Garrapatas en Madrid, la amenaza silenciosa que acecha en el campo cada primavera

Actúan como parásitos de diferentes animales silvestres y domésticos, especialmente perros, y pueden transmitir enfermedades potencialmente graves

Hay algo que ocurre cada primavera en los montes, senderos y parques naturales de la Comunidad de Madrid que pasa completamente desapercibido para la mayoría de los excursionistas: las garrapatas entran en actividad. Con la subida de las temperaturas, estos pequeños arácnidos se multiplican y buscan huésped con una eficacia inquietante. Se quedan quietos, aferrados a la hierba alta o a las ramas bajas, esperando que un animal o una persona roce la vegetación para engancharse.

No pican como un mosquito. No duelen. No se notan. Y ahí está precisamente el peligro: una garrapata puede permanecer adherida a tu piel durante horas o días sin que lo sepas, mientras se alimenta de tu sangre y, en algunos casos, te transmite enfermedades que pueden complicarse seriamente si no se detectan a tiempo.

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No es solo un «bichito»: las enfermedades que puede transmitir

Este es el dato que más sorprende a quienes nunca le han dado importancia al tema. Una garrapata no es un simple parásito molesto: es un vector capaz de transmitir enfermedades potencialmente graves al ser humano. Entre ellas, las autoridades sanitarias destacan cuatro:

  • La borreliosis o enfermedad de Lyme, que puede afectar a las articulaciones, el sistema nervioso y el corazón si no se trata.
  • La fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, una enfermedad vírica de especial gravedad.
  • La rickettsiosis, infección bacteriana que cursa con fiebre y erupciones cutáneas.
  • La anaplasmosis, otra infección bacteriana que puede requerir hospitalización en casos severos.

Ninguna de estas enfermedades es inevitable ni alarmante si se actúa con sentido común. Pero conviene saber que existen, porque el primer paso para protegerse es tomárselo en serio.

La ropa es tu primera línea de defensa

Antes de ponerse las botas de monte, hay una decisión sencilla que marca una gran diferencia: elegir bien qué llevar puesto. Los agentes forestales madrileños tienen muy claro el consejo: ropa de colores claros —blanco, beige, gris claro— para poder detectar visualmente cualquier garrapata que se enganche a la tela antes de que llegue a la piel.

Pero el color no es lo único importante. La cobertura del cuerpo también cuenta: manga larga, pantalón largo, calcetines altos y calzado cerrado. Puede parecer incómodo en un día caluroso, pero es la barrera física más eficaz y la más barata. Meter el pantalón dentro del calcetín —por muy poco estético que resulte— es un truco especialmente útil para evitar que las garrapatas asciendan por las piernas sin ser vistas.

Completar esta protección con un repelente autorizado aplicado sobre la ropa y las zonas expuestas de la piel añade una capa extra de seguridad que los expertos recomiendan especialmente en rutas con vegetación densa.

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Cómo moverte por el campo para minimizar el riesgo

La forma de caminar también importa. Las garrapatas no saltan ni vuelan: esperan en la vegetación y se agarran al primer contacto. Por eso, caminar por el centro del sendero, lejos de los márgenes con hierba alta o arbustos, reduce significativamente las posibilidades de encuentro.

Otra costumbre habitual que conviene reconsiderar: sentarse en el suelo en zonas con vegetación abundante. Un descanso en medio del monte es tentador, pero si la hierba es alta, ese momento de pausa puede ser suficiente para que varios de estos parásitos encuentren el camino hacia tu ropa o tu piel.

La revisión al volver a casa: el momento más importante

Muchas picaduras podrían evitarse si se hiciera una cosa simple y sistemática al regresar de cualquier salida al campo: revisar el cuerpo de arriba abajo, sin prisa y con atención. Las garrapatas tienen preferencia por zonas cálidas y resguardadas, así que hay que prestar especial atención a axilas, ingles, cuero cabelludo, ombligo y detrás de las rodillas. En los niños, también la nuca y detrás de las orejas.

Esta revisión debe extenderse a los animales de compañía, especialmente los perros, que suelen ser los primeros en entrar en contacto con la vegetación durante una excursión. Revisar su pelo con cuidado, zona a zona, es tan importante como hacerlo con los humanos del grupo.

Y la ropa no hay que olvidarla: lavarla con agua caliente nada más llegar a casa elimina cualquier garrapata que haya podido quedarse en las prendas sin haber llegado a adherirse a la piel.

Si encuentras una garrapata: calma, pinzas y técnica

Descubrir una garrapata adherida a la piel es un momento que genera bastante alarma, pero lo más importante es no actuar con precipitación. La forma en que se extrae marca la diferencia entre hacerlo bien y complicar la situación.

El procedimiento correcto, según los agentes forestales, es el siguiente: unas pinzas de punta fina, colocadas lo más cerca posible de la piel, y un tirón firme, continuo y perpendicular a la superficie. Sin girar, sin aplastar, sin movimientos bruscos. Una vez extraída, limpiar bien la zona con agua y jabón.

Lo que no hay que hacer es igual de importante. Alcohol, aceite, vaselina o cualquier otro remedio casero aplicado sobre la garrapata están completamente desaconsejados: lejos de ayudar, pueden provocar que el parásito regurgite, aumentando el riesgo de transmisión de enfermedades. Si no es posible extraerla correctamente en casa, la opción es ir a un centro de salud sin intentar forzarla.

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Los días siguientes: cuándo hay que preocuparse de verdad

La historia no termina con la extracción. Durante los siete a catorce días posteriores a una picadura, conviene estar atento a cualquier señal que el cuerpo pueda dar. Los síntomas que deben encender todas las alarmas son fiebre, dolor de cabeza, cansancio inusual o cualquier alteración en la piel alrededor de la zona de la picadura, como enrojecimiento, erupción o la aparición de un halo circular característico de la enfermedad de Lyme.

Si aparece cualquiera de estas señales, la indicación es clara: acudir al médico e informarle de que ha habido una picadura de garrapata. Con esa información, el profesional sanitario puede actuar de forma rápida y eficaz.

Los perros, en el punto de mira

Los perros son, con diferencia, los animales domésticos más expuestos a las garrapatas. Su cercanía con el suelo y su tendencia natural a meterse entre la vegetación los convierte en huéspedes muy habituales de estos parásitos. Por eso, mantener al día su tratamiento antiparasitario antes de cualquier salida al campo no es opcional: es la medida más eficaz para protegerlos.

Pipetas, collares antiparasitarios o comprimidos preventivos son las opciones más habituales. El veterinario es quien mejor puede orientar sobre cuál es la más adecuada según el tamaño, la raza y los hábitos del animal. Al volver de una excursión, la revisión del perro debe ser tan minuciosa como la de cualquier miembro de la familia.

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Paula de Marcos Aragón
Paula de Marcos Aragónhttp://www.cronicanorte.es
Paula de Marcos Aragón, periodista, licenciada en Ciencias de la Información y vecina de Algete. Es redactora en Crónica Norte desde 2021.

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