Avances en la lucha contra los ‘químicos eternos’ que afectan a las aves marinas en el Mediterráneo

Las regulaciones internacionales están reduciendo la presencia de químicos tóxicos en aves marinas, pero aún queda mucho por hacer para proteger la biodiversidad y la salud humana.

¿Están los contaminantes químicos desapareciendo del Mediterráneo?

Un estudio reciente liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha ofrecido resultados esperanzadores respecto a la reducción de contaminantes en el Mediterráneo occidental. La investigación, publicada en la prestigiosa revista Environmental Pollution, pone en evidencia cómo las regulaciones internacionales, como la Convención de Estocolmo, han logrado disminuir los niveles de las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS) en la pardela cenicienta (Calonectris diomedea), una especie de ave marina que actúa como un valioso bioindicador de la salud de los ecosistemas marinos.

Estos contaminantes, conocidos por su resistencia a la degradación y su capacidad para permanecer durante décadas en el medio ambiente, han sido utilizados en una amplia variedad de productos desde los años 40. Entre los más comunes se encuentran los utensilios de cocina antiadherentes, los envases de alimentos, textiles y espumas contra incendios. Aunque estas sustancias han sido reguladas en muchos países debido a sus efectos tóxicos, siguen siendo un problema persistente.

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La importancia de la pardela cenicienta en la lucha contra los contaminantes

Las pardelas cenicientas, aves marinas que se alimentan principalmente de peces y calamares, son un recurso esencial para medir la presencia de contaminantes en los mares. Su amplia distribución y su posición elevada en la cadena alimentaria las convierten en un reflejo fiel de lo que ocurre en los ecosistemas marinos.

En este estudio, los científicos analizaron los hígados de 62 ejemplares de pardela cenicienta recogidos entre 2003 y 2022. Estos especímenes, que habían sido víctimas de la pesca accidental en el Mediterráneo occidental, ofrecieron una visión de cómo los niveles de 19 tipos de PFAS han evolucionado en las últimas dos décadas. Uno de los resultados más llamativos fue la disminución significativa en las concentraciones de ácido perfluorooctano sulfónico (PFOS), una de las PFAS más comunes y tóxicas, tras la entrada en vigor de la Convención de Estocolmo en 2009.

Regulaciones que funcionan, pero queda trabajo por hacer

Las regulaciones internacionales, como la Convención de Estocolmo, han sido clave en la reducción de los niveles de estos contaminantes en los ecosistemas marinos. En 2009, se prohibió el uso de varias de las PFAS más peligrosas, como el PFOS, en productos industriales y de consumo. A pesar de ello, los resultados del estudio muestran que el PFOS sigue siendo la sustancia más comúnmente detectada en las pardelas, lo que subraya la resistencia de estos contaminantes y la necesidad de seguir monitorizando su presencia.

Mediterráneo
Pardelas cenicientas en migración. © Pep Arcos

“La reducción de estos químicos en los últimos 20 años es un claro indicativo de que las regulaciones internacionales están teniendo un impacto positivo”, señala Begoña Jiménez, investigadora del CSIC y una de las autoras del estudio. “Sin embargo, todavía detectamos estos compuestos en aves marinas, lo que significa que hay trabajo por hacer, especialmente en lo que respecta a las fuentes no reguladas y a la producción en países en desarrollo”.

El problema de los «químicos eternos»

Los PFAS son conocidos como “químicos eternos” debido a su resistencia a la degradación en el medio ambiente. Una vez liberados, pueden permanecer en los ecosistemas durante décadas, acumulándose en la fauna y, eventualmente, en los seres humanos a través de la cadena alimentaria. El uso de estas sustancias se extendió rápidamente debido a sus propiedades repelentes al agua y a la grasa, pero sus efectos negativos sobre la salud humana y el medio ambiente han generado preocupación a nivel mundial.

A pesar de las prohibiciones, el estudio destaca un problema adicional: el aumento del uso de sustitutos químicos con propiedades similares, que a menudo no están sujetos a las mismas regulaciones estrictas. Estos sustitutos podrían representar un riesgo emergente para los ecosistemas marinos, dado que aún se desconoce su impacto a largo plazo.

Desafíos globales en la regulación de contaminantes

La investigación también pone de relieve la necesidad de una mayor cooperación internacional para hacer frente a la contaminación por PFAS. Aunque las regulaciones en Europa y otros países han avanzado significativamente, las fuentes no reguladas y la producción continua de estos compuestos en ciertos países siguen siendo un obstáculo para la eliminación definitiva de estas sustancias en el medio ambiente.

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Paula de Marcos Aragón
Paula de Marcos Aragónhttp://www.cronicanorte.es
Paula de Marcos Aragón, periodista, licenciada en Ciencias de la Información y vecina de Algete. Es redactora en Crónica Norte desde 2021.

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