Los tiburones del Mediterráneo tienen sus zonas favoritas, y ahora los científicos saben cuáles son

Un estudio pionero combina tecnología satelital y análisis genético para trazar el mapa de conservación de tintoreras, marrajos y peces espada entre Blanes y Cartagena.

El Mediterráneo occidental esconde rutas invisibles que solo ahora empiezan a salir a la luz. Un equipo de investigadores del Instituto de Ciencias del Mar (ICM) y del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN), ambos del CSIC, ha logrado señalar sobre el mapa los lugares donde los tiburones del Mediterráneo se alimentan, se reproducen y pasan buena parte de su vida. El resultado apunta a tres zonas muy concretas: los cañones submarinos de la costa catalana, las aguas del Golfo de Alicante y la costa de Almería.

No se trata de una simple curiosidad científica. Los tiburones figuran entre los grupos de especies más amenazados del planeta, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Saber dónde viven, por dónde se mueven y qué zonas necesitan proteger es el primer paso para que dejen de desaparecer de nuestras costas.

Cómo se ha seguido el rastro a tintoreras, marrajos y peces espada

Para llegar a estas conclusiones, el equipo investigador recorrió el litoral mediterráneo desde Blanes hasta Cartagena, combinando dos técnicas complementarias. Por un lado, colocaron dispositivos de marcaje satelital en ejemplares vivos de tintorera (Prionace glauca), un tiburón que recorre largas distancias; de cañabota gris o bocadulce (Hexanchus griseus), un tiburón de profundidad; y de pez luna (Mola mola), uno de los peces óseos más grandes del mundo. Estos aparatos permiten seguir en tiempo real los desplazamientos de cada animal por el mar.

Por otro lado, se tomaron muestras biológicas de tintoreras, marrajos (Isurus oxyrinchus) y peces espada (Xiphias gladius) para someterlas a análisis genéticos. Esta parte del trabajo resulta clave para entender si los ejemplares que viven en distintos puntos del Mediterráneo pertenecen a la misma población o si, por el contrario, forman grupos separados entre sí.

Sergi Taboada, investigador del MNCN-CSIC, explica el valor de este tipo de análisis: «Estos análisis permiten comprender mejor el grado de conectividad entre poblaciones y determinar si los individuos forman parte de una misma población o de grupos diferenciados, una información clave para definir estrategias de conservación a escala regional e internacional».

La pesca, aliada de la ciencia

Uno de los aspectos más destacados del proyecto es el papel que ha jugado el sector pesquero en todo el proceso. Los propios pescadores han colaborado en la localización, captura y liberación de los ejemplares marcados, además de ayudar en la recogida de muestras biológicas a lo largo de toda la costa.

Pablo Cermeño, especialista en programas de conservación del Zoo de Barcelona, subraya la importancia de esta colaboración: «La implicación del sector pesquero ha sido fundamental para poder desarrollar el proyecto con éxito, y muy especialmente las campañas de marcaje. Su experiencia y conocimiento del medio marino han contribuido de manera decisiva a las tareas de campo y demuestran que la colaboración entre ciencia y pesca es imprescindible para avanzar en la conservación de los océanos».

Esta alianza entre investigadores y pescadores demuestra que proteger a los tiburones y mantener la actividad pesquera no son objetivos incompatibles, sino que pueden avanzar de la mano cuando existe voluntad de colaborar.

Por qué importan tanto estos depredadores marinos

Los tiburones ocupan la cima de la cadena alimentaria en sus ecosistemas, lo que los convierte en piezas esenciales para el equilibrio del mar. Cuando desaparecen o se reducen drásticamente sus poblaciones, todo el ecosistema marino que depende de ellos se resiente.

Joan Navarro, investigador del ICM-CSIC y responsable científico del proyecto, resume así el sentido de esta investigación: «Uno de los grandes valores del proyecto ha sido poder integrar diferentes aproximaciones científicas y actores del territorio para entender mejor cómo se desplazan estas especies en el Mediterráneo y qué zonas son especialmente relevantes para su conservación».

Por su parte, Elena Fernández, también investigadora del ICM-CSIC, pone el acento en la urgencia del problema: «Lamentablemente muchas poblaciones están en regresión y todavía desconocemos muchos aspectos de su ecología», señala, para después añadir: «Disponer de datos sobre sus movimientos y la conectividad entre distintas áreas es esencial para avanzar hacia medidas de gestión y conservación más eficaces».

El proyecto COTI y su futuro

Todo este trabajo forma parte del proyecto COTI, financiado por la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico a través del Programa Pleamar, y cofinanciado por la Unión Europea mediante el Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y de Acuicultura (FEMPA). Su objetivo ha sido compatibilizar la actividad pesquera con la conservación de los tiburones pelágicos amenazados, localizando las áreas del Mediterráneo noroccidental más importantes para su supervivencia.

La iniciativa ha estado coordinada por el ICM-CSIC y ha contado con la colaboración del MNCN-CSIC, el Zoo de Barcelona y la Generalitat de Catalunya, entre otras entidades. Ahora que el proyecto ha llegado a su fin, el equipo espera que los datos recogidos sigan alimentando nuevas investigaciones y ayuden a construir estrategias de conservación apoyadas en evidencias científicas, con la cooperación de administraciones, comunidad científica y sector pesquero.

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Paula de Marcos Aragón
Paula de Marcos Aragónhttp://www.cronicanorte.es
Paula de Marcos Aragón, periodista, licenciada en Ciencias de la Información y vecina de Algete. Es redactora en Crónica Norte desde 2021.

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