Vivir en una zona con alta contaminación del aire supone mayores riesgos a la hora de poder sufrir accidentes cerebrovasculares o ictus, según un estudio que se presentará en la 64 Sesión Científica Anual del Colegio Americano de Cardiología, que se celebrará en San Diego, Estados Unidos.

Las personas que viven en zonas con una alta contaminación del aire tienen más posibilidades de sufrir accidentes cerebrovasculares, según este estudio. En concreto, el riesgo de sufrir estenosis de la arteria carótida, es decir, un estrechamiento de las arterias que suministran sangre al cerebro.
La estenosis de la arteria carótida, que se produce cuando las sustancias grasas se acumulan en las arterias del cuello, está asociado con más de la mitad de los accidentes cerebrovasculares o ictus que se producen en Estados Unidos cada año.
¿Cómo influye la contaminación?
La contaminación del aire podría aumentar el riesgo de accidentes cerebrovasculares que privan al cerebro de oxígeno y que se encuentran entre las principales causas de muerte en Estados Unidos.
Así, este estudio demuestra que el riesgo cardiovascular no sólo se asocia con sus genes, comportamientos de salud y estilos de vida, sino que también depende en cierta medida sobre el mundo en que vivimos y el aire que respiramos.
Un 24% mayor de riesgo
Para realizar este estudio, los expertos realizaron un análisis de las pruebas de detección cardiovascular de más de 300.000 personas que viven en Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut, basándose en los niveles de contaminación del código postal de la casa de cada persona sobre la base de mediciones de calidad del aire recogidas por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos de 2003 a 2008.
El análisis reveló que quienes viven en zonas en el cuartil superior de la contaminación del aire presentaban un 24% mayor riesgo de estenosis de la arteria carótida en comparación con quienes tienen su casa en los códigos postales del cuartil inferior.
La investigación se centró en un tipo de contaminación conocido como partículas finas, que es la forma más común y se deriva en gran medida de fuentes relacionadas con la combustión, como la emisión de los automóviles y la quema de carbón o madera.
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