Los disruptores endocrinos representan una de las mayores amenazas ambientales para la salud humana en el siglo XXI. Estas sustancias químicas, presentes en productos cotidianos, tienen la capacidad de alterar el sistema hormonal incluso a dosis extremadamente bajas, provocando efectos adversos que pueden manifestarse años o décadas después de la exposición inicial.
¿Qué son los disruptores endocrinos y por qué son una preocupación creciente?
Los disruptores endocrinos son sustancias químicas que, una vez dentro del organismo, alteran las hormonas. Estas hormonas son mensajeros químicos esenciales que comunican órganos como el ovario con la mama o el testículo con el cerebro, y su función es vital para el desarrollo y el correcto funcionamiento del cuerpo. A pesar de que solo existen alrededor de 50 hormonas conocidas, se estima que al menos 2,000 de los 145,000 compuestos químicos sintetizados por la ciencia humana interfieren con ellas.
Esta interferencia es preocupante porque la exposición a los disruptores endocrinos es múltiple y se produce por diversas vías, incluyendo los alimentos, el agua, los productos de cuidado personal, la ropa, los objetos de consumo doméstico e incluso el entorno sanitario. La biomonitorización europea ha encontrado concentraciones alarmantemente altas de estos compuestos en la sangre y orina de la población, lo que indica que las medidas de protección actuales no han sido efectivas y que la exposición es global e inadvertida.

¿Cuáles son las principales fuentes de exposición a disruptores endocrinos en la vida diaria?
La exposición a disruptores endocrinos es universal y se produce a través de múltiples vías. Históricamente, el residuo de pesticidas en los alimentos fue una de las primeras preocupaciones, y aunque se han prohibido algunos como el clorpirifos, la exposición a otros pesticidas sigue siendo un problema. La «orgía del plástico» es otra fuente masiva, presente en envases alimentarios, agua embotellada, textiles (como el poliéster en la ropa), y materiales de construcción como suelos de PVC y resinas epoxi. Los productos de cuidado personal y cosméticos son una fuente muy relevante, con ingredientes como ftalatos, parabenos, benzofenonas, siliconas, alquilfenoles, fragancias y microplásticos. Incluso en el medio sanitario, especialmente en unidades de cuidados intensivos pediátricos, la exposición a plásticos es significativa. Además, el polvo doméstico, que acumula fibras textiles, fragancias y retardantes de llama, también contribuye a la exposición, especialmente en niños y mascotas.

¿Qué consecuencias para la salud se asocian con la exposición a disruptores endocrinos?
Las consecuencias de la exposición a disruptores endocrinos son diversas y preocupantes. Se han vinculado con trastornos reproductivos, como endometriosis, pubertad precoz, alteraciones de órganos reproductivos, infertilidad y problemas en el embarazo (bajo peso al nacer, malformaciones). También se asocian con el desarrollo de cáncer en órganos hormonodependientes, como el cáncer de mama, ovario, útero, pulmón, laringe, vejiga y mieloma múltiple. Además, se han observado efectos sobre el comportamiento, incluyendo déficit de atención, hiperactividad y autismo. Otros problemas de salud incluyen la obesidad, la diabetes, la disminución de la función pulmonar, asma, dermatitis, depresión, Alzheimer y demencia prematura. El «efecto cóctel», donde la exposición a múltiples compuestos a dosis bajas produce un efecto combinado significativo, es una de las mayores tragedias, ya que la toxicología reguladora europea no lo considera adecuadamente.
. ¿Qué recomendaciones prácticas se ofrecen para reducir la exposición a disruptores endocrinos tanto a nivel personal como laboral?
Para reducir la exposición, se sugieren varias recomendaciones prácticas:
- En el hogar: Priorizar el agua del grifo sobre la embotellada, evitar el uso excesivo de plásticos en envases alimentarios, optar por ropa de fibras naturales como el algodón o el lino, y ventilar los espacios para reducir la acumulación de polvo con microplásticos y químicos. Se desaconseja el uso de ambientadores y fragancias artificiales.
- Productos de cuidado personal y cosméticos: Usar productos con menos componentes, buscar aquellos etiquetados como «0% parabenos», «0% ftalatos», etc. Aunque no siempre se garantice una ausencia total de disruptores, indica una intención del fabricante. En particular, se recomienda elegir protectores solares minerales (óxido de titanio, dióxido de zinc) que no sean «nano» y, sobre todo, evitar la exposición directa al sol en horas pico.
- En el ámbito laboral (peluquería, manicura):Productos menos tóxicos: Utilizar esmaltes de uñas sin ftalatos, tolueno ni formaldehído; quitaesmaltes sin butilo ni acetato de metílico; lacas en spray de baja emisión; y alisadores de pelo sin formaldehído ni glicol metilo.
- Ventilación: Mejorar la ventilación del salón, abrir puertas y ventanas, y usar sistemas de extracción o mesas de uñas con ventilación particular.
- Equipos de protección: Emplear guantes de neopreno, vitrilo o nitrilo (evitar los de vinilo/PVC por su contenido en ftalatos) y mascarillas con filtro químico de carbón activo o mascarillas N95 cuando sea necesario.
- Manejo de productos y residuos: Cerrar todos los productos volátiles cuando no se usen, usar cubos de basura con cierre, y gestionar adecuadamente los residuos peligrosos.
- Prácticas laborales: Cortar el pelo antes de aplicar el tinte para reducir la exposición, realizar lavado habitual de manos y evitar servicios si se experimentan síntomas sospechosos.