Ochenta y cinco tumbas rodean y se extienden bajo la iglesia de San Pedro Apóstol. Son los restos de una antigua necrópolis medieval que comenzó a investigarse a principios de este siglo y que ahora queda protegida como Bien de Interés Cultural. El yacimiento permite acercarse a una parte poco visible de la historia de Sieteiglesias: la forma en la que sus habitantes enterraban a sus muertos entre los siglos IX y XI y cómo este espacio volvió a utilizarse siglos después.
A simple vista, la iglesia de San Pedro Apóstol forma parte del paisaje cotidiano de Sieteiglesias. Sin embargo, alrededor del templo y también bajo él se encuentra un conjunto de 85 enterramientos medievales.
La necrópolis ocupa tres zonas, situadas al norte, al este y al sureste de la iglesia. El lugar se encuentra además rodeado de dehesas, prados y arbolado, en un entorno de la Sierra Norte de Madrid que conserva buena parte de su carácter rural.
La existencia de las tumbas era conocida desde hace tiempo, pero hubo que esperar hasta 2001 para que comenzaran las primeras excavaciones. Desde entonces se han realizado distintos trabajos para recuperar, consolidar y acondicionar el yacimiento y facilitar su conocimiento y visita.
Dos maneras de enterrar a los muertos
Las excavaciones han permitido identificar dos tipos principales de sepulturas. Algunas son fosas sencillas excavadas directamente en la roca. Habitualmente aparecen agrupadas y se cerraban colocando encima una laja de piedra.
Las otras son las denominadas tumbas de cista. Su construcción resulta algo más elaborada: varias losas se colocaban verticalmente para formar una especie de caja, que después se cerraba con otra piedra a modo de tapa.
Son dos formas diferentes de construir las sepulturas que ayudan a entender cómo se organizaba este espacio funerario hace siglos.

Pocos restos en el interior de las tumbas
Quienes esperen encontrar enterramientos intactos se encontrarán con una realidad diferente. La mayoría de las tumbas han aparecido vacías, mientras que en otras apenas se han conservado restos óseos y objetos.
Aun así, el yacimiento ha proporcionado distintos materiales arqueológicos. Entre ellos hay monedas, medallas y piezas de cerámica, además de materiales vidriados, porcelana y piezas de tipo Talavera.
Estos hallazgos se suman a las propias tumbas para reconstruir la historia de un espacio que no tuvo un único momento de utilización.
Una historia que no terminó en la Edad Media
La primera etapa de la necrópolis se sitúa entre los siglos IX y XI. Algunos estudios citados en la documentación apuntan a que el lugar pudo seguir utilizándose hasta el siglo XV.
Después hubo que esperar varios siglos para encontrar una nueva etapa de uso. En el siglo XVII, algunas de las antiguas tumbas fueron reutilizadas. Los trabajos arqueológicos han encontrado en ellas restos humanos y señales que muestran ese nuevo uso del espacio.
Así, las 85 sepulturas no cuentan una única historia. Su distribución y los materiales encontrados muestran que el lugar fue utilizado en diferentes momentos y de distintas maneras a lo largo del tiempo.
De las excavaciones a un yacimiento visitable
La primera excavación de 2001 dio paso a diferentes actuaciones de restauración, consolidación y acondicionamiento. El objetivo ha sido hacer el conjunto accesible y facilitar su musealización.
El yacimiento está incluido en el proyecto para formar parte del Plan de Yacimientos Visitables de la Comunidad de Madrid, de manera que este espacio arqueológico pueda conocerse más allá de los trabajos realizados sobre el terreno.
Ahora, la declaración de la necrópolis medieval de Sieteiglesias como Bien de Interés Cultural, en la categoría de Zona Arqueológica, añade una nueva protección a un lugar que durante siglos permaneció ligado a la iglesia de San Pedro Apóstol.
Para los vecinos, el interés del enclave está también en algo tan sencillo como poder mirar de otra manera un lugar conocido: bajo el entorno de la iglesia se conserva una parte de la historia de Sieteiglesias que comenzó hace más de mil años.










