Ejercicio, lácteos y vitamina D, claves para reducir las caídas y fracturas en personas mayores

Las caídas no son solo accidentes fortuitos; representan uno de los peligros más graves para la salud de quienes viven en centros de atención. Una reciente actualización de la prestigiosa revisión Cochrane, titulada «Intervenciones para la prevención de caídas en personas mayores en centros de atención», ha arrojado luz sobre cómo podemos proteger mejor a este colectivo. La investigación, que ha analizado datos de más de 100 ensayos clínicos en 25 países, subraya que la prevención es posible si se aplican medidas concretas y personalizadas.

La Dra. Suzanne Dyer, investigadora de la Universidad de Flinders y autora principal del estudio, es tajante sobre la gravedad del problema: “Sabemos que las caídas son uno de los riesgos para la salud más graves y comunes que enfrentan las personas mayores, en particular en entornos de atención residencial”. Según la experta, las consecuencias van mucho más allá de un susto: “Las caídas provocan fracturas de huesos, pérdida de independencia, hospitalización y, lamentablemente, la muerte, lo que hace que esta investigación sea fundamental para comprender mejor la prevención y el apoyo a las personas mayores en los centros de atención para personas mayores”.

La importancia del ejercicio físico constante

Uno de los puntos más críticos señalados por el estudio es la falta de actividad física real en las residencias. Se estima que los residentes pasan hasta el 85 % de su tiempo despiertos en estado sedentario, realizando menos de cinco minutos de actividad moderada al día. Esta inactividad es un factor de riesgo directo que debilita el cuerpo y favorece los tropiezos.

La evidencia científica indica que los programas de ejercicio de intensidad moderada o baja, dirigidos por profesionales como fisioterapeutas, son altamente efectivos. Sin embargo, no vale cualquier actividad. El Dr. Rik Dawson, coautor del estudio, destaca una realidad preocupante: «Aproximadamente uno de cada tres adultos en todo el mundo actualmente no realiza la cantidad recomendada de ejercicio semanal: al menos 150 minutos de actividad moderada o 75 minutos de actividad vigorosa».

Para que el ejercicio surta efecto en una residencia, debe ser personalizado y sostenido en el tiempo. El informe advierte que las intervenciones cortas, como los programas de seis semanas, no sirven de mucho. Además, critica que muchos centros ofrecen solo sesiones sentadas de 20 minutos una o dos veces por semana, una dosis insuficiente para generar un cambio real en la estabilidad de los mayores, incluidos aquellos que conviven con la demencia.

Nutrición y el papel de los lácteos

Otro pilar fundamental para evitar fracturas, especialmente de cadera, es la alimentación. La desnutrición es un reto global en los centros de mayores que afecta directamente a la calidad de vida. El estudio destaca que los menús deben estar diseñados para fortalecer el sistema óseo y muscular, señalando a los lácteos como un aliado sencillo y accesible.

La recomendación es clara: los menús diarios deberían incluir al menos 3,5 raciones de lácteos, como leche, yogur o queso. La Dra. Dyer señala que la clave está en el asesoramiento profesional: «La evidencia nos indica que los menús deberían incluir al menos 3,5 raciones de lácteos (leche, yogur, queso) al día. Involucrar a un dietista en el diseño de los menús para garantizar que esto suceda puede reducir el número de caídas y fracturas de cadera».

El refuerzo de la vitamina D

La falta de exposición al sol es un problema común entre las personas que viven en centros de atención, lo que deriva en una deficiencia generalizada de vitamina D. Esta carencia debilita los músculos y los huesos, multiplicando el riesgo de lesiones graves ante cualquier traspié.

La suplementación diaria o semanal se presenta como una solución económica y muy eficaz que debería integrarse en la rutina de cuidado habitual. Según explica Dyer, «Muchas personas mayores en centros de atención a la tercera edad tienen niveles bajos de vitamina D, lo que puede afectar la fuerza muscular. La administración diaria o semanal mejora la función muscular, ayudando a prevenir caídas y fracturas».

Estrategias adaptadas a cada residente

No todos los mayores tienen las mismas necesidades ni los mismos miedos. Por ello, la revisión científica insiste en que los programas más exitosos son aquellos que combinan varias estrategias adaptadas al perfil de cada persona. Esto incluye desde revisiones de la medicación hasta cambios en la tecnología de asistencia.

El Dr. Dawson enfatiza que la personalización debe bajar al detalle cotidiano: «Los enfoques personalizados de prevención de caídas deben tener en cuenta las necesidades individuales de los residentes. Por ejemplo, si padecen demencia, se debe considerar si necesitan apoyo adicional para usar dispositivos de ayuda a la movilidad o para controlar el uso de sus gafas».

Con una población que envejece rápidamente —se espera que el número de personas mayores de 80 años se triplique para 2050—, estos hallazgos ofrecen una hoja de ruta práctica para mejorar la seguridad en las residencias. Como concluye la Dra. Dyer: “Con la combinación adecuada de estrategias, es posible reducir los riesgos y ayudar a las personas mayores a cargo a mantenerse más seguras e independientes”.

Paula de Marcos Aragón
Paula de Marcos Aragónhttp://www.cronicanorte.es
Paula de Marcos Aragón, periodista, licenciada en Ciencias de la Información y vecina de Algete. Es redactora en Crónica Norte desde 2021.

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