Para que las frutas y verduras que compras mantengan su valor nutricional y la salud es necesario guardarlas bajo ciclos de luz-oscuridad hasta que se cocinen o se coman, según una investigación publicada este jueves en la revista ‘Current Biology’.
«Las verduras y frutas, incluso después de la cosecha, pueden responder a las señales de luz y por lo tanto cambiar su biología en formas que puedan afectar el valor de la salud y la resistencia de los insectos», explica Janet Braam, de la Universidad de Rice, en Houston, Texas, Estados Unidos. «Tal vez deberíamos guardar nuestras verduras y frutas bajo ciclos de luz-oscuridad hasta el momento en que cocinar y comer para aumentar su valor para la salud», añade.
Braam y sus colegas encontraron previamente que las plantas cultivadas en el laboratorio cambian su fisiología de manera importante a lo largo de la jornada, impulsada por los ritmos circadianos. Se sospecha que los cultivos alimentarios podrían hacer algo similar, tal vez, incluso después de que hayan sido recolectadas en el campo.
El equipo de Braam ahora muestra que después de la cosecha, verduras y frutas pueden, de hecho, seguir percibiendo luz y, como consecuencia, sus relojes biológicos continúan funcionando. Eso es una ventaja para las plantas, ya que les permite alterar los niveles de sustancias químicas importantes que los protegen de ser comidas por los insectos y otros herbívoros, según hallaron los investigadores, quienes señalan que cuando las personas las comen, algunos de esos mismos fitoquímicos proporcionan efectos anticáncer.
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