Cómo la conectividad digital está cambiando la vida cotidiana en Madrid

Hace diez años, coger las Cercanías todavía implicaba comprar un billete de papel, y pagar en el bar de la esquina significaba llevar monedas. Ninguna de las dos cosas ha desaparecido del todo en Madrid, pero ambas se han convertido, poco a poco, en la excepción y no en la norma. La ciudad no ha tenido un momento concreto en el que se volviera digital de golpe. Ha ido pasando por pasos pequeños: una tarjeta de transporte que también se puede usar desde el móvil, una cita en el ayuntamiento reservada online en lugar de hacer cola, y la mayoría de los vecinos solo se dan cuenta de hasta qué punto ha cambiado cuando algo les obliga a volver a la forma antigua y, de repente, todo les parece más lento de lo que debería.

Los visitantes notan el cambio casi de inmediato. Una aplicación de transporte solo sirve de algo si hay datos detrás, y aterrizar en Barajas sin cobertura puede convertir un trayecto corto en Metro en una búsqueda bastante más larga de wifi o de una tienda de móviles.

Algunos viajeros resuelven esto antes incluso de subir al avión. Un plan de eSIM, instalado antes del viaje y activado según las instrucciones del proveedor, suele hacer que la aplicación de transporte y el mapa ya estén funcionando cuando llegan al andén.

Una ciudad que cada vez depende más de las aplicaciones

El día a día de Madrid se apoya ahora en un puñado de aplicaciones que la mayoría de los vecinos abre casi sin pensar: el buscador de líneas de la EMT, la app de Metro de Madrid para consultar llegadas en tiempo real, Bizum para repartir la cuenta de una cena, y la aplicación de reparto a domicilio que esté de moda en el barrio ese mes. Madrid no es una excepción en esto. Otras ciudades europeas han seguido el mismo camino, ayudadas por una cobertura móvil generalizada y por una población que adoptó los pagos por móvil con bastante rapidez.

También ha cambiado lo que la gente espera de estos servicios. Antes, que un autobús llegara con seis minutos de retraso pasaba desapercibido. Ahora aparece en una pantalla, con una cuenta atrás, y los vecinos organizan sus planes de una forma que antes no era tan sencilla.

Los servicios públicos se han digitalizado, aunque no siempre sin fricciones

El Ayuntamiento de Madrid y la Comunidad de Madrid llevan varios años apostando fuerte por la administración digital: el empadronamiento, las citas previas, los trámites fiscales y las citas médicas cada vez se gestionan más a través de una web o una app que en una ventanilla. Para buena parte de los vecinos, esto ha ayudado a reducir el tiempo que antes se perdía haciendo cola.

El cambio no ha llegado igual a todo el mundo, eso sí. A las personas mayores, o a quienes no tienen buena conexión en casa o no se manejan bien con un smartphone para moverse por los portales del gobierno, este enfoque centrado en lo digital a veces les añade complicaciones en lugar de quitárselas. Algunas oficinas municipales han mantenido atención presencial precisamente para cubrir este hueco, un gesto que reconoce, en voz baja, que no todo el mundo vive el cambio de la misma manera.

El efectivo pesa menos, pero sigue presente

El pago sin contacto en Metro y Cercanías, implantado poco a poco y cada vez más disponible, da a los viajeros otra forma de pagar trayectos sueltos, acercando el móvil o la tarjeta en lugar de tener que buscar efectivo o una máquina expendedora cada vez. Esto convive con el Abono de transporte tradicional, no lo sustituye. Muchos viajeros habituales siguen dependiendo del Abono para sus desplazamientos diarios, mientras que el pago sin contacto cubre sobre todo trayectos puntuales o a visitantes que no tienen uno. Bizum ha hecho algo parecido con las transacciones entre particulares: repartir la cuenta de una terraza o devolverle la compra a un compañero de piso cada vez implica menos efectivo.

El efectivo no ha desaparecido, en todo caso. Los mercados de barrio, los bares más pequeños y bastantes comercios independientes, sobre todo fuera del centro, siguen funcionando principalmente con él, y muchos vecinos llevan algo encima por costumbre o por preferencia. En Madrid, el pago digital y el efectivo conviven, más que uno haber sustituido al otro.

Una ciudad con más visitantes y más teletrabajadores que antes

El cambio en la conectividad de Madrid no afecta solo a los vecinos. La ciudad ha atraído cada vez a más teletrabajadores y nómadas digitales en los últimos años, en parte por el clima, el coste de vida y las opciones de visado para estancias largas. Ese colectivo depende de la misma infraestructura que el resto, y a menudo necesita que funcione desde el momento en que aterrizan, antes incluso de abrir una cuenta bancaria española o conseguir un número de teléfono local.

Holafly es uno de los varios proveedores que ofrecen planes de eSIM para España, y los teletrabajadores son un público natural para este tipo de solución, ya que tener conexión desde el primer día importa más que tenerla a partir del tercero o el cuarto.

Qué viene ahora

En Madrid, la vida digital y la analógica conviven cada vez más de cerca. Consultar un autobús en tiempo real, devolverle dinero a un amigo al instante, renovar un trámite desde el sofá en vez de en una sala de espera: todo esto ya es normal. Y convive con bares que solo aceptan efectivo, con personas mayores menos cómodas con lo digital, y con zonas fuera del centro donde la conexión falla más. Para la mayoría de los vecinos, moverse entre ambos mundos se ha convertido, sencillamente, en parte del día a día.

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Noelia
Noelia
Noelia Martinez. Colaboradora habitual de Crónica Norte. Periodista y socióloga. Me considero muy curiosa.

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