Un ejemplo más de economía circular: así funciona en Vizcaya una planta de biometano del tamaño de la de Colmenar

Metabarri acaba de iniciar su actividad y permite conocer las claves de una instalación de este tipo

Metabarri ya está en marcha. La nueva planta de biometanización ubicada en el Ecoparque de Artigas, en Vizcaya, acaba de iniciar su actividad con un objetivo muy concreto: aprovechar residuos orgánicos para producir biometano, un gas renovable que puede introducirse en la red de gas.

El proyecto vasco tiene una característica que lo convierte en una referencia interesante para mirar hacia Colmenar Viejo: concentra en una misma instalación las distintas etapas necesarias para transformar la materia orgánica en energía.

La comparación resulta especialmente llamativa ahora que la planta de biometano de Colmenar Viejo ya ha entrado en fase de construcción. Crónica Norte informó el pasado 18 de septiembre de que las obras habían comenzado después de la concesión de la licencia de construcción, mientras el Ayuntamiento prepara una campaña informativa para explicar a los vecinos el funcionamiento de la instalación y sus medidas de control.

Por eso, aunque no se trate de dos plantas idénticas, Metabarri puede considerarse, una referencia del modelo que se plantea en Colmenar Viejo: instalaciones destinadas a aprovechar materia orgánica mediante digestión anaerobia para obtener biogás y, posteriormente, biometano.

planta

¿Cómo funciona este sistema?

La explicación es más sencilla de lo que puede parecer.

Los residuos orgánicos se introducen en depósitos cerrados donde se produce su descomposición sin presencia de oxígeno. Durante ese proceso se genera biogás, que posteriormente se somete a un tratamiento para eliminar determinados componentes y obtener biometano.

Ese biometano presenta características similares a las del gas natural y puede utilizarse a través de las redes existentes.

En el caso de Colmenar Viejo, los responsables del proyecto explicaron a Crónica Norte que la instalación empleará la llamada digestión anaerobia y que los digestores serán depósitos cerrados y estancos. Según sus explicaciones, la planta estará diseñada para controlar los gases generados durante el proceso.

La cuestión es importante porque permite entender que no se trata simplemente de «quemar basura» para producir energía. El planteamiento consiste en aprovechar la materia orgánica y obtener de ella un gas renovable.

La gran diferencia: ¿qué residuos recibirá Colmenar Viejo?

Aquí es donde conviene hacer una precisión importante.

Metabarri está vinculada al aprovechamiento de los residuos orgánicos recogidos selectivamente, incluidos los procedentes del contenedor marrón. En Colmenar Viejo, sin embargo, el proyecto está planteado para tratar biorresiduos y materia orgánica de origen industrial, con ejemplos como posos de café, cáscaras de huevo o residuos procedentes de hoteles y supermercados.

La capacidad máxima autorizada para la instalación de Colmenar Viejo es de 75.000 toneladas anuales. Los responsables del proyecto explicaron a Crónica Norte que esa cifra constituye el límite máximo establecido en la autorización ambiental integrada.

Por tanto, lo que comparten ambas instalaciones es fundamentalmente el concepto de aprovechar materia orgánica mediante biometanización para producir biometano.

60 GWh de biometano: ¿cuánta energía supone?

En Colmenar Viejo, los responsables de la futura instalación han calculado una producción aproximada de 60 GWh anuales de biometano.

Según explicaron a Crónica Norte, esa cantidad equivaldría aproximadamente a las necesidades de calefacción y agua caliente de 11.700 hogares, unos 30.000 habitantes. Son estimaciones ofrecidas por los responsables del proyecto y deben entenderse como una referencia sobre su capacidad energética.

Metabarri llega ahora a una fase diferente: la de una instalación que ya comienza a materializar sobre el terreno este modelo de aprovechamiento de residuos.

La experiencia de Bizkaia permite, por tanto, visualizar qué significa llevar la economía circular desde el discurso a una instalación industrial: el residuo deja de considerarse únicamente un material que hay que eliminar y pasa a convertirse en una materia prima para generar energía.

El olor, la cuestión que más preocupa a muchos vecinos

Si hay un asunto que ha marcado el debate sobre la planta de Colmenar Viejo es el de los posibles olores.

Los responsables del proyecto consultados por Crónica Norte han defendido que la instalación funcionará con sistemas cerrados y que se emplearán diferentes mecanismos para evitar que los compuestos responsables de los malos olores lleguen al exterior.

Entre las medidas explicadas figuran sistemas de biofiltración avanzada, tratamientos destinados a reducir el sulfuro de hidrógeno y filtros de carbón activo para tratar los gases residuales. Los responsables de la planta también han defendido que el proceso estará monitorizado de forma continua.

El Ayuntamiento de Colmenar Viejo ha señalado igualmente que el proyecto contempla recintos cerrados y estancos y que no funcionará mediante balsas abiertas. También se ha planteado una red de medición de la calidad del aire con al menos tres sensores distribuidos en distintos puntos del municipio.

Una tecnología que ya se utiliza en Europa

Los promotores de la planta de Colmenar Viejo han defendido ante Crónica Norte que la digestión anaerobia es una tecnología madura y utilizada desde hace años en distintos países. En la entrevista publicada por este medio, los responsables de PreZero y Enagás Renovables explicaron que existen numerosas instalaciones de este tipo en Europa y que el proyecto pretende aplicar medidas de seguridad y control ya utilizadas en otras plantas.

Este aspecto permite plantear una cuestión interesante. El debate ya no gira únicamente en torno a si técnicamente es posible obtener biometano a partir de residuos orgánicos. La tecnología existe y se está utilizando.

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Paula de Marcos Aragón
Paula de Marcos Aragónhttp://www.cronicanorte.es
Paula de Marcos Aragón, periodista, licenciada en Ciencias de la Información y vecina de Algete. Es redactora en Crónica Norte desde 2021.

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