El 26 de julio de 1879 el fuego arrasó casi por completo la Iglesia de San Cristóbal de Alalpardo. El artesonado mudéjar, lejos de frenar las llamas, actuó como combustible perfecto. Hoy, 147 años después, solo la torre campanario sigue en pie como testigo de aquella tragedia.
Pocos vecinos son conscientes de que el terreno donde hoy se levanta la iglesia de Alalpardo no comenzó su historia como templo cristiano. Antes de que existiera cualquier construcción religiosa tal y como la conocemos, en ese mismo emplazamiento hubo una edificación romana de cierta relevancia. Los indicios apuntan a que pudo tratarse de una basílica, lo que convertiría este rincón en un lugar de culto casi ininterrumpido durante siglos.
Esa continuidad histórica es precisamente lo que hace especial a la Parroquia de San Cristóbal: no se trata de un edificio más, sino de un punto en el que se han superpuesto distintas épocas y usos a lo largo del tiempo.
La noche del incendio
Fue un 26 de julio de 1879 cuando un incendio de grandes proporciones se desató en el interior del templo. El fuego encontró en el artesonado mudéjar su principal aliado: esta técnica de carpintería, hecha íntegramente de madera y con un entramado muy elaborado, ayudó a que las llamas se propagaran con rapidez por todo el edificio.
El resultado fue devastador. La iglesia, dedicada a San Cristóbal y donde se venera también a San Sebastián y a la Virgen del Rosario, quedó reducida prácticamente a escombros. De toda la construcción, únicamente logró resistir el fuego la torre campanario, un elemento que con el paso de las décadas se convertiría en la seña de identidad más reconocible del templo.
La torre del siglo XIV, la gran superviviente
La torre que hoy sigue en pie data del siglo XIV, lo que la convierte en un vestigio de un pasado muy anterior al propio incendio. Su resistencia a las llamas no fue casualidad: se trata de una estructura más robusta, pensada para perdurar, y así lo ha demostrado durante siglos.
Lo curioso es que esta torre no se limita a ser un elemento decorativo o un simple recuerdo de lo que fue. Es, hoy en día, la puerta de entrada al templo. Acceder a una iglesia atravesando su campanario no es algo habitual en la arquitectura religiosa, y este detalle convierte a San Cristóbal en un edificio singular dentro del panorama de templos de la región.
Un templo peculiar
La combinación de una torre medieval que hace las veces de acceso principal, junto con un pasado que se remonta a una posible basílica romana, hace de la Iglesia de Alalpardo un edificio atípico y difícil de encontrar en otros pueblos cercanos. No es solo un lugar de culto: es un testimonio construido a base de capas históricas, donde cada elemento cuenta una etapa distinta de la vida del municipio.










