¿Por qué una persona nos parece atractiva? Este el «código secreto» que rige la seducción

Según un estudio publicado en The Conversation y elaborado por los expertos de la Universidad de Granada, Federico Zurita Martínez, profesor del Departamento de Genética, y la doctora en Biología e investigadora posdoctoral Ana Belén Carrillo Gálvez, existe una base biológica profunda que explica la atracción. Estos especialistas argumentan que el impulso reproductivo, el cortejo y la elección de pareja son comportamientos que, en esencia, comparten patrones instintivos con el resto de las especies del planeta.

Señales visuales que conquistan

Las diferencias anatómicas y de comportamiento entre machos y hembras son el principal motor de la atracción. Estos son códigos muy específicos: el despliegue de un pavo real es irresistible para su pareja, mientras que una gallina no mostrará interés. Los autores del texto citan ejemplos fascinantes, como los 14.000 cantos distintos que se han descrito en pájaros, donde cada especie tiene su propio «idioma musical». Para las hembras, solo la melodía de su propia especie resulta seductora, siendo las demás irrelevantes.

En especies de mayor tamaño, como el león, la melena no solo atrae a las leonas, sino que su longitud está directamente ligada al éxito en la competencia con otros machos y a una mayor esperanza de vida reproductiva. Los estudios incluso demuestran que las crías de estos machos con espléndidas melenas disfrutan de una mayor tasa de supervivencia. De forma similar, el dorso plateado de los gorilas, provocado por una notable descarga de testosterona, actúa como una señal de madurez sexual y liderazgo, resultando irresistible para las hembras de su grupo, pero completamente ineficaz con las de chimpancé. La señal es el mensaje, pero solo para la especie correcta.

La danza evolutiva de los sentidos

La biología de la atracción implica una evolución coordinada entre los sexos. Los órganos encargados de emitir las señales en los machos evolucionan al mismo ritmo que los órganos receptores de las hembras. Ellos emiten la señal; ellas desarrollan los sentidos para interpretarla y responder de manera consecuente. Si esta «evolución concertada» se descompensa, el resultado es la extinción de la especie, un fenómeno que ha ocurrido incontables veces.

No obstante, estos sistemas naturales no siempre son perfectos. La apariencia no siempre se correlaciona con la salud reproductiva. El artículo señala el caso de un león que, a pesar de tener una melena magnífica y rugir con fuerza, podría sufrir de baja fertilidad o incluso esterilidad debido a un bajo recuento de espermatozoides. La biología nos enseña a ser cautos: lo que parece vigoroso no siempre es funcional.

El poder invisible de las feromonas

Además de los estímulos sonoros y visuales, existe un tercer componente en el lenguaje de la atracción: el lenguaje químico de las feromonas. Estas moléculas invisibles son liberadas por uno de los sexos y detectadas por el opuesto, actuando como potentes seductores. Al igual que el resto de las señales, las feromonas son específicas de especie, jugando un papel crucial en el «aislamiento reproductivo». Esto evita que una hembra gaste energía en responder a un macho de otra especie, asegurando que la cópula, de producirse, sea potencialmente productiva. Su amplia distribución en el reino animal evidencia un origen evolutivo muy antiguo y fundamental en el código de la seducción.

Nuestra compleja atracción humana

Los humanos, aunque complejos, no podemos escapar completamente a nuestra biología. La nota de prensa menciona ejemplos claros de cómo emitimos y descodificamos señales constantemente. Uno de los más tempranos y evidentes es la respuesta de los recién nacidos al olor de las secreciones de las glándulas areolares de la madre, que estimulan el reflejo natural de succión. Los bebés responden a este olor incluso antes de haber sido alimentados, facilitando la localización del pezón.

En el ámbito de la atracción adulta, se menciona la androstadienona, un derivado de la testosterona presente en fluidos corporales masculinos como el sudor. Esta es considerada una potencial feromona humana que parece estar implicada en el atractivo sexual, aunque su efecto se modula por el contexto. Es aquí donde la atracción humana adquiere una complejidad extraordinaria que nos diferencia de otras especies: la biología se entrelaza con la cultura, creando una «segunda naturaleza» que da forma a la elección de pareja.

Las señales del envejecimiento y el atractivo

El tiempo no es indulgente con las señales de vigor reproductivo. Así como un león pierde parte de su espléndida melena con la edad, volviéndose menos atractivo, los humanos también emitimos señales que evidencian la pérdida de potencial reproductivo. La simetría facial, a menudo asociada con belleza y salud, tiende a disminuir con el paso de los años. La pérdida de tersura en la piel y la flacidez muscular son factores que contribuyen a que la percepción de atractivo tienda a menguar. El envejecimiento, de alguna manera, lanza señales claras de que nuestro potencial reproductivo decae.

A estos factores biológicos se suman otros elementos cruciales en la atracción humana, como la expresión facial, el tono de voz, los recursos que posee el individuo o la salud que proyecta. La socióloga Catherine Hakim, en su obra Capital erótico: el poder de fascinar a los demás, analiza cómo todos estos aspectos influyen en la percepción de atractivo, incluyendo la cultura. La elección de pareja en los humanos es una compleja mezcla de instintos, feromonas y condicionantes culturales.

En última instancia, lo fascinante es reconocer que detrás de la persona que nos atrae se esconde una amalgama de millones de años de evolución y siglos de cultura compartida, un código de seducción profundamente arraigado en nuestro ser. El lenguaje del amor es un idioma universal en la naturaleza, pero con un dialecto único para cada especie.

Paula de Marcos Aragón
Paula de Marcos Aragónhttp://www.cronicanorte.es
Paula de Marcos Aragón, periodista, licenciada en Ciencias de la Información y vecina de Algete. Es redactora en Crónica Norte desde 2021.

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