El parque de Juan Carlos I de Madrid vuelve a lucir en todo su esplendor tras la rehabilitación integral de la ‘Estancia de las delicias’, el emblemático jardín árabe que ha recuperado su diseño original. Con la plantación de 300 nuevos árboles y 2.000 arbustos, este rincón madrileño recobra sus aromas y fuentes para ofrecer de nuevo un refugio de paz y convivencia cultural.
El noreste de Madrid celebra la recuperación de uno de sus espacios verdes más singulares. Tras los graves daños sufridos por el temporal Filomena, el Ayuntamiento ha culminado una ambiciosa reforma en el jardín árabe del parque de Juan Carlos I Esta intervención no solo ha servido para reparar lo dañado, sino para devolver a los vecinos la posibilidad de pasear por un entorno que recrea la esencia de los oasis antiguos. La actuación ha sido profunda, centrada en devolver la armonía a la conocida como ‘Estancia de las delicias’, un lugar donde la arquitectura y la naturaleza se dan la mano.
Para lograr este objetivo, se han introducido cerca de 300 nuevos ejemplares arbóreos, destacando la presencia de 250 cipreses en seto que delimitan los espacios con elegancia. El aire del parque ahora también se impregna del aroma de 20 naranjos y 12 ejemplares de nísperos, árboles del amor y aligustres, que aportan color y sombra a los senderos. Pero la riqueza botánica no se queda ahí; más de 2.000 arbustos, entre los que destacan variedades de rosales, jazmines y trepadoras, han sido plantados para despertar los sentidos de quienes buscan un respiro del asfalto madrileño.
Restauración de elementos constructivos y sistemas modernos
Más allá de la evidente mejora en la vegetación, la rehabilitación ha abordado problemas estructurales que afectaban a la funcionalidad del recinto. Los muretes de ladrillo, que presentaban un estado de deterioro avanzado, han sido demolidos y reconstruidos fielmente siguiendo el diseño original. Del mismo modo, se ha llevado a cabo una rehabilitación estructural de la fuente central de mármol, el corazón de este jardín, y se han renovado los azulejos y elementos ornamentales que dotan al espacio de su identidad característica.
La modernización también ha llegado a lo que no se ve a simple vista. Se han sustituido por completo las instalaciones de riego y el alumbrado, mejorando la eficiencia y garantizando la supervivencia de las nuevas especies plantadas. El delegado de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad, Borja Carabante, subrayó durante su visita al recinto que esta actuación «ha devuelto al jardín su armonía original y su carácter como espacio de contemplación y disfrute para los madrileños». Además, Carabante incidió en que estos trabajos sobre la vegetación y los elementos constructivos «garantizan que el jardín árabe siga siendo un símbolo de convivencia entre culturas y de respeto por el patrimonio natural y cultural».

El simbolismo de la estancia de las delicias
El jardín árabe no es una zona verde común; es un homenaje contemporáneo a la historia de España. Su diseño se basa en el concepto de chahar bagh, una tradición de raíces persas que divide el espacio en cuatro cuadrantes que simbolizan el universo. En este esquema, el agua es el hilo conductor. A través de acequias, el líquido elemento fluye desde la fuente central hacia dos grandes albercas, generando un sonido relajante que aísla al visitante del bullicio exterior.
Este rincón forma parte del Jardín de las Tres Culturas, ideado por la paisajista Myriam Silber Brodsky. Inaugurado originalmente en 1992, coincidiendo con la Capitalidad Europea de la Cultura, este enclave busca representar la convivencia histórica entre judíos, cristianos y musulmanes. La ‘Estancia de las delicias’ se presenta como un refugio de perfección donde el ser humano y la naturaleza conviven en equilibrio, utilizando cuatro torretas-palomares para delimitar un recinto que invita al recogimiento y la reflexión.
Un pulmón tecnológico con historia
El parque de Juan Carlos I, con sus 150 hectáreas de extensión, se consolida como uno de los pulmones más vanguardistas de la capital. Aunque hoy lo conocemos por su diseño moderno e inteligente, los terrenos sobre los que se asienta tienen un pasado ligado al Olivar de la Hinojosa. Esta antigua finca agrícola del siglo XVIII, vinculada al tesoro de Felipe V, estaba dedicada originalmente al cultivo de cereal, vid y olivo.
Hoy, esa herencia se mezcla con la modernidad. El Jardín de las Tres Culturas se articula en torno a una plataforma elevada que representa el paraíso, presidida por el Árbol de la Vida. Desde este punto neurálgico se ramifican los tres espacios simbólicos: el judío o ‘Vergel de granados’, el cristiano o ‘Claustro de las cantigas’ y el ahora renovado jardín árabe.









