Un nuevo informe científico revela que compartir el tiempo en la cocina aumenta el bienestar emocional un 232% y que el uso del móvil al comer reduce drásticamente la felicidad. Expertos en neurología y nutrición advierten que el 98% de la población ya come pegada a una pantalla, lo que perjudica la digestión y el descanso.
El estudio “La ciencia de lo que se cuece en la cocina”, presentado el 24 de febrero de 2026, concluye que el bienestar en el hogar no depende tanto del menú que hay sobre la mesa, sino de con quién lo compartimos. La investigación, en la que han colaborado la Sociedad Española de Neurología (SEN), la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), el CIBEROBN e IKEA, utiliza inteligencia artificial y equipos biométricos para medir qué siente nuestro cerebro al cocinar y comer.
El dato más impactante es que cocinar acompañados triplica la sensación de alegría, disparándola un 232% en comparación con hacerlo en soledad. Según los expertos, la presencia de otra persona transforma una tarea que podría ser rutinaria en una experiencia emocional positiva. Además, el hecho de no estar solos en la mesa reduce el sentimiento de rechazo en un 23,5%, haciendo que el acto de alimentarse deje de ser un simple trámite para convertirse en un momento de conexión real.
El impacto negativo del móvil en nuestra mesa
A pesar de los beneficios de la socialización, la realidad en los hogares españoles muestra una tendencia preocupante hacia el aislamiento digital. El estudio revela que solo el 2% de las personas logra comer sin ningún dispositivo electrónico cerca. Esta «compañía digital» no es gratuita para nuestro cerebro: el uso del teléfono móvil mientras comemos aplana las emociones positivas y reduce la alegría un 32%.
El Dr. Jesús Porta, presidente de la SEN, destaca la importancia de este hallazgo: “La colaboración de un equipo multidisciplinar ha sido clave para que este estudio no solo pueda medir de forma objetiva las emociones que se producen durante los hábitos culinarios, sino también dotar de significado a esos datos desde el conocimiento de las ciencias neurológicas, permitiéndonos evaluar el bienestar emocional asociado a la experiencia de cocinar y comer”.
Estar pendientes de las notificaciones o las redes sociales coloca al cerebro en un estado de alerta y fragmenta la atención, lo que nos impide disfrutar del sabor de los alimentos y deteriora nuestra percepción sensorial. En definitiva, el móvil genera una experiencia emocional peor que la de comer solo en silencio.
Comer con pantallas: un riesgo para la salud física

Más allá de las emociones, la digitalización de la mesa tiene consecuencias directas en el cuerpo. La investigación liderada por el CIBEROBN señala que charlar durante la comida ayuda a que comamos más despacio, lo que mejora la absorción de nutrientes y facilita la saciedad consciente. Al estar distraídos con una pantalla, perdemos las señales internas que nos dicen cuándo estamos llenos, lo que aumenta el riesgo de obesidad y fomenta la ingesta impulsiva.
Fernando Fernández-Aranda, coordinador del estudio en el CIBEROBN, es tajante al respecto: “El acto de comer no constituye únicamente una actividad relacionada con la ingesta nutricional, sino que representa un entorno para la promoción del bienestar psicológico. La presencia de dispositivos móviles durante las comidas interfiere en los procesos de interacción social, reduciendo la calidad de las relaciones interpersonales y debilitando un factor protector asociado a la cohesión social”.
El informe pone el foco en los más jóvenes y en perfiles vulnerables, quienes pasan el doble de horas frente a las pantallas y suelen comer solos con mucha más frecuencia que el resto de la población (hasta 18 veces más durante los fines de semana).











