La Coordinadora estatal de VIH y sida, Cesida, ha aprovechado el Día Europeo de la Salud Sexual para solicitar formalmente al Ministerio de Sanidad la inclusión de la PrEP inyectable en la cartera de servicios públicos. Esta modalidad de acción prolongada busca eliminar las dificultades de adherencia que presenta la pastilla diaria y alcanzar a los colectivos más vulnerables que actualmente quedan fuera del sistema. La entidad subraya que mejorar el acceso a la profilaxis preexposición no es solo una estrategia sanitaria, sino una garantía fundamental de derechos humanos y salud pública en España
¿Por qué el formato inyectable puede cambiar las reglas del juego?
Hasta la fecha, la estrategia preventiva contra el VIH en España se ha centrado principalmente en la versión oral de la PrEP, que requiere una toma constante y disciplinada por parte del usuario. Sin embargo, la llegada de la modalidad inyectable de larga duración promete simplificar este proceso de manera drástica. Al no depender de una rutina diaria de medicación, se facilita enormemente la adherencia al tratamiento, un factor crítico para que la protección sea realmente efectiva. Además, esta opción permite reducir de forma significativa el estigma social que todavía hoy conlleva el hecho de tener que tomar una pastilla cada día, proporcionando una protección más duradera y discreta para quienes deciden cuidar su salud sexual de esta manera
Las barreras invisibles que limitan la prevención en España
A pesar de los avances logrados desde que la PrEP se integrara en el sistema público en 2019, Cesida advierte de que todavía existen obstáculos estructurales que impiden un acceso equitativo. Uno de los problemas más señalados es la obligatoriedad de presentar la tarjeta sanitaria para acceder a la atención especializada, que es donde se dispensa mayoritariamente este fármaco. Este requisito administrativo termina excluyendo a personas en situaciones administrativas complejas, como ciertos migrantes o estudiantes extracomunitarios, que son precisamente algunos de los perfiles con mayor necesidad de herramientas preventivas. ¿Es lícito que un trámite burocrático prevalezca sobre un objetivo de salud pública global? Para las organizaciones sociales, la respuesta es clara: la prevención debe ser accesible para todos, sin excepciones.
¿Es sostenible el actual modelo de visitas hospitalarias?
Otro de los puntos de fricción detectados en la gestión actual es la carga logística que supone para el usuario. En muchas comunidades autónomas, la medicación se entrega solo para dos meses, lo que obliga a las personas a realizar múltiples desplazamientos a centros hospitalarios a lo largo del año. Esta frecuencia no solo supone un inconveniente personal, sino que a menudo entra en conflicto con la conciliación laboral y familiar. Por ello, desde la coordinadora se apuesta por una transición hacia modelos más cercanos, como la dispensación en farmacias comunitarias, una medida que el Ministerio de Sanidad ya tiene sobre la mesa de negociación y que acercaría el servicio al ciudadano, descargando de paso la presión sobre los hospitales.
El perfil del usuario de PrEP y los datos de eficacia
Los datos recogidos por el sistema SIPrEP hasta marzo de 2025 ofrecen una radiografía clara de quién está utilizando esta herramienta en España. Con un censo estimado de 34.309 usuarios, el perfil mayoritario corresponde a hombres gais y bisexuales con una edad media de 36 años. Un dato especialmente revelador es que el 28% de los usuarios han nacido fuera de España, principalmente en Latinoamérica, lo que refuerza la necesidad de políticas inclusivas. En cuanto a la efectividad, los resultados son contundentes: la tasa de incidencia de seroconversión es extremadamente baja, apenas un 0,851 por cada 1.000 personas-año, lo que demuestra que, cuando el acceso es efectivo, la PrEP funciona como un muro casi infranqueable para el virus.
Más allá de la prevención: un seguimiento integral de la salud
Es fundamental entender que el acceso a la PrEP a través de la sanidad pública no se limita a la entrega de un fármaco. El proceso incluye un seguimiento clínico periódico que permite realizar pruebas regulares no solo de VIH, sino de otras infecciones de transmisión sexual (ITS). Esto garantiza una detección precoz y un tratamiento inmediato en caso de contagio, además de ofrecer un espacio de asesoramiento individualizado y educación en salud sexual que empodera al usuario. Asimismo, el sistema público ofrece una red de seguridad que incluye apoyo psicológico y conexión con servicios de salud mental o atención a adicciones, proporcionando una atención que va mucho más allá de lo puramente biológico.
¿Hacia dónde se encamina la estrategia nacional de salud sexual?
El horizonte está marcado por los objetivos 95-95-95 de ONUSIDA para el año 2030. Para alcanzar estas metas —que el 95% de las personas con VIH conozcan su estado, estén en tratamiento y mantengan una carga viral indetectable— es imprescindible diversificar las herramientas de prevención. La inclusión de la PrEP inyectable y la flexibilización de los criterios de acceso, que a veces dejan fuera a personas por no cumplir con un número mínimo de parejas sexuales, son pasos necesarios para no dejar a nadie atrás. La prevención del VIH debe entenderse como una estrategia multidisciplinar donde el diagnóstico precoz y la innovación farmacológica caminen de la mano hacia una sociedad libre de nuevas transmisiones.










