El país vivirá tres eclipses de Sol consecutivos entre 2026 y 2028, algo que no ocurría desde hace más de un siglo. El fenómeno, explicado con detalle por el Instituto Geográfico Nacional (IGN), combina ciencia milenaria y una cita astronómica que muchos vecinos no querrán perderse.
Pocas veces el cielo regala tres oportunidades seguidas para presenciar un eclipse de Sol desde el mismo país. Sin embargo, eso es justo lo que le espera a España en los próximos años. Según los datos del Instituto Geográfico Nacional (IGN), el 12 de agosto de 2026 se producirá un eclipse total que alcanzará su punto máximo en el oeste de Islandia antes de cruzar el norte de España. Apenas un año después, el 2 de agosto de 2027, la banda de totalidad pasará por el sur del país y el norte de África, con su punto culminante en Egipto. Y para cerrar la serie, el 26 de enero de 2028 llegará un eclipse anular que recorrerá España y el sur de Portugal, con el máximo situado en la Guayana Francesa.
Esta secuencia no es casual, pero tampoco habitual. Ver un eclipse total desde un punto concreto de la Tierra es, estadísticamente, un suceso poco frecuente: la franja de totalidad —la zona desde la que se aprecia el fenómeno en su plenitud— suele medir unos 200 kilómetros de ancho y 12.000 de largo, lo que apenas cubre una fracción mínima de la superficie terrestre. Por eso, el propio IGN señala que se necesitan alrededor de 200 eclipses para cubrir todo el planeta, y que, dado que se produce uno total cada 1,6 años de media, un mismo lugar solo vuelve a disfrutar de la totalidad cada 300 años aproximadamente. Contar con tres citas en apenas 24 meses convierte a este periodo en algo verdaderamente excepcional para quienes vivan en España o decidan desplazarse para presenciarlo.
Por qué los eclipses no ocurren cualquier día
Para entender por qué estos fenómenos se agrupan de esta manera, hay que fijarse en el movimiento de la Luna. Los eclipses solo pueden producirse cuando el Sol y la Luna se alinean con los llamados nodos de la órbita lunar, algo que sucede en periodos concretos conocidos como estaciones de eclipses, separadas entre sí por unos 173 días. Esto hace que, en la práctica, cada año se concentren dos, y en ocasiones tres, de estas estaciones, dando lugar a entre cuatro y siete eclipses anuales —contando los solares y los lunares—.
A lo largo de todo este siglo se contabilizarán 223 eclipses de Sol, de los cuales 68 serán totales, 72 anulares, 7 mixtos y el resto parciales. A esto se suman 230 eclipses de Luna. Son cifras que pueden parecer elevadas, pero que responden a una mecánica orbital muy precisa, estudiada y documentada desde hace siglos.
El saros, el calendario que ya usaban los babilonios
Aunque a simple vista las fechas de los eclipses parezcan aleatorias, en realidad siguen un ciclo muy antiguo llamado saros, de unos 18 años y 11 días de duración. Transcurrido ese tiempo, el Sol y la Luna vuelven a situarse en una posición casi idéntica respecto a la Tierra, por lo que se repite un eclipse en condiciones similares, aunque no exactamente igual: al durar el saros un tercio de día más que un número entero de jornadas, el nuevo eclipse se observa desde una franja distinta del planeta.
Este conocimiento no es nuevo. Ya lo manejaban los babilonios, y también dejaron constancia de cálculos similares civilizaciones como los mayas, los mexicas, la antigua China y la India. El propio término «saros» fue rescatado en el siglo XVII por el astrónomo Edmond Halley, aunque más tarde el astrónomo francés Guillaume Le Gentil advirtió que el nombre no se correspondía exactamente con lo que los caldeos entendían originalmente por ese periodo. Pese a esa imprecisión histórica, la palabra caló y hoy sigue siendo la referencia habitual entre los astrónomos.
Junto al saros, otras culturas desarrollaron métodos propios para predecir estos fenómenos: el griego Cleostrato ideó el octaeteris, de ocho años; Metón de Atenas propuso su célebre ciclo de 6.940 días; Calipo de Cícico perfeccionó ese cálculo, y el astrónomo Hiparco de Nicea llegó a diseñar un ciclo de más de 126.000 días con una precisión notable para la época.

España, testigo habitual de estos fenómenos
El territorio español no es ajeno a este tipo de espectáculos celestes. El siglo XX dejó ya un precedente destacado: el 30 de agosto de 1905, España fue el único país europeo que vivió el máximo de un eclipse total. Décadas después, en 1999, el célebre eclipse del 11 de agosto se vio como parcial desde buena parte del territorio, mientras la totalidad recorría el centro de Europa.
Ya en este siglo, el 3 de octubre de 2005 un eclipse anular atravesó España y el norte de Portugal. Y más adelante, tras la trilogía de 2026 a 2028, el fenómeno volverá a repetirse: en 2053, un nuevo eclipse total cruzará de nuevo el sur del país, y en 2075, otro eclipse anular comenzará a verse desde Cataluña y Baleares.
¿Tienen fecha de caducidad los eclipses totales?
Más allá del calendario a corto plazo, el IGN plantea una cuestión que sorprende a muchos: los eclipses totales de Sol no serán eternos. Esto se debe a que la Luna se aleja poco a poco de la Tierra, a un ritmo medido con precisión gracias a los espejos que dejaron las misiones Apollo en su superficie: unos 3,8 centímetros por año. Este alejamiento tiene su origen en las mareas: la fricción que provoca el abultamiento de los océanos frena ligeramente la rotación terrestre y, como consecuencia, acelera la órbita lunar, empujando a nuestro satélite cada vez más lejos.
A medida que la Luna se aleje, su tamaño aparente en el cielo irá reduciéndose, hasta que llegue un momento en que ya no sea capaz de cubrir por completo el disco solar. Aun así, no hay motivo para alarmarse: se trata de un proceso extremadamente lento. Si el ritmo actual se mantuviera constante, todavía quedarían 600 millones de años de eclipses totales por delante; y como se prevé que el alejamiento se irá frenando con el tiempo, los cálculos más recientes elevan esa cifra hasta más de 1.000 millones de años.
Una oportunidad que conviene no dejar pasar
Con estos datos sobre la mesa, la conclusión práctica para cualquier vecino aficionado a mirar al cielo es sencilla: la próxima década ofrecerá en España varias ocasiones únicas para presenciar un eclipse solar sin necesidad de viajar al otro extremo del mundo. El eclipse de agosto de 2026, que cruzará el norte peninsular, será el primero de esta serie histórica, seguido por el de 2027 en el sur y el anular de 2028. Teniendo en cuenta que, como recuerda el propio IGN, la totalidad solo vuelve a un mismo punto de la Tierra cada varios siglos, contar con tres citas en tan poco tiempo es, sin duda, un motivo para reservar ya esas fechas en el calendario.










