Según la Asociación Española de Inmunología Clínica, Alergia y Asma Pediátrica (SEICAP), la contaminación de los coches agrava las crisis asmáticas infantiles.

Desde la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergia y Asma Pediátrica (SEICAP) se ha llegado a la conclusión de que la contaminación de los coches agrava las crisis asmáticas infantiles. Junto a ello, también son factores de riesgo la concentración de ácaros y humos en las casas, al ventilarse menos, provoca una reacción en los bronquios ya inflamados por el asma que pueden originar crisis que requieran hospitalización. Además, el estudio revela que existe un alto nivel de partículas tóxicas al terminar otoño.
Contaminación de los coches
Entre esas partículas dañinas se encuentran las que vienen de los coches y la combustión, según señala el estudio de Barcelona, publicado en ‘Environmental Pollution’.

Javier Torres, coordinador del Grupo de Trabajo de Alergia Respiratoria de la SEICAP, afirmaba que «los distintos componentes del gasoil, as partículas de dióxido de azufre o dióxido de carbono en el aire, agravan la sintomatología de los niños asmáticos, o con alergias respiratorias al actuar como irritantes de las vías aéreas».
Mayor probabilidad de ser asmático
Una investigación hecha en diez ciudades europeas, y publicada en ‘The European Respiratory Journal’, mostraba que los niños que viven a menos de 75m de una zona con mucho tráfico tienen un 14% más de probabilidades de desarrollar asma. En Barcelona, se estima que uno de cada siete niños llega a padecerla, siendo uno de cada cuatro en zonas de alta contaminación.
Según Torre, «agentes externos como la contaminación o el aire frío hacen que reaccionen exageradamente, y los síntomas de su enfermedad, como la tos, las sibilancias o la sensación de ahogo, se agravan y pueden dar lugar a una crisis fuerte».
Otros agravantes
A parte de ese tipo de contaminación, «la inhalación de vapores de calderas de gasoil o del humo del tabaco son bastante dañinos para los asmáticos” según Torres, que además incluía que “el otoño es la peor época ya que coincide con cambios de temperatura y más humedad, algo que eleva el riesgo de infecciones que repercuten más agresivamente en ellos».
Por último, Torres advierte que tampoco los ambientes secos son buenos para los niños asmáticos, ya que la sequedad de las vías aéreas es perjudicial.









