Rescatan 95 variedades de uva centenarias que se creían extintas, 22 de ellas en Madrid

Durante más de diez años, investigadores del Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario (IMIDRA) han rastreado viñedos, huertas y colecciones botánicas de toda España en busca de algo que muchos daban por perdido: variedades de uva que llevan siglos formando parte del paisaje agrícola del país pero que, con el paso del tiempo, habían caído en el olvido.

El resultado de ese esfuerzo tiene nombre propio: Minorvín, un proyecto que arrancó en 2013 y que ha sido desarrollado junto a otros 15 centros de investigación de todo el país. El balance final habla por sí solo: 95 variedades de vid centenarias recuperadas que se creían desaparecidas, de las cuales 22 han sido localizadas en la Comunidad de Madrid.

Trece variedades que nadie esperaba encontrar

De los 22 ejemplares madrileños identificados, nueve ya figuraban en la Colección de Variedades de Vid que el gobierno regional mantiene en la finca experimental de El Encín, en Alcalá de Henares: Benedicto, Cadrete, Castellana Blanca, Hebén, Morate, Romé, Salvador, Tinto de Navalcarnero y Verdejo de Salamanca.

Pero las sorpresas vinieron con las otras trece variedades de las que no existía constancia previa en la región: Azargón, Brustiano Faux, Crepa, Botón de Gato, Cornigacho, Granadera, Jarrosuelto, Montonera, Rubeliza, Tazazonal, Terriza, Tinto Bastardo y Tortozona Tinta. Ninguna de ellas estaba registrada ni catalogada en Madrid hasta ahora.

Una uva llamada Hebén llama a la puerta de los vinos de Madrid

Uno de los hallazgos más relevantes del proyecto es la uva Hebén, recientemente localizada en una huerta privada de la región. Tras verificar su procedencia, el IMIDRA ha dado un paso importante: ha solicitado su inclusión en el Registro Nacional de Variedades Vegetales. Si la solicitud prospera, esta variedad podría ser utilizada en la elaboración de vinos amparados por la Denominación de Origen (D.O.) Vinos de Madrid.

Actualmente, esta denominación reconoce siete tipos de uva blanca autorizados: malvar, airén, albillo, viura, parellada, torrontés y moscatel de grano menudo, además de las variedades destinadas a vinos rosados y tintos. En total, la D.O. Vinos de Madrid engloba 5.898 hectáreas de viñedo, distribuidas entre 45 bodegas y trabajadas por 2.760 viticultores en cuatro subzonas: Arganda, Navalcarnero, San Martín de Valdeiglesias y El Molar.

Resistencia a la sequía, su gran baza de futuro

Más allá del valor histórico o sentimental, estas variedades recuperadas tienen un interés muy práctico. A lo largo de los años de investigación, los científicos han analizado cada uno de los ejemplares para evaluar su capacidad de adaptación a condiciones climáticas extremas, especialmente a la sequía, algo que preocupa cada vez más al sector agrícola.

Los estudios también han medido su resistencia frente a las principales enfermedades que afectan a los viñedos, como el mildiu y el oidio, dos de los grandes enemigos de los cultivos de vid. Los resultados apuntan a que varias de estas variedades podrían convertirse en una alternativa real para los agricultores en los próximos años, al tiempo que permitirían diversificar la producción vinícola española y enriquecer la oferta de la industria.

El Encín, guardián de la segunda colección de vid más importante de Europa

Buena parte de estos tesoros vegetales se conserva en la finca de El Encín, en Alcalá de Henares, sede de dos instalaciones únicas: la Colección de Variedades de Vid —considerada la segunda más importante de toda Europa— y el Museo Ampelográfico, dedicado al estudio y la catalogación de la vid.

Esta colección tiene sus orígenes en 1950, cuando se unificaron varias colecciones dispersas por distintos puntos del país. Desde entonces no ha dejado de crecer, incorporando muestras de zonas vitícolas tanto nacionales como internacionales, hasta alcanzar las 3.900 variedades catalogadas en la actualidad. Una cifra que, gracias a Minorvín, seguirá aumentando.

El objetivo: que estas uvas lleguen al campo

El fin último de todo este trabajo de recuperación no es únicamente conservar el patrimonio genético de la vid, sino darle una utilidad real. El IMIDRA y los centros colaboradores trabajan para poner en valor estas variedades, estudiar su potencial productivo y, a largo plazo, facilitar que los agricultores puedan incorporarlas a sus explotaciones.

De esta forma, el proyecto Minorvín aspira a contribuir no solo a la preservación de la biodiversidad agrícola, sino también a fortalecer el sector vitivinícola con opciones adaptadas a los retos del cambio climático y a las demandas de un mercado que valora cada vez más la singularidad y el origen de los productos.

Paula de Marcos Aragón
Paula de Marcos Aragónhttp://www.cronicanorte.es
Paula de Marcos Aragón, periodista, licenciada en Ciencias de la Información y vecina de Algete. Es redactora en Crónica Norte desde 2021.

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