Gracias a este estudio es posible saber que las personas extrovertidas que se sienten bien tratan de mejorar aún más su estado de ánimo, al contrario que las introvertidas, más conformistas.

No todos controlamos igual nuestros sentimientos. Igual que no todos somos capaces de expresarlos de la misma manera. Ademas, cada uno tiene su forma de comunicarse con los demás, es decir, hay personas que son más abiertas a entablar, por ejemplo, una conversación, mientras que otras son más reservadas y les cuesta más el relacionarse con la gente.
Todas estas cosas podrían estar relacionadas según un nuevo estudio de la Universidad Complutense. Y es que, un grupo de investigadores ha descubierto que las personas extrovertidas, es decir, aquellas que se relacionan con los demás sin ningún problema, son más proclives a tener sentimientos positivos y buscar el máximo para no sentirse mal. Al contrario que los introvertidos, quienes, una vez que alcanzan esos sentimientos positivos, se conforman con ellos y no aspiran a estar mejor que ese límite que se autoimponen.
«Salir a dar un paseo, escuchar música o intentar pensar desde un ángulo más constructivo son ejemplos de conductas que pueden activarse en respuesta a un estado de tristeza”, explica Gonzalo Hervás, investigador de la facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM)
El estudio ha sido publicado en Anales de Psicología y sus autores, Hervás e Irene López-Gómez, también de la UCM, han descubierto que tanto las personas extrovertidas como las introvertidas regulan de manera similar los estados de ánimo negativos, pero no los positivos.
“Los extrovertidos se muestran más proclives que los introvertidos a incrementar un estado previo positivo”, explica Hervás. “Mientras que estos últimos tienden a “plantarse” cuando ya están en un buen estado de ánimo, los extrovertidos no se conforman y siguen buscando más”, destaca.
Combinación de música triste y alegre

Para llegar a estas conclusiones, fue necesario contar con grupo de 112 participantes, todos ellos estudiantes universitarios con una edad media de 21 años. Primero, fueron evaluados con cuestionarios iniciales para saber qué tipo de perfil encajaba con ellos: un perfil extrovertido, introvertido o ambivertido (una mezcla de ambos). Después, se les provocó un estado de ánimo triste o alegre para, finalmente, ser sometidos a una tarea de regulación emocional.
El estado de ánimo se inducía con una combinación de música triste, Russia Under the Mongolian Yoke de Serguéi Prokófiev, o alegre, una versión jazz del Concierto de Brandenburgo No.3 de Johann Sebastian Bach, tocada por Hubert Laws. Mientras escuchaban estas canciones, se les pedía que imaginaran tres escenas positivas o negativas, previamente validadas, como si les estuvieran ocurriendo a ellos. Después, los jóvenes rellenaban un cuestionario relativo a lo que acababan de experimentar.
Por último, simulando ser un estudio diferente, se les proponía ver una película de entre seis posibilidades (tres alegres y tres neutrales), sobre las que tenían que expresar su preferencia. La prueba reveló que los participantes a quienes se les provocó un estado emocional positivo elegían películas positivas en diferentes proporciones en función de su perfil: el 95,24% de los extrovertidos optaron por ellas, frente al 65% de los introvertidos y al 86,67% de los ambivertidos.









