Renfe obtiene la certificación ambiental para todos sus trenes de Madrid en plena crisis de fiabilidad por las incidencias recurrentes en la infraestructura. El servicio se consolida como 100% renovable pese al malestar por los constantes problemas en la red.
En un escenario marcado por las persistentes quejas de los usuarios, Renfe ha anunciado la obtención de la certificación ISO 14001 de gestión ambiental para la totalidad de sus trenes de Cercanías Madrid. Este reconocimiento garantiza que la operativa de los convoyes se realiza bajo controles que reducen al máximo el impacto ecológico. Sin embargo, para los miles de vecinos que cada mañana sufren las incidencias en el nudo de Chamartín o los retrasos en las líneas C-4a y C-4b, este avance administrativo choca con una realidad diaria de averías técnicas y falta de puntualidad.
La compañía ha querido poner en valor su compromiso destacando que este distintivo se suma a la renovación de la ISO 9001 de gestión de la calidad. Según la operadora, este sello avala los esfuerzos por mejorar la gestión y prestación del servicio ferroviario. No obstante, estos reconocimientos llegan en un momento de especial sensibilidad para los residentes de municipios como Colmenar Viejo, Tres Cantos, Alcobendas y San Sebastián de los Reyes, quienes sufren los retrasos en la red de Cercanías día tras día.
Sostenibilidad certificada frente a problemas de mantenimiento
El nuevo reconocimiento ambiental se apoya en el hecho de que Cercanías Madrid es ya un servicio «Carbono Neutro». Desde 2023, todos los trenes eléctricos funcionan con energía 100% de origen renovable, lo que garantiza que estas circulaciones no generen ningún tipo de emisión. Este es el principal argumento de la empresa para posicionar al tren como el eje central de la movilidad sostenible en la región, eliminando la huella de carbono de sus trayectos.
Pero para el usuario habitual, la preocupación no es solo la limpieza de la energía, sino el tiempo de viaje. Mientras Renfe resalta su gestión de residuos y eficiencia energética, la percepción ciudadana está marcada por las incidencias en la infraestructura ferroviaria que lastran la calidad de vida de los trabajadores. Las obras de transformación en la estación de Chamartín y las averías en catenarias o sistemas de señalización han provocado que las frecuencias se vean alteradas, convirtiendo los desplazamientos en una incertidumbre que las certificaciones internacionales, por ahora, no han logrado mitigar en el día a día.
La renovación del sello ISO 9001 debería traducirse en una «mejora de la gestión y prestación del servicio ferroviario». Sin embargo, el contraste es inevitable. Los viajeros de las líneas que conectan el norte con el centro de la capital se encuentran con trenes saturados y demoras vinculadas al estado de la red.










