El acoso escolar es un problema que crece en las aulas españolas. El 12,3% del alumnado asegura haber detectado casos de maltrato en sus clases, una subida notable respecto al curso anterior. La causa principal de este incremento es la irrupción del acoso digital, que ahora utiliza herramientas de inteligencia artificial para crear vídeos falsos y suplantar identidades, un nuevo y grave desafío para la convivencia.
El maltrato entre compañeros de clase lejos de desaparecer, se intensifica. El último informe anual de prevención del acoso escolar de la Fundación ANAR y la Fundación Mutua Madrileña, que recoge la opinión de más de 17.500 estudiantes, revela que el 12,3% del alumnado es consciente de situaciones de acoso escolar o ciberbullying en su entorno directo. Este dato supone un incremento significativo respecto al 9,4% registrado el año previo, y sitúa a España en niveles similares a los de países vecinos.
El estudio, que analiza las percepciones de alumnos y profesores en 163 centros de cinco comunidades autónomas durante el curso 2024-2025, muestra que si bien el acoso presencial se mantiene estable (identificado por el 6,5% de los alumnos), el ciberacoso se ha disparado. Los casos en los que la agresión ocurre simultáneamente en el mundo físico y digital (acoso mixto) se han duplicado, alcanzando el 3,6%.
La adolescencia temprana, el punto más vulnerable
Los resultados señalan que la prevalencia del acoso escolar es más alta entre los 11 y 12 años, justo en la etapa de transición a la educación secundaria. En esta edad, el riesgo afecta por igual a chicos y chicas. No obstante, las formas de agresión varían: los chicos sufren con mayor frecuencia acoso individual, mientras que las chicas demuestran una mayor vulnerabilidad en las situaciones de acoso que combinan el maltrato presencial y el online.
La crueldad adopta formas persistentes. Un preocupante 42,8% de las víctimas sufre el acoso durante meses, y un 28,2% lo padece durante más de un año. La forma de agresión más habitual sigue siendo la verbal: los insultos, motes y burlas afectan al 84,8% de las víctimas. A esto se suma el aislamiento o exclusión (44,8%) y, de forma alarmante, los golpes o patadas, que han aumentado casi nueve puntos porcentuales hasta el 30,9%.
En cuanto a los motivos, los acosadores se centran principalmente en “las cosas que hace o dice la víctima” (60,1%) y su aspecto físico (54,9%), un indicador claro de la falta de respeto a las diferencias.
La irrupción de la inteligencia artificial en el ciberacoso

La gran novedad y el foco de máxima preocupación en el informe es la incorporación de la tecnología más reciente al maltrato digital. El ciberbullying —identificado por el 2,2% del alumnado— se concentra, al igual que el acoso presencial, en los 11 y 12 años. Los medios de acoso más utilizados son WhatsApp (66,4%), Instagram (50,5%) y TikTok (49,5%).
Por primera vez, el estudio analiza el uso de la inteligencia artificial (IA), con resultados inquietantes: el 14,2% de las situaciones de ciberbullying ya implican el uso de IA. Esta tecnología se emplea, sobre todo, para crear vídeos falsos mediante la manipulación de imágenes o audio (54,8%) y para la suplantación de la identidad de compañeros (32,2%). Esto no solo aumenta la gravedad del daño, sino que también dificulta la detección por parte de las familias y el profesorado, y subraya la necesidad de una educación digital urgente.
La pasividad de los testigos
Uno de los datos más críticos del informe se relaciona con la percepción de la inacción. Más de un tercio de los estudiantes (35,1%) considera que el profesorado no hace nada ante las situaciones de acoso escolar. Este porcentaje ha subido de forma considerable (6,5 puntos) respecto al año anterior, evidenciando una brecha de confianza.
De manera paralela, casi la mitad del alumnado (47,9%) opina que sus propios compañeros tampoco intervienen. Aunque un amplio número cree que la solución pasa por ayudar o unirse a la víctima (73,2%), llama la atención que un 5,5% del alumnado opina que lo mejor es no hacer nada y quedarse callado, un porcentaje que, aunque bajo, crece ligeramente. Esta percepción de pasividad y silencio es un obstáculo fundamental para la erradicación del problema, que suele realizarse en grupo (42,6% de los casos).
Barreras para el profesorado y claves de prevención
El profesorado, por su parte, señala que el acoso es un problema complejo que se origina en la presión del grupo de amigos y el uso indebido de las redes sociales. Los docentes indican graves barreras para intervenir, destacando la falta de recursos (88,9%), la excesiva burocratización de los procedimientos (65,2%) y la escasa formación específica en el tema.
Respecto a la intervención, los docentes apuestan por fomentar la escucha, el diálogo y la comunicación con el alumnado, y trabajar el respeto a las diferencias. En este contexto, la implicación familiar es considerada esencial, destacando la necesidad de que los padres presten atención a sus hijos, eduquen en valores y fomenten un uso responsable de las tecnologías, además de servir de ejemplo para el aprendizaje por modelado. La prevención, según las fundaciones promotoras, es una tarea conjunta que exige la participación coordinada de toda la comunidad educativa.
El informe concluye que las actividades de sensibilización, como los talleres de prevención, son muy valoradas, pues el 93,6% del alumnado afirma que la formación ha sido útil. En caso de necesitar ayuda, el 78,3% de los jóvenes acudiría primero a su familia, lo que subraya la importancia capital del hogar como primer refugio y fuente de apoyo.










