El cuestionario sobre el suicidio en Sanse abre interrogantes sobre privacidad, fiabilidad y seguridad

¿Puede un cuestionario anónimo medir el riesgo suicida sin identificar ni proteger a las personas vulnerables?

El suicidio sigue siendo uno de los grandes problemas de salud pública en España. Cada año se contabilizan casi 4.000 muertes por esta causa, además de decenas de miles de intentos que no siempre llegan a conocerse. La mayor parte de esa información procede de estadísticas generales a nivel nacional, lo que deja poco margen para entender cómo se vive el problema en un municipio concreto.

Con esa intención, el Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes ha diseñado un estudio-diagnóstico enmarcado en su Plan Municipal de Prevención del Suicidio, en marcha desde octubre de 2025. La herramienta elegida es un cuestionario dirigido a toda la población a partir de los 16 años, disponible tanto en formato online como presencial, y distribuido a través de los canales municipales.

El cuestionario

Cuestionario

El formulario se presenta como anónimo, voluntario y sin intención de evaluar a nadie a título individual. Así lo indica el propio documento, que además remite al teléfono 024, al 112, a Servicios Sociales y a los centros de salud si alguien se siente afectado tras responder.

El contenido, eso sí, va más allá de lo genérico. El cuestionario recoge datos como la zona de residencia, la edad, el género, la orientación sexual, la situación afectiva, la convivencia, la percepción económica, si la persona ha sufrido acoso, su red de apoyo, la sensación de soledad, su salud mental, el estrés y el aislamiento, y pregunta también, de forma directa, por la ideación suicida: si ha habido pensamientos, planes, intención, preparativos o intentos previos. ¿Es necesario entrar en tanto detalle para conocer la realidad del municipio? Probablemente sí, si el objetivo es diseñar recursos ajustados. La pregunta que surge después es otra: ¿qué ocurre con esa información una vez se envía el formulario?

Si es anónimo, ¿cómo se puede ayudar a quien lo necesite?

Si una persona responde que ha pensado en el suicidio, que ha planeado cómo hacerlo o que ha tenido intención real, esa respuesta tiene un enorme valor clínico. Pero si el formulario es realmente anónimo, ¿existe alguna vía para poder acompañar a esa persona en ese mismo momento? Y si, por el contrario, el sistema recogiera algún dato que permitiera identificarla, ¿seguiría siendo correcto llamarlo anónimo?

¿Puede una encuesta sustituir una atención clínica?

Preguntar directamente sobre pensamientos suicidas no es, en sí mismo, algo negativo. Escalas clínicas como la Columbia (C-SSRS) utilizan preguntas similares sobre deseo de muerte, ideación, método y preparación. La diferencia es que su uso exige protocolos claros de actuación y derivación inmediata, algo que resulta más difícil de garantizar en un formulario público y anónimo. ¿Cómo se distingue entonces esta herramienta de una simple encuesta estadística, si toca temas de tanto calado personal?

Cabe pensar, además, en cómo puede vivir la experiencia quien responde: ¿podría alguien pensar que, al contar algo tan íntimo, «alguien» lo está viendo y atendiendo, cuando en realidad se trata de una encuesta y no de una entrevista clínica? El propio cuestionario reconoce que algunas preguntas pueden dejar a quien responde «más nervioso, más triste o más alterado», una advertencia honesta, aunque cabe preguntarse si es suficiente sin un acompañamiento más cercano durante el proceso. Las guías del organismo británico NICE recomiendan, de hecho, no usar herramientas de este tipo para clasificar a las personas en categorías de riesgo, sino centrar la atención en las necesidades concretas de cada una.

¿Puede garantizarse que las respuestas sean reales?

Al tratarse de un enlace de acceso público, cabe preguntarse: ¿qué impide que respondan personas que no viven en el municipio? ¿Qué impide que alguien complete el formulario varias veces? ¿O que se generen respuestas automatizadas mediante programas o inteligencia artificial? El propio cuestionario pregunta si quien responde vive actualmente en San Sebastián de los Reyes, pero esa comprobación depende, en la práctica, de la sinceridad de cada persona. No tiene por qué ser un problema grave si la muestra final es amplia, pero sí es una pregunta que merece una respuesta técnica clara por parte de quienes diseñan el estudio

Recursos de apoyo para quien lo necesite

El propio cuestionario incluye una serie de vías de ayuda para quien se sienta afectado durante o después de responderlo. Entre ellas figuran los centros de salud municipales, los servicios sociales, las urgencias generales, el teléfono 024 de atención a la conducta suicida y el 112 para emergencias. En el caso de las personas menores de edad, se añade la posibilidad de acudir al departamento de orientación de su centro educativo o a un adulto de confianza. Conviene recordar que la línea 024 ofrece atención profesional y confidencial, y deriva al 112 en caso de emergencia, aunque no sustituye una consulta presencial cuando esta resulta necesaria.

suicidio

Preguntas abiertas antes de pulsar «enviar»

Más allá de la buena intención del proyecto, hay una serie de cuestiones que, de momento, no se han detallado públicamente:

  1. Quién es el responsable técnico y sanitario del estudio.
  2. Qué profesionales de salud mental han diseñado y validado el cuestionario.
  3. Si existe comité ético o informe equivalente.
  4. Si hay evaluación de impacto de protección de datos.
  5. Si Google Forms recoge correo, cuenta, IP, metadatos o solo respuestas.
  6. Quién accede a las respuestas individuales.
  7. Cuánto tiempo se conservarán los datos.
  8. Cómo se evitarán respuestas falsas, duplicadas o automatizadas.
  9. Cómo se impedirá la reidentificación en barrios o grupos pequeños.
  10. Qué ocurre si una persona declara riesgo suicida actual.

Una iniciativa necesaria, con preguntas que merece la pena resolver

La prevención del suicidio necesita datos, escucha y recursos: en eso coinciden tanto el Ministerio de Sanidad como cualquier estrategia seria de salud pública. Quizá la pregunta de fondo sea la más sencilla de todas: si el cuestionario es anónimo, ¿cómo se ayuda a quien lo necesite en el momento en que responde? Y si deja de serlo, ¿qué garantías existen para proteger esos datos?

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Paula de Marcos Aragón
Paula de Marcos Aragónhttp://www.cronicanorte.es
Paula de Marcos Aragón, periodista, licenciada en Ciencias de la Información y vecina de Algete. Es redactora en Crónica Norte desde 2021.

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