Es uno de esos comportamientos animales que solemos observar con fascinación, pero hasta ahora, su explicación se mantenía como un enigma. ¿Por qué los perros se sacuden de esa manera tan característica cuando se mojan? Este fenómeno, común en nuestra vida cotidiana, ha sido estudiado recientemente por un equipo de neurocientíficos de la universidad de Harvard, revelando un complejo proceso biológico detrás de la conocida «sacudida del perro mojado».
Durante mucho tiempo, los científicos habían estado intrigados por la razón detrás de este comportamiento, que parece ser una respuesta instintiva para deshacerse del agua de su pelaje. Sin embargo, los avances en la tecnología de neurociencia han permitido a los investigadores del laboratorio de David Ginty, profesor de neurobiología en Harvard, dar un paso significativo en la comprensión de este fenómeno.
Utilizando herramientas de vanguardia, el equipo ha podido rastrear las señales sensoriales que originan la sacudida, desde los receptores en la piel del animal hasta una región del cerebro conocida como el núcleo parabranquial. Para lograrlo, los científicos utilizaron tecnologías innovadoras que les permitieron aislar y estimular neuronas específicas, lo que les llevó a descubrir que el comportamiento de temblor puede ser inducido por las neuronas sensoriales c-ltmr (mecanorreceptores de umbral bajo de fibra c).
¿Por qué sólo los perros se sacuden así?
La respuesta de los perros mojados a sacudirse puede parecer intuitiva, pero la verdad es mucho más compleja. Estos temblores no son simples movimientos aleatorios, sino una respuesta controlada por el cerebro que permite al animal librarse de los líquidos que podrían entrar en contacto con su piel, ya sea agua, insectos o suciedad. Aunque este comportamiento es común en mamíferos con pelaje, como perros, gatos y hasta osos, en los humanos no se observa de manera tan evidente.
El estudio de Ginty, publicado en la revista science, reveló que el movimiento de sacudirse está relacionado con sensores extremadamente sensibles en la piel que detectan incluso los cambios más pequeños, como el roce del agua o el aire. Estos sensores envían señales a través de las fibras nerviosas hacia la médula espinal y, finalmente, a la parte superior del cerebro.
Las implicaciones para la neurociencia del tacto
Este descubrimiento no solo arroja luz sobre una curiosidad del mundo animal, sino que también tiene implicaciones para la comprensión de la neurociencia del tacto humano. A través de este trabajo, los investigadores han logrado descifrar mejor cómo el cuerpo transmite información sensorial al cerebro, un área que ha sido históricamente difícil de explorar.
“Las herramientas que hemos desarrollado en los últimos años nos han permitido estudiar las neuronas sensoriales de manera más detallada y eficaz”, explicó Ginty. Y aunque han logrado identificar con éxito la vía neuronal que desencadena la sacudida en los perros, aún hay muchas preguntas sin respuesta, especialmente sobre la razón por la cual solo las señales provenientes de la parte superior de la espalda desencadenan este comportamiento.

Un reflejo controlable y universal
Curiosamente, el comportamiento de sacudirse no es involuntario de manera absoluta. Aunque parece un reflejo, los animales tienen la capacidad de controlarlo de cierta forma. Ginty comparó este mecanismo con la sensación humana de un insecto posándose sobre la piel. Al igual que nosotros podemos quitar el insecto de forma instintiva pero controlada, los perros también tienen la capacidad de modular la intensidad de su sacudida.
La ciencia al servicio de la biología animal
Este avance en la neurociencia no solo amplía nuestra comprensión de los comportamientos animales, sino que también puede abrir puertas para nuevas aplicaciones en tratamientos neurológicos y en la comprensión de trastornos relacionados con el procesamiento sensorial.
En cuanto a las futuras investigaciones, Ginty destacó que uno de los desafíos es seguir explorando las señales que provienen de otras partes del cuerpo que no provocan la misma reacción. Además, en este proceso se ha logrado un avance importante en el estudio de cómo los nervios interactúan dentro de la médula espinal, lo que hasta ahora había sido un área de estudio compleja y difícil de abordar.
Un misterio desvelado, pero aún por completar
Aunque el estudio de Harvard ha avanzado considerablemente en la comprensión de la sacudida del perro mojado, aún quedan muchas incógnitas por resolver. La tecnología empleada en este estudio sigue siendo un paso fundamental para desentrañar los secretos de los circuitos neuronales que subyacen al tacto y al control motor.