Mucho más que depredadores: el valor desconocido y vital de los tiburones

Los tiburones llevan nadando en los océanos del mundo desde hace la asombrosa cifra de más de 450 millones de años, lo que los convierte en uno de los vertebrados más antiguos del planeta, superando con creces la aparición de los dinosaurios. Esta longevidad es un testimonio de su extraordinaria capacidad de adaptación, que les ha permitido sobrevivir a grandes extinciones masivas y habitar desde las gélidas aguas del Ártico hasta las cálidas costas, e incluso, en algunas especies, el agua dulce.

El libro Tiburones, escrito por los investigadores Claudio Barría, de la Universidad de Oviedo, y Ana Colmenero, del Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC), ambos miembros de la asociación Catsharks, subraya cómo estos peces han perfeccionado su diseño corporal a lo largo de eones. Según destacan los expertos, su éxito evolutivo no se debe a cambios drásticos, sino a la “estrategia… basada en el perfeccionamiento y la especialización”. Sus cuerpos, caracterizados por un esqueleto cartilaginoso (más flexible y ligero que el óseo), están optimizados para la máxima eficiencia al nadar.

Una biología única con siete sentidos

Estos peces se distinguen por rasgos biológicos fascinantes, como su armamento dental. Un tiburón puede tener entre 50 y 300 dientes dispuestos en hasta diez filas, y con un reemplazo continuo, se estima que pueden llegar a tener más de 30.000 dientes a lo largo de su vida.

Quizás lo más asombroso es su capacidad sensorial: los tiburones poseen siete sentidos, dos más que los humanos. Aparte de los cinco habituales, cuentan con:

  1. La línea lateral: Un canal lleno de células sensibles que les permite detectar vibraciones y sutiles cambios de presión en el agua. Esta habilidad es tan precisa que pueden seguir la estela de una presa incluso en la oscuridad más absoluta.
  2. Las ampollas de Lorenzini: Estos órganos les permiten percibir campos eléctricos generados por otros seres vivos, captando incluso el débil latido de una presa que se encuentre enterrada en la arena.

A esta complejidad biológica se suma una diversidad sorprendente: desde el pequeño linterna enano, que mide solo 29 centímetros, hasta el inofensivo tiburón ballena, el pez más grande del mundo, que puede sobrepasar los 18 metros de longitud.

tiburones

El papel insustituible del tiburón en el ecosistema

La presencia de los tiburones, la mayoría clasificados como depredadores medianos y grandes (aunque algunos son filtradores de plancton), es fundamental para la salud y resiliencia de los ecosistemas marinos. Los autores del libro explican que actúan como “arquitectos de los ecosistemas” desde la parte alta de la cadena trófica.

“Solo con su presencia ya estructuran comunidades como los arrecifes de corales, donde sus presas y competidores van a actuar de manera diferente si ellos están presentes”, señalan Barría y Colmenero. Es decir, el mero hecho de que un tiburón esté cerca modifica el comportamiento de otras especies.

Sus funciones vitales incluyen:

  • Controladores de salud: Eliminan a los peces más lentos, enfermos o heridos, lo que ayuda a mantener las poblaciones en buen estado.
  • Reguladores del equilibrio: Mantienen a raya las poblaciones de especies de niveles inferiores, como los peces herbívoros, evitando que estos acaben con los valiosos pastos marinos.
  • Conectores ecológicos: Transportan nutrientes entre diferentes ecosistemas marinos, por ejemplo, al alimentarse en la superficie y liberar desechos metabólicos que caen a aguas profundas.

Por todo ello, los investigadores consideran que “los tiburones son indicadores de salud en los océanos: su presencia es una señal de un ecosistema marino equilibrado y resiliente; su ausencia, por el contrario, es una alerta de que algo anómalo está ocurriendo en los océanos”.

El verdadero riesgo: del cine a la realidad

A pesar de la imagen de peligro que perdura desde hace 50 años gracias a películas como Tiburón (1975), la realidad es que el riesgo que representan para el ser humano es ínfimo. Según datos recientes, en el año 2024 se produjeron solo cuatro muertes por ataques de tiburón en todo el mundo. Estos incidentes, a menudo atribuidos a los “tres grandes” (tiburón blanco, sarda y tigre), suelen ser defensivos, exploratorios o fruto de la confusión al identificar una presa.

Los autores destacan una comparación que pone en perspectiva esta fobia: el promedio de muertes anuales por tiburones es inferior a diez, una cifra superada por animales como los perros, serpientes o elefantes. Además, los investigadores hacen hincapié en que “cada año mueren ahogadas en el mar más de 300 mil personas”, un riesgo mucho mayor y a menudo olvidado.

La alarmante amenaza de la actividad humana

Paradójicamente, la víctima más frecuente en el encuentro entre un humano y un tiburón es el propio tiburón. La actividad humana está llevando a estas especies, de crecimiento lento y baja tasa de reproducción, al borde del colapso. Hoy, un tercio de las especies descritas están en peligro de extinción debido principalmente a:

  • Pesca: Cada año, se estima que alrededor de 100 millones de tiburones mueren a causa de la pesca dirigida o accidental.
  • Destrucción de hábitats: La pesca de arrastre, la contaminación y la urbanización costera alteran y destruyen los fondos marinos y zonas de cría.
  • Contaminación y cambio climático: La acumulación de metales pesados y plásticos en sus tejidos, y el aumento de la temperatura y acidez del agua, agravan su situación.

Los autores transmiten un mensaje de esperanza al destacar que las medidas de protección aplicadas en lugares como el Atlántico Norte “prueban que cuando se les da un respiro se pueden recuperar”. El impulso de las áreas marinas protegidas y la ciencia ciudadana, a través de plataformas como Observadores del Mar, son vitales para su conservación, permitiendo a pescadores y buceadores compartir avistamientos que guían a los científicos.

Un tesoro para la ciencia y la tecnología

Más allá de su valor ecológico, los tiburones nos proporcionan beneficios directos. De ellos se extraen compuestos utilizados en biotecnología, como el escualeno, un hidrocarburo utilizado en vacunas, cosmética y biocombustibles, y la escualamina, con propiedades antibióticas.

Su estudio también es una fuente de inspiración tecnológica. Su piel ha inspirado el desarrollo de materiales que reducen la fricción en aeronaves y trajes de baño, y su forma hidrodinámica ha servido de base para el diseño de trenes de alta velocidad y submarinos.

Paula de Marcos Aragón
Paula de Marcos Aragónhttp://www.cronicanorte.es
Paula de Marcos Aragón, periodista, licenciada en Ciencias de la Información y vecina de Algete. Es redactora en Crónica Norte desde 2021.

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