¿Formarse más o formarse mejor?

Hace unos días un tuit se hacía relativamente viral. La típica discusión acerca de las materias impartidas en la escuela. El debate sobre la educación y el currículo escolar nunca pasa de moda. Siempre habrá alguien que piense que los niños aprenden de más, otros que aprenden de menos. Que añadirían esta o esa asignatura, o que quitarían aquella otra.

La realidad es que todas las asignaturas que existen actualmente han sido exhaustivamente estudiadas por pedagogos, y sería una osadía por nuestra parte poner en duda su trabajo sin disponer del conocimiento necesario para participar con conocimiento de causa en el debate.

Lo peor de todo es que normalmente siempre mencionamos cosas que ya se enseñan, e incluso las que no se enseñan, más que una nueva asignatura bien podría formar parte del temario de alguna ya existente, o de varias. Más bien de varias, porque la mayoría de las sugerencias se tratan de contenidos trasversales que trabajamos a través de distintas materias.

¿Cuándo termina nuestra formación?

La educación de los más pequeños, niños, adolescentes y jóvenes es fundamental. En eso estamos todos de acuerdo. Nos marca en gran medida durante nuestra adultez y nos proporciona herramientas vitales para relacionarnos en sociedad. Eso de que la mayoría de los problemas provienen de una falta de educación de raíz no es un mito, en absoluto. Pero eso de que nuestra formación termina en la escuela sí que lo es.

Y no es que en España nos caractericemos por no darle valor la formación académica no obligatoria. Para no ser un país meritocrático como Corea del Sur, cada año más de 10.000 estudiantes acceden a las pruebas de acceso a la Universidad. Y eso sólo en la Universidad Autónoma de Madrid. Pero ya no hablamos sólo de estudios superiores. No hay español que no se haya hecho un curso de 200 horas de la naturaleza más absurda con el fin de engrosar su currículum.

Sin embargo, la tendencia a la titulitis en este país no parece trasladarse a otro tipo de formación más orientada a gestionar nuestra vida que a conseguir trabajo. Ese tipo de formación que cuando te sientes carente de ella, te hace echarle la culpa a que no lo aprendiste en el colegio.

Nunca es tarde para adquirir nuevos conocimientos

Una de las más evidentes es la nutrición. Porque no, con lo que puedas estudiar en educación física no es suficiente. No podemos poner un aspecto tan importante para nuestra salud en manos de lo puedas aprender en la enseñanza obligatoria. Sobre todo, teniendo en cuenta que nuestras necesidades nutricionales cambian.

Pero no es la única. La inteligencia financiera es otra de las asignaturas pendientes en nuestra vida. Una muy lesiva, teniendo en cuenta que la falta de ella no hace más que agrandar la brecha de desigualdad. Por suerte, cada vez son más los que se interesan por un curso de Forex, IBEX y de otros mercados financieros desconocidos para el ciudadano de pie.

Y es que al final todos vivimos en una burbuja formada por las enseñanzas de los que nos rodean. El que tenga padres deportistas habrá tenido la oportunidad de aprender nutrición de forma pasiva, de la misma forma que el que provenga de una familia adinerada haya crecido entre conversaciones sobre como invertir.

Nuestra experiencia vital es un ciclo formativo en si mismo. Pero nuestro deber es no acomodarnos en lo que ya sabemos y aprender aquellas cosas que nos sean útiles como individuos aislados y como ciudadanos en un mundo conectado y globalizado.

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