Los vecinos de Colmenar Viejo y el norte de la región han salido a las calles para denunciar una situación de transporte que califican de insostenible para su vida diaria. Liderados por la Asociación de Vecinos por Colmenar Viejo, reclaman una planificación eficiente en las obras de la M-607 y mejoras estructurales en la red de Cercanías. Esta movilización busca devolver la calidad de vida a miles de ciudadanos que sufren retrasos constantes y una preocupante falta de alternativas de movilidad.
Una situación límite para la calidad de vida en el norte
El malestar ciudadano en la zona norte de la Comunidad de Madrid ha cristalizado este domingo 22 de marzo en una jornada de reivindicación clara y directa. El portavoz y presidente de la Asociación de Vecinos por Colmenar Viejo, Daniel Borona Colmenarejo, ha sido el encargado de poner voz a una frustración que no es nueva, pero que ha alcanzado niveles de saturación difíciles de ignorar. La movilidad, un derecho básico para el desarrollo laboral y personal, se ha convertido en un obstáculo diario debido a los problemas recurrentes en la carretera M-607, las deficiencias en el servicio de trenes y una dotación de autobuses que se queda corta frente al crecimiento poblacional de la zona.
¿Por qué las obras de la M-607 acumulan meses de retraso?
Uno de los puntos más críticos de la denuncia vecinal se centra en la ejecución de las obras que actualmente afectan a la principal arteria de comunicación del municipio. Según los datos que maneja la asociación, los trabajos ya acumulan dos meses de retraso, una demora que Borona califica como una «demostración de incompetencia» por parte de las administraciones responsables. La crítica no se queda solo en el tiempo de ejecución, sino en la metodología empleada. Los vecinos señalan con perplejidad cómo la actividad se detiene los fines de semana y los viernes a partir de las tres de la tarde, justo cuando la intensidad del tráfico requiere de una agilidad mayor para minimizar el impacto en la ciudadanía.

El agravio comparativo con otras grandes infraestructuras
La sensación de desatención en Colmenar Viejo se acentúa al observar cómo se gestionan otros proyectos de envergadura en la capital. El presidente de la asociación vecinal ha trazado una comparación directa con intervenciones como las de la A-5 o Madrid Nuevo Norte (Castellana Norte). En estos casos, la actividad no cesa durante las 24 horas del día, lo que permite que los plazos no solo se cumplan, sino que incluso se adelanten. «Estamos viendo que obras en las que se trabaja sin parar van con adelanto, mientras que en la M-607, comunicación principal para tantos municipios, sufrimos retrasos injustificables», recalca el testimonio recogido durante la movilización.
El fantasma de un verano de atascos monumentales
La preocupación de los ciudadanos no solo se basa en el presente, sino en un futuro inmediato que se prevé complicado. Según la información que ha trascendido, a partir de los meses de mayo y junio se espera que el tramo entre Tres Cantos y Colmenar Viejo sufra una restricción drástica, quedando la circulación reducida a un solo carril. Esta perspectiva genera una lógica alarma entre los miles de conductores que utilizan la vía diariamente, especialmente teniendo en cuenta que episodios previos han dejado la carretera colapsada durante más de diez horas, provocando pérdidas de tiempo y niveles de estrés que afectan directamente a la salud y productividad de los trabajadores.
Sesenta mil habitantes y un flujo de tráfico constante
Para entender la magnitud del problema, es necesario mirar las cifras. Colmenar Viejo cuenta ya con una población de 60.000 habitantes. De ellos, se calcula que aproximadamente 9.000 vehículos salen cada mañana en dirección a la capital o hacia los núcleos empresariales cercanos. A este flujo hay que añadir los conductores procedentes de localidades como Miraflores de la Sierra, Soto del Real o Guadalix de la Sierra, además de aquellos que llegan desde el eje de la A-6. Todo este volumen de tráfico converge en una vía que se ha quedado pequeña para el dinamismo económico de la zona, especialmente considerando que Tres Cantos actúa como uno de los grandes pulmones empresariales de la comunidad.
¿Qué soluciones reales proponen los vecinos?
La Asociación de Vecinos por Colmenar Viejo no se limita a la queja, sino que plantea una hoja de ruta con medidas concretas para desbloquear el norte de Madrid. Entre sus peticiones destaca la solicitud de una mayor agilidad y mejor planificación de las obras actuales, pero también demandas históricas como la finalización del cierre norte de la M-50. Además, consideran esencial la construcción de una variante sur que conecte directamente Colmenar Viejo con Tres Cantos, aliviando la carga de la M-607. En cuanto al transporte público, exigen un servicio de Cercanías que funcione sin las incidencias constantes que marcan la pauta diaria y una mayor frecuencia en las líneas de autobuses interurbanos.
La movilidad digna como una urgencia social
La reivindicación de este domingo subraya que el transporte no es solo una cuestión de asfalto y horarios, sino de dignidad. El tiempo perdido en los atascos o en andenes esperando trenes que no llegan es tiempo que se resta a la conciliación familiar y al descanso. Los vecinos demandan que las administraciones traten a los ciudadanos del norte con la misma prioridad que a los de otras zonas de la región. La movilización busca evitar que la situación se vuelva irreversible y que la prometida mejora de las infraestructuras no se convierta en un castigo eterno para quienes han elegido este entorno para vivir y trabajar.
El papel estratégico de Tres Cantos y el norte madrileño
Es fundamental recordar que la zona afectada no es solo un área residencial, sino un motor económico para toda la región. Miles de personas se desplazan diariamente hacia los parques tecnológicos y sedes corporativas situadas en el eje de la carretera de Colmenar. Un fallo en la cadena de movilidad aquí repercute en la eficiencia de empresas punteras y en la competitividad de la propia Comunidad de Madrid. Por ello, la mejora de las conexiones entre localidades vecinas y con la capital se presenta como una inversión estratégica y no solo como una respuesta a una protesta vecinal, sino como una necesidad de vertebración territorial para el siglo XXI.
Un compromiso necesario para evitar el aislamiento
En definitiva, la jornada de protesta en las calles de Colmenar Viejo marca un antes y un después en la paciencia de los ciudadanos. La exigencia de una movilidad digna es un grito unánime que espera respuesta en los despachos donde se planifican las infraestructuras. Los vecinos seguirán vigilantes ante el avance de las obras y no descartan nuevas acciones si los plazos siguen dilatándose y si no se ofrecen soluciones paliativas efectivas antes de que las restricciones de carril en verano terminen por bloquear definitivamente el acceso al norte de Madrid.










