Entre la leyenda y la fiesta: el Descenso del Sella, una tradición asturiana que rema con historia
Cada verano, entre el murmullo del río y el clamor de los espectadores, el Sella revive una de las citas deportivas más singulares de Europa. El Descenso Internacional del Sella es mucho más que una competición de piragüismo: es un ritual, una fiesta de identidad y un fenómeno social con raíces tan profundas como el cauce del propio río.
El germen de una tradición: Dionisio de la Huerta y la primera aventura
La historia comienza con un nombre propio: Dionisio de la Huerta, estudiante gijonés de Derecho en Madrid. En el verano de 1929, impulsado por su afán explorador y una curiosa piragua francesa de lona desmontable, se lanzó junto a su amigo Alfonso Argüelles a una travesía fluvial desde Arriondas hasta Infiesto, remontando primero el río Piloña y bajando luego por el Sella. Aquel paseo veraniego fue, sin que ellos lo supieran entonces, la semilla del evento que haría mundialmente conocido a este rincón de Asturias.
Al año siguiente, la experiencia se repitió, esta vez con más amigos y algo más de organización. En 1932 ya se fijó como recorrido oficial el tramo entre Arriondas y Ribadesella, de unos 20 kilómetros, y se convirtió en una prueba cronometrada. Así nació el Descenso del Sella, que desde 1935 se considera oficialmente «internacional» por la participación de algunos piragüistas ingleses.
Una mezcla única: deporte, folklore y fraternidad
A diferencia de otras competiciones deportivas, el Sella no es solo una carrera; es una experiencia compartida. Cada primer sábado de agosto, decenas de miles de personas se congregan a ambos lados del río, en puentes, prados y roquedales, para animar a los participantes entre música, sidra y fiesta. Muchos siguen el descenso en el «tren fluvial», un convoy que recorre paralelo el trayecto entre Arriondas y Ribadesella, haciendo paradas en puntos estratégicos para ver pasar a los deportistas.
A este ambiente se le ha dado el nombre de «Les Piragües», porque así lo llaman los asturianos: «Vamos a les Piragües», dicen, como si fuera una romería, una celebración religiosa pagana en honor al río. La mezcla de tradición, identidad regional, deporte y fiesta ha convertido al evento en una Fiesta de Interés Turístico Internacional desde 1980, atrayendo cada año a miles de visitantes, tanto nacionales como extranjeros.
Un protocolo insólito: pregón, desfile y salida simbólica
El acto no comienza simplemente con un pistoletazo de salida. El Descenso del Sella tiene su propio ritual ceremonial. Días antes del evento, se proclama el «pregón» oficial, y se iza la bandera del Sella en un acto solemne en Arriondas. El día de la prueba, antes de lanzarse al río, los piragüistas participan en un colorido desfile de naciones, con banderas, gaitas y charangas. Es el desfile que encabeza la frase icónica del pregón:
«¡Asturianos del cielo, de la tierra y del mar…! ¡Viva el Sella!»
La salida, tradicionalmente anárquica, con cientos de embarcaciones corriendo entre gritos y empujones hacia el río, ha sido regulada en las últimas décadas para garantizar mayor seguridad. Aun así, sigue siendo uno de los momentos más emocionantes, con palistas de élite y amateurs lanzándose al agua al unísono.
Curiosidades que remarcan su singularidad
- En algunas ediciones, ha habido más de 1.200 piraguas en competición.
- Hay participantes que compiten disfrazados, especialmente en la categoría popular.
- El evento ha sido retransmitido en directo por televisión desde los años 60.
- A lo largo de los años, han participado más de 50 países distintos.
- Existen ediciones «similares» del Sella organizadas por asturianos emigrantes en países como México, Cuba o Argentina.
Héroes del Sella: los nombres propios de la leyenda
Entre los palistas más legendarios destacan nombres como el del asturiano Herminio Menéndez, campeón del mundo y medallista olímpico, o los hermanos Kiko y Julio Martínez, habituales ganadores del descenso durante los años noventa y 2000. También es destacable la participación de deportistas internacionales como los checos Petr Rohan o Ondrej Rolenc, que han dado un carácter aún más competitivo a la prueba.
Además, existe un curioso título honorífico: el «Selleru Mayor», que se otorga a personalidades que han contribuido de manera especial a la difusión del evento, ya sean periodistas, deportistas, músicos o incluso chefs asturianos.
Más allá del agua: impacto económico y social
El Descenso del Sella tiene un potente impacto económico en el oriente asturiano. En los días previos y durante el evento, la ocupación hotelera en Arriondas, Cangas de Onís y Ribadesella se dispara hasta el 100 %. Los restaurantes, bares, casas rurales y tiendas experimentan un notable incremento en ventas. Además, es un excelente escaparate para promocionar la gastronomía asturiana, el turismo de naturaleza y la cultura regional.
Por otra parte, el evento también genera un importante dispositivo logístico y de seguridad, coordinado por Protección Civil, Guardia Civil, Cruz Roja y cientos de voluntarios, que garantizan que miles de personas puedan disfrutar del espectáculo sin incidentes destacables.
Un futuro que fluye con fuerza
El Sella ha sabido adaptarse a los tiempos: hay retransmisiones vía streaming, campañas en redes sociales, presencia de influencers deportivos y mejoras continuas en la organización. Pero lo esencial no ha cambiado: la pasión por el río, el espíritu festivo, la exaltación de la identidad asturiana y el abrazo entre deporte y tradición.
Así, cada verano, el eco del pregón sigue resonando entre las montañas del oriente de Asturias, recordando que el Descenso del Sella no es solo una competición, sino un patrimonio vivo que rema, con orgullo y alegría, hacia su centenario.









