atención. Desde que comenzó la primera legislatura de la presidenta Díaz Ayuso en 2019, este indicador ha mejorado un 36%. Pero el verdadero «acelerón» se ha dado en los últimos dos años. Mientras que en el resto de España la tasa apenas se ha movido un 0,7%, en Madrid ha caído casi 4 puntos en ese mismo periodo.

¿Qué está pasando dentro de los colegios?
Más allá de los porcentajes y las frías estadísticas de la EPA, lo que los vecinos se preguntan es qué ha cambiado en el día a día de sus hijos para que decidan no tirar la toalla con los libros. La clave parece estar en una receta que mezcla clases con menos alumnos y un refuerzo masivo de profesores.
Este curso 2025/26 ha sido el del despliegue definitivo de las ratios reducidas. Ahora mismo, en 1º de Primaria y en todo el segundo ciclo de Infantil, los grupos han pasado de tener 25 niños a solo 20. Lo mismo ha ocurrido en los tres primeros años de la ESO, donde se ha bajado de los 30 alumnos habituales a 25. Menos ruido, menos masificación y, sobre todo, una atención más cercana para ese alumno que empieza a distraerse o a tener dificultades.
2.725 nuevos profesores
Para que esas clases con menos alumnos funcionen, hacían falta más profesionales. El pasado septiembre, la educación pública madrileña dio un paso de gigante al incorporar a 2.725 nuevos docentes. Estamos hablando de un incremento del 50% en las contrataciones respecto al año anterior, una inyección de personal que busca que ningún estudiante se quede atrás.
El Gobierno regional defiende que este éxito se debe a un modelo que respeta la libertad de las familias para elegir colegio y que apuesta por una enseñanza de calidad. Al final, lo que los datos reflejan es que, cuando se ofrece un entorno educativo más personalizado y estable, los jóvenes responden quedándose en el sistema y preparándose mejor para su futuro laboral.










