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¿Por qué las aves de Madrid usan menta y tomillo para decorar sus nidos?

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La naturaleza nunca deja de sorprendernos, y a veces los comportamientos más fascinantes ocurren justo encima de nuestras cabezas, en las ramas de los árboles de nuestros parques o campos. Un reciente análisis liderado por Jorge Garrido Bautista, investigador de la Universidad de Castilla-La Mancha, pone el foco en una costumbre que ha dejado desconcertados a los científicos durante años: por qué algunas aves insisten en añadir plantas frescas y aromáticas a sus nidos una vez que ya han terminado de construirlos.

Construir un nido es una tarea titánica que casi todas las aves realizan para poner sus huevos y criar a sus polluelos. Lo habitual es ver nidos hechos de barro, ramas, musgo o incluso plásticos que recogen de nuestro entorno. Sin embargo, hay un grupo selecto de aves que va un paso más allá. Especies como el herrerillo común o los estorninos actúan como auténticos «decoradores» de interiores, seleccionando minuciosamente hierbas verdes y flores para sus hogares.

La farmacia natural en el nido

Lo más interesante de este comportamiento es que no se trata de una elección al azar. Las aves no cogen cualquier hierba que encuentran a su paso. Existe una selección minuciosa de las especies vegetales. Por ejemplo, en zonas de Portugal, el herrerillo común prefiere la menta, mientras que en Sierra Nevada opta por el marrubio. En otros lugares como Córcega, sus plantas favoritas son el tomillo borriquero y la milenrama.

¿Por qué se toman tantas molestias? La clave parece estar en la química. Muchas de estas plantas emiten compuestos volátiles, como el limoneno, que actúan como una especie de insecticida o desinfectante natural. Según los estudios realizados, estas plantas aromáticas tienen la capacidad de reducir la carga de parásitos y bacterias que acechan a los polluelos. En experimentos donde se introdujo menta de forma artificial en nidos, se observó que la población de ácaros que chupan sangre disminuía drásticamente, protegiendo así la salud de las crías.

Diferencias entre machos y hembras

El estudio también revela datos curiosos sobre los roles familiares en el mundo de las aves. En el caso del herrerillo común, son exclusivamente las hembras quienes se encargan de traer estas plantas frescas al hogar. Lo hacen de forma constante desde que empiezan a incubar los huevos hasta que los polluelos están listos para volar y valerse por sí mismos.

Por el contrario, en el mundo de los estorninos (tanto el negro como el pinto), esta tarea recae sobre los machos. Además, ellos suelen incorporar estas plantas verdes antes de que empiece la incubación. Es un despliegue de esfuerzo que suele terminar en cuanto la hembra empieza a calentar los huevos. Esta diferencia sugiere que, según la especie, el uso de las plantas podría tener finalidades muy distintas, desde la salud del nido hasta el cortejo.

El nido como escaparate de seducción

Más allá de la salud y la higiene, existe una teoría que vincula estas plantas con el éxito a la hora de encontrar pareja. Al igual que nosotros podemos usar un perfume o decorar nuestra casa para impresionar a alguien, los científicos creen que los estorninos usan las plantas y flores como ornamentos.

En la Sierra de Madrid, los investigadores han encontrado nidos de estornino negro repletos de flores entremezcladas con hojas verdes. En este contexto, las plantas frescas funcionarían como señales que el macho envía para demostrar su calidad individual y su capacidad para mantener un vínculo fuerte con su pareja durante la época de cría.

Un impulso para el crecimiento de los polluelos

Otra de las funciones que se barajan es la estimulación del sistema inmunitario. Al respirar los aromas de estas plantas o estar en contacto con ellas, los polluelos podrían desarrollar una mejor respuesta ante las enfermedades. Algunos estudios han mostrado que las crías que crecen en nidos «aromáticos» tienen niveles más altos de glóbulos blancos o un mayor crecimiento corporal.

Sin embargo, la ciencia no siempre es exacta. El equipo de investigación señala que los resultados pueden variar mucho según la población o la planta utilizada. No siempre se observa el mismo efecto positivo, lo que sugiere que las aves podrían estar adaptándose a los desafíos específicos de su entorno local, ya sea un tipo concreto de bacteria o un clima determinado.

Incógnitas que todavía nos rodean

A pesar de todo lo que se ha descubierto, el comportamiento de estas aves sigue guardando secretos. Los expertos se preguntan si esta costumbre es algo que ha existido siempre o si ha ido apareciendo de forma independiente en diferentes especies a lo largo de la evolución. También falta por determinar cuánto de este instinto es genético y cuánto es aprendido de sus progenitores.

Como reconoce Jorge Garrido Bautista en sus conclusiones sobre el trabajo realizado: “Quienes hemos investigado de forma exhaustiva este fenómeno todavía no podemos responder con rotundidad a por qué las aves usan plantas frescas y aromáticas en sus nidos”.

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