EDITORIAL OCTUBRE 2024 Crónica Norte – Autor: Ángel Sánchez, Editor
La Unión Europea vuelve a la carga con una nueva directiva: La “Tasa de Basuras” entrará en vigor en 2025, y ya se ha ganado el sobrenombre de “Tasazo”, no porque se trate de una medida revolucionaria que salvará el planeta, sino porque para muchos se siente como un nuevo ladrillo en la mochila fiscal del ciudadano medio.
El mensaje oficial suena muy bonito: “quien contamina paga”, la economía circular, el reciclaje y todo ese rollo eco-friendly. Pero como ciudadanos, no podemos tragarnos estos eslóganes a la ligera. Y, francamente, ¿qué podría salir mal en un sistema que se basa en medir hasta la última bolsita de residuos que generamos? Spoiler: probablemente todo.
Primero, pongámonos en contexto. La idea detrás de esta nueva tasa es tan simple como perturbadora: pagarás según la cantidad de basura que generes. ¿Qué podría haber más justo? Pues depende de quién esté pesando tu basura. Aquí es donde las cosas se empiezan a complicar. Los municipios tendrán que implementar sistemas de medición, desde contenedores con microchips hasta básculas en los camiones de la basura.

Y luego está la parte surrealista: ¿cómo se asegura que el vecino no tire de estraperlo parte de su basura en tu contenedor para ahorrarse unos céntimos? ¡Oh, la picaresca hispana! A ver quién va a ser el valiente que controle eso.
Otro punto donde este Tasazo hace aguas (y no en el buen sentido) es la distribución de responsabilidades. Según la Unión Europea, se trata de aplicar el principio de “quien contamina paga”. Pero, un momento, ¿quién es el verdadero culpable de la contaminación por residuos plásticos? Pues, no, no somos nosotros los que metemos cada trozo de queso o fruta en capas y capas de plástico innecesario. Las grandes cadenas de supermercados y los fabricantes son los que han elevado el sobreembalaje a una especie de arte kitsch, envolviendo cada producto en plástico como si fueran momias de la antigüedad.
Sin embargo, la directiva no parece demasiado preocupada por apretar las tuercas a estas empresas. Así que la carga cae sobre el ciudadano medio, que ya bastante tiene con intentar reciclar correctamente mientras es bombardeado con toneladas de envoltorios innecesarios. El mensaje subliminal aquí es claro: “Tú eres el responsable de tus residuos, pero no vamos a poner límites reales a los que los generan a granel”.
En resumen, la tasa de basuras es otro ejemplo más de cómo se imponen medidas desde las altas esferas sin tener en cuenta las realidades locales y las capacidades de implementación. El ciudadano paga (otra vez) el pato, mientras las grandes corporaciones siguen generando toneladas de residuos sin grandes repercusiones. El sistema propuesto, lleno de lagunas e inconsistencias, parece más una trampa impositiva que una verdadera solución al problema del reciclaje.









