Más de 16.000 personas en España conviven con miastenia gravis, una enfermedad que dificulta desde abrir los ojos hasta respirar

La miastenia gravis no es una enfermedad conocida por el gran público, pero sus consecuencias son profundas. Se trata de una dolencia neuromuscular crónica de origen autoinmune que interrumpe la comunicación entre los nervios y los músculos, provocando una debilidad muscular que va y viene, y una fatiga que puede ser muy limitante. Lo que la hace especialmente dura es que ataca precisamente a los músculos que usamos para las acciones más cotidianas: abrir los ojos, ver con nitidez, hablar, masticar, tragar, caminar o respirar.

Según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), más de 16.000 personas padecen esta enfermedad en España, y cada año se suman más de 1.000 nuevos diagnósticos. Con motivo del Día Mundial de la Lucha contra la Miastenia Gravis, que se celebra el 2 de junio, los especialistas aprovechan para poner el foco en una patología que todavía tarda demasiado en detectarse.

Los síntomas pueden confundirse fácilmente con otras enfermedades

Uno de los grandes problemas de la miastenia gravis es que sus señales de alerta no son fáciles de identificar, ni siquiera para los médicos. En la mayoría de los casos, la enfermedad comienza con síntomas exclusivamente oculares: la caída de uno o ambos párpados y la visión doble son las manifestaciones más habituales al inicio. Pero lo complicado es que estos síntomas fluctúan: empeoran con el esfuerzo físico y a lo largo del día, y mejoran con el descanso.

El Dr. Francisco Javier Rodríguez de Rivera, coordinador del Grupo de Estudio de Enfermedades Neuromusculares de la SEN, lo explica así: «Hay pacientes que pasan meses o incluso años hasta recibir un diagnóstico correcto, especialmente cuando los síntomas iniciales son leves, fluctuantes o se limitan a un grupo muscular concreto».

El resultado es que en España el retraso diagnóstico puede superar el año y, en algunos casos, alcanzar los tres años. Un tiempo precioso que se pierde para comenzar el tratamiento, controlar los síntomas y evitar complicaciones.

La enfermedad puede generalizarse y volverse más grave

Aunque en sus primeras fases la miastenia gravis suele limitarse a los ojos, en más de la mitad de los casos evoluciona hacia una forma generalizada, principalmente durante los dos primeros años. Cuando eso ocurre, puede afectar a la musculatura de la cara, la garganta, el cuello, las extremidades e incluso la respiración.

El impacto varía mucho de unas personas a otras. Algunos pacientes tienen síntomas leves y manejables; otros enfrentan una discapacidad importante. Los datos lo ilustran con claridad: el 55% de los pacientes tiene dificultades para caminar, el 47% para comer y el 48% para respirar. Además, el 70% sufre caída de párpados y visión doble de forma habitual.

La crisis miasténica, la complicación más temida

La complicación más grave de esta enfermedad es la llamada crisis miasténica, una urgencia médica que se produce cuando la debilidad muscular afecta a la respiración o a la capacidad de tragar. Entre el 15% y el 20% de los pacientes experimentará al menos una crisis miasténica a lo largo de su vida con la enfermedad, generalmente durante el primer año. En algunos casos, esta crisis puede ser incluso la primera señal de que la enfermedad existe.

Quiénes tienen más riesgo de desarrollarla

La miastenia gravis puede aparecer a cualquier edad y en hombres y mujeres, aunque con diferencias según el momento de la vida. En personas jóvenes, especialmente menores de 40 años, es más frecuente en mujeres. A partir de edades más avanzadas, son los hombres quienes la desarrollan con mayor frecuencia. Entre un 10% y un 15% de los casos se diagnostican en niños y jóvenes.

Sin embargo, el perfil más habitual hoy en España es el de personas mayores de 50 años. De hecho, la miastenia de inicio tardío es actualmente la forma más frecuente de presentación de la enfermedad en nuestro país, un fenómeno que los especialistas asocian tanto a la mejora en las herramientas diagnósticas como al envejecimiento de la población.

El peso emocional y social de vivir con esta enfermedad

La miastenia gravis no solo limita el cuerpo. Su impacto se extiende a la vida emocional, familiar y laboral de quien la padece. Un 44% de los pacientes desarrolla ansiedad y un 27% depresión. Además, más del 50% puede verse obligado a reducir su jornada laboral o a abandonar el trabajo por la discapacidad que genera la enfermedad. Hasta un 29% puede llegar a necesitar cuidados a tiempo completo o parcial.

Los tratamientos actuales permiten mejorar, pero no curar

Hoy por hoy no existe ningún tratamiento que cure la miastenia gravis, pero sí hay opciones que permiten controlar los síntomas y mejorar la calidad de vida. Gracias a los avances de los últimos años, incluidas nuevas terapias dirigidas específicamente a la enfermedad, alrededor del 90% de los pacientes diagnosticados pueden experimentar una mejoría, y el 70% puede llevar una vida normal o casi normal.

No obstante, no todos responden igual. La SEN estima que un 8,5% de los pacientes son farmacorresistentes, es decir, que su enfermedad no responde bien a los tratamientos disponibles. Para ellos, la situación implica síntomas persistentes, mayor riesgo de hospitalización y una carga de discapacidad más elevada. Por eso, los especialistas insisten en que la investigación debe continuar.

Un coste elevado para pacientes y sistema sanitario

Más allá del sufrimiento personal, la miastenia gravis supone también una carga económica significativa. Según el Libro Blanco sobre el retorno social de la inversión en la optimización del manejo de la miastenia gravis en España, el coste anual promedio por paciente ronda los 11.000 euros, aunque en los casos más graves puede superar los 38.000 euros al año.

El mismo informe señala que invertir en mejorar la atención sanitaria y la formación de los profesionales podría mejorar un 15% la calidad de vida de los pacientes y, al mismo tiempo, triplicar el retorno de la inversión para el sistema.

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Paula de Marcos Aragón
Paula de Marcos Aragónhttp://www.cronicanorte.es
Paula de Marcos Aragón, periodista, licenciada en Ciencias de la Información y vecina de Algete. Es redactora en Crónica Norte desde 2021.

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